04 enero, 2009

Salinger, "El hombre que ríe"./ releer un cuento

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¿ Por qué copiar un cuento ? Tal vez  como un modo distinto de relectura. Más lenta y detenida que si  se releyera de forma convencional y  permita reflexionar sobre aspectos concretos de su elaboración

"El hombre que ríe",recuerda que J.D. Salinger es un "constructor de adolescencias"; lo hizo  en El Guardián entre el centeno, como Mark Twain en Huckleberry Finn y otros destacados autores, Stevenson, Musil, Joyce.... Pero en este cuento Salinger se revela además como un "constructor de infancias".Es prodigioso cómo asume los puntos de vista y el imaginario fantasioso, los sentimientos y el sentido del pudor para manifestarlos de un niño de nueve años.

No se  sabe el nombre del protagonista, tal vez algo sucedido al mismo Salinger, niño de Manhattan, sea parte  de la historia. Pero el cuento  dice mucho de él: es un muchacho soñador, imaginativo,capaz de interiorizar como verosímiles historias fantasiosas e improvisadas que son enloquecidos remedos de novelas decimonónicas. Capaz de admirar y adorar a un adulto hasta el punto de tratar de protegerlo y de identificarse con un personaje de desmelenada ficción pero cargado de generosidad, lealtad y nobleza...y cuyo rostro, mágicamente, debe ocultar tras una máscara de pétalos de amapola...

Salinger crea un atractivo muchacho de nueve años, con sus andanzas urbanas de niño acomodado,sentimental aunque se hace el duro , moviéndose sobre tres historias que como transparencias se superponen y se completan formando un todo  integrado y rítmico : el muchacho y sus compañeros los comanches, la breve pero emocionante historia de amor del Jefe y Mary Hudson, y la epopeya romántica, creada a retazos, sobre la marcha y delirante de El hombre que ríe.

El estilo es sencillo aparentemente, pero está  calibrado, con apuntes rápidos y expresivos, ternura, ironía...humor; y con ello Salinger ofrece al lector algo nuevo en que lo cotidiano es visto como si sucediera por primera vez:

"Si los deseos hubieran sido centímetros, entre todos los comanches lo hubiéramos convertido rápidamente en gigante." ( al Jefe)

"El hombre que ríe" era la historia adecuada para un comanche. Hasta había alcanzado dimensiones clásicas".

"("El hombre que ríe" tenía una faceta compasiva que a mí me enloquecía.")

"...en las tormentosas costas del Tibet..."

"Le pregunté si trabajaba en el cine o alguna cosa así." (describiendo sin hacerlo la belleza de Mary Hudson)

"pero había esa penumbra de las cinco y cuarto" (apreciación "objetiva" pero encantadora)

"Recuerdo haber deseado que el Jefe tuviera guantes" (hace frío y piensa eso mientras el jefe atraviesa la calle subiéndose el cuello del abrigo)

"...informándole en primer lugar de no que llamaba Ala Oscura, ni Ala Negra, ni Patas Grises ni nada por el estilo, sino Armand..." (el lobo suplantador)...

Y Salinger, a pesar de su corta obra,- a pesar de algunas reticencias de alguno de nuestros escritores recientemente en la prensa-, permanece vivo como se puede comprobar empíricamente leyendo el libro con unos cuantos adolescentes reacios a la lectura...hasta entonces...




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