19 noviembre, 2018

Héctor Libertella "El canon sumergido de la literatura argentina"








Héctor Libertella (1945-2009) forma parte de lo que el crítico y editor Ignacio Echevarría, - llamó   en El Cultural "el canon sumergido de la literatura argentina"; y mostraba a Libertella  tan elogiable como desconocido y "muy poco difundido en España".Se consiguió"La arquitectura del fantasma. Una autobiografía", gracias a un amable librero de Buenos Aires y al leerlo se encuentra un raro, alguien diferente perteneciente a un escaso  gremio de escritores que I.  Echevarría define con precisión :
"Hay un tipo de literatura que trabaja en zonas del lenguaje, del pensamiento, incluso del sentimiento, reacias a toda comercialización; un tipo de escritores que que interpelan a una comunidad abierta pero inevitablemente reducida de lectores cómplices, conjurados.A esta especie pertenece Libertella."
Leer a Libertella es arriesgado. La lectura de cualquiera de las piezas que componen "La arquitectura del fantasma", autobiográficas en distinto grado-, produce  desajustes internos  que terminan en frágiles equilibrios cada vez más provisionales.



TRADUCIBLE/INTRADUCIBLE

Curioso destino el de Diario de la rabia,un librito que yo venía reescribiendo y evaporando -alcohol de quemar- desde hacía décadas. Su antecendente más palpable era "Nínive", un cuento que publiqué en ¡Cavernícolas! para tener la sensación de que algo retenía, aunque en literatura todo se haga arena entre los dedos. 
Pues bien, aquel "Nínive" un día fue programado para su publicación en una antología de la editorial Picador, de Londres. Claro que el volumen se publicó, pero mi cuento no apareció porque -me dijeron- "los traductores se volvieron locos con el encargo". Cuando recibí el mensaje pensé: ¿Así que siempre escribí para no ser traducido?¿Qué patología será esta?" Inmediatamente tomé el cuento, lo amplié a nouvelle y le di un carácter más transparente. (¿Habría algo de corrupción en todo ese acto?) 
Antes, el personaje Rassam era un asmático que cortaba las palabras, y esos cortes producían continuos juegos fonéticos y semánticos. En mi nueva versión se curó: dejó de ser asmático; las palabras se unieron, se hicieron sanas para la traducción, y la prosa pasó a ser casi una receta médica. Parece mentira cómo la reescritura puede cambiar hasta la condición pulmonar de un personaje...Como si fuera una actividad que le da pneuma a las cosas. 
Un año después, inesperadamente, recibí el cuento original que sí había sido traducido por un gran especialista de Londres, Jeremy Munday. Él había concretado la hazaña de verter al inglés aquel borrador mío "intraducible", recurriendo a una tradición joyceana hábilmente puesta al día. 
¿Cómo es esto? Donde los párrafos eran inasibles para el inglés, los hizo mansos, sencillos y conquistables. Y donde eran fáciles de traducir los complejizó, jugó con la palabra-valija, el deslizamiento fónico, la semántica. Hizo un trabajo de increíble ponderación lingüística. Puso en una balanza las dos lenguas y las pesó como un alquimista.
                                 (...)

¿Qué hago ahora? Ahora tengo las dos versiones, la suya "difícil" y la mía "fácil", y no sé cómo sostener esas dos pesas. 
Tal vez la clave sea publicar una edición bilingüe en una editorial argentina chica, con nula capacidad de exportación, de manera que la versión inglesa venga sobrando para el mercado interno. Ideal. En 2005, época de globalización y hegemonía, esto sería el colmo de las utopías: querer convertir al inglés en una lengua muerta. 
Ayer Germán García me recomendó ponerle al libro una faja muy vendedora: "Libertella escribe difícil en inglés".



Héctor Libertella, La arquitectura del fantasma Una autobiografía, Santiago Arcos editor,2006
I.Echevarría, Lazos de familia, El Cultural, 2-7-2013