02 diciembre, 2015

Un cuento para The New Yorker






La revista The New Yorker apareció en 1925 y desde el principio colaboraron en ella los mejores escritores:Truman Capote,John Cheever,J.D.Sanlinger...y entre las firmas femeninas, también de especial calidad, la incisiva,sarcástica, y afilada humorista y sólo aparentemente, frívola, Dorothy Parker (1893-1967). 
"La cuna de la civilización" refleja la banalidad de las clases altas en los "felices veinte".Cuando se publica el cuento su mundo de frivolidad está a punto de caer por  un precipicio: el próximo  24 de octubre,-que luego se recordará como jueves negro -estallará la Crisis del 29,y solo diez años después ,en esos mismos escenarios -que había conquistado César para Roma dos mil años antes-transcurrirá la Segunda Guerra Mundial...


                   Image result for The new yorkerImage result for The new yorker



LA CUNA DE LA CIVILIZACIÓN
Los dos jóvenes neoyorquinos estaban sentados en la fresca terraza que se alzaba abruptamente sobre el Mediterráneo y contemplaban los profundos vasos de gin-fizz adornados con menta, al estilo de la Costa Azul.Tanto la chica como el joven llevaban idénticos atuendos; iban vestidos igual, pero no por ello podrían haberlos confundido. Se diría que se habían vestido para rendir homenaje a la región que visitaban aquel verano, sin olvidar ningún rincón: llevaban boina, jersey marinero a rayas, pantalones de algodón de anchas perneras y alpargatas de esparto. De la misma manera que un francés que veraneara en algún lugar de Estados Unidos podría lucir sombrero de fieltro de ala ancha, delantal de colono y botas altas de caucho.
Una bahía de aguas lisas y silenciosas se extendía entre sus espaldas y la isla blanca y verde donde había estado encerrado el Hombre de la Máscara de Hierro, con el rostro envuelto en terciopelo negro y el corazón enfermo lleno de esperanza. A su derecha, tras las alargadas rocas, se encontraba la ciudad fundada por los fenicios y, más allá, el fuerte de cuatro puntas sobre el cual, cuando Vauban lo planeó, afirmaron los sabios que terminaría para siempre con todas las guerras. El puerto acogedor al que había regresado Napoleón procedente de Elba hacía mella en la costa, a su izquierda. A lo lejos, en las montañas que se alzaban sobre sus ojos bajos, colgaba la pequeña ciudad vertical en cuyos muros había ardido el último fuego que transmitía a Italia la noticia de las conquistas de César en la Galia... 
-Vamos, pesada -dijo el joven-. Liquida esto y tomaremos otro. Garçon.Encore deux jeen feezes, tout de suite.
- Sí, señor -dijo el camarero. 
-Y mettez en ellos un peu más de gin esta vez, muchacho -dijo el joven-. Estupendo. Es una estupenda raza amarilla, esta de los franceses 
-Están locos -declaró la chica-. Tendrías que haber visto al pobre chiflado contra el que hemos chocado Bill y yo a las cuatro de la mañana al volver del Casino.Dios mío, si solo le hemos tocado un poco el parachoques y parecía que lo hubiéramos matado. No paraba de gritar cosas de esas de por qué los americanos venimos por aquí. Y Bill tan borracho que ni se aguantaba, le gritaba:"Eso, y si no hubiéramos venido, esto ahora sería Alemania".Nunca en mi vida me había reídos tanto.
-¿Fue bien en el Casino anoche?
-Oh no estuvo mal. Bill perdió ochenta y cinco mil francos. 
-¿Y cuánto es eso, contándolo en dinero? -preguntó él. 
-Dios sabe -contestó ella-. Me aburre hacer cuentas. No nos quedamos mucho rato. A las cuatro y media ya estaba en la cama. 
-Yo me he acostado a las siete -declaró él- . Y me he levantado a las once, todavía borracho. 
-¿Qué hiciste por la noche? -preguntó ella. 
-No me acuerdo muy bien. Iría por ahí.En un sitio dirigí una orquesta, supongo que sería en el Splendide. Sí,ahora me acuerdo. Y a Bob Weed se le metió en la cabeza que quería tocar el violín, y el violinista franchute que tienen en la orquesta no quería dejarle el suyo, y el cacharro se rompió en la pelea y el franchute se echó a llorar. De verdad, lloraba a moco tendido. Bob le dio quinientos francos. 
-Está loco -dijo ella-. Cien habrían sido más que suficiente. 
-Bueno, Bob estaba borracho.-Me encanta el Splendide -declaró ella-. Es igual que el Desert Club de Nueva York.
-Anoche había mucha gente -dijo él-.Lady Sylvia Goring daba una fiesta. 
-¿Estaba trompa? -preguntó ella. 
-Claro que sí -dijo él-. Como una cuba. Es una pájara atractiva. Me parece que tendría que ocuparme un poco de ella. 
-No tienes la menor oportunidad -dijo ella-. Solo le gustan los chóferes y los marineros. ¿Quién más estaba? 
-Oh, tout le monde.Todo el grupo. 
-Me habría gustado ir -dijo ella-.Pero Bill no podía. No se habría aguantado de pie ni delante del presidente de Francia, sea quien sea. 
 -Es ese Poincaré o como se llame, ¿no? O cualquier otro. 
-Bueno, me da lo mismo -dijo ella-. Tengo otras cosas en que pensar. Oh, mira, ¿ves esa chica de ahí?Señaló una mesa vecina donde estaban sentados otros cuatro herederos de la Historia, dos mujeres y dos hombres jóvenes, todos ellos con Nueva York en la voz, vestidos con jerséis marineros, boina y pantalones anchos.
-¿La que no lleva sujetador?-preguntó él. 
-No -dijo ella, la que tiene los pies sobre las piernas del hombre. Bueno, pues es la que dio aquella fiesta maravillosa la semana pasada, cundo tanta gente se emborrachó y todos se fueron a bañarse desnudos a las rocas, y enfocó sobre ellos grandes reflectores. ¿No es una idea divina? 
-Eso fue antes de que yo llegara de París -comentó él-. Estaba todavía intentando salir del bar del Ritz, la semana pasada. ¿Quién es el mariquita sobre el que tiene los pies? 
-Me parece que escribe o algo parecido -contestó ella- .Hay una cantidad tremenda de gente así por aquí. Alguien dijo que como-se-llame estaba también aquí el año pasado, ya lo sabes, ese que escribe obras de esas. Oh, ya sabes quién. Shaw. 
-Debía tener un aspecto impresionante nadando con la barba. 
-Oh, están todos locos -dijo ella-. Yo no estaba aquí el año pasado.Dicen que la gente está mucho mejor este verano. ¿Sabías que Peggy Joyce ha alquilado una villa? 
-La costa Azul los vuelve locos. Es un rincón estupendo. Me parece que me quedaré otra semana, si la vida aquí no me aburre.
-Yo me estoy cansando ya -dijo ella-. Estos franceses me ponen nerviosa. 
-¿Dónde has visto algún francés? -preguntó él. 
-Oh, no puedo evitar darme cuenta de que están por todas partes. Hacen que una se ponga nerviosa. Son tan tontos que me ponen enferma. Vaya, si en correos ni siquiera hablan inglés. 
-Cómo son -dijo él-. Eh, garçon, eh, tú: encore deux jeen feezes, y deprisita, s'il vous plaît.Ladeó la silla, se desperezó cómodamente y bostezó en un sonoro arpegio mientras movía la cabeza de de un lado a otro siguiendo un ritmo lento. El Mediterráneo atrajo su mirada. 
-Eh, mira esa maldita balsa de aceite -dijo él-.Qué azul. ¿Sabes cómo se llama a ese charco? "La cuna de la civilización": así lo llamaban. ¿Qué te parece? ¿Soy culto,eh? 
-Oh,eres sensacional en todos los sentidos -dijo ella.Miró por encima del hombro en dirección al mar-. Me parece que hoy no me apetece nadar. 
-¿Cómo? ¿No quieres nadar en la cuna de la civilización? 
-Oh, cállate -protestó ella- Ahora te pasarás un año entero diciéndolo. No, hoy no me bañaré. Hoy el agua está asquerosa. 
-En eso tienes razón -dijo él-, asquerosa.

                       The New Yorker, 21 de septiembre de 1929


Resultado de imagen para Dorothy Parker narrativa completaDorothy Parker, Narrativa completa, Debolsillo, 2004


06 octubre, 2015

Pierre Bonnard y los "Nabis"






La gran retrospectiva  en Madrid de Pierre Bonnard (1867-1947)   recuerda la calidad y cantidad  de pintores franceses del siglo XIX, -y parte del XX. Si se piensa , en Francia, en ese tiempo, hubo tantos pintores de  talento por metro cuadrado como en la Italia del Renacimiento y en una duración parecida. 
[ Se podría trazar un gran arco que partiendo de J.-L. David -pintor de la Revolución y luego del Imperio Napoleónico, muerto en 1825-  descendiera  en el gran Matisse que muere en 1954. Y dentro de ese  arco, dejando muchos grandes fuera  -incluso-, cabrían Ingres.., Delacroix..., Manet..., los pintores del Impresionismo, del Postimpresionismo, de Dadá,del Cubismo...entre otros... ¿Y Picasso? aunque Picasso es español, -como El Greco es cretense-, su gran talento necesitó para desarrollarse en la forma en que lo hizo ,el caldo creativo que bullía en París, desde que, en el  siglo diecinueve fue sustituyendo a Roma como capital del arte y hasta que fue sustituida por Nueva York tras la Segunda Guerra Mundial.]
                                       
Cuando Pierre Bonnard, tras  brillantes estudios,  abandonó  Derecho y se decidió por la Pintura, aún estaban en activo los grandes impresionistas; mientras, Cézanne aislado en Aix, insistía en su tozuda revolución, y Van Gogh sería pronto conocido.Pero las corrientes   modernas eran ya el Neoimpresionismo tratando de hacer coincidir las investigaciones de la ciencia sobre el color con la pintura y el Simbolismo de sensibilidad espiritualista y mística.
Desde 1886  en torno a Gauguin, en Pont-Aven,Bretaña, se agrupaban algunos  jóvenes seducidos por  sus ideas. No rechazaban  el Impresionismo pero trataban de ir más allá en la impresión visual, considerando que ésta ,en cierto modo ,depende del estado de ánimo del contemplador por el significado simbólico de que están cargados los objetos, las líneas y colores. Su objetivo era superar la limitación sensorial para llegar a la contemplación.
 Gauguin consideraba que el sentido de cada color depende de la expansión que tiene  y de la relación que establece con los demás colores en la superficie pintada. Es el simbolismo de  su atrayente y enigmática pintura  La Vision après le Sermon. La escena, que contemplan las mujeres bretonas y el cura del primer plano, -la lucha de Jacob con el Ángel- transcurre en amplias extensiones  de color intenso, de  factura lisa, sin escala,con sistemas de perspectiva yuxtapuestos...                                             

                             
                                           Gauguin, La Vision aprés le Sermon1888

El grupo nació en 1888 y se llamaron  los  Nabis (profetas, en hebreo). Postulaban abandonar  las bases tradicionales de la pintura: dibujo, modelado y claroscuro,  color naturalista, ilusión espacial... , para llegar más allá de lo visible y representar verdades interiores. El grupo inicial lo formaban Bonnard, Vuillard , Maurice Denis, Sérusier y Maillol; las ideas de Gauguin  las sintetizó  Sérusier ,casi a su dictado, en el célebre  Talismán ( fondo de caja de tabaco cubierto con manchas de intensos colores puros contrastados.)     

El teórico del movimiento fue Maurice Denis que escribió y publicó en 1890: "un cuadro antes de ser un caballo de batalla, una mujer desnuda o una anécdota cualquiera, es esencialmente una superficie plana cubierta de colores conjuntados  en un cierto orden" . El cuadro deja de ser una "ventana" y se convierte en un objeto al margen de la imitación de la realidad visual. De este principio de autonomía de lo pintado partirán los fauves y los cubistas Los Nabis, fueron , con los Fauves de Matisse,  la proa de vanguardia en el cambio de siglo.La primera exposición del grupo  se celebró  en 1891

                           
                                                                                  P.Bonnard, La toilette du matin, 1914 (detalle)

Pierre Bonnard, -aunque siempre mantuvo su individualidad y no se dejó dominar por teorías o programas- fue  uno de los integrantes  del grupo. Pronto se alejó de de la influencia de Gauguin, y de las teorías de Denis y Sérusier.Con  él sobrevivió parte de la tradición impresionista  a la revuelta de los Fauves  y a la revolución del Cubismo y su obra le revela como un  artista  inquieto y de talento preocupado por encontrar la relación profunda entre pintura y poesía. Muy pronto le habían apasionado el arte chino y japonés  y en su pintura influyeron exposiciones como la de grabados japoneses  que se celebró en París en 1890,Sus amigos decían de él que era un nabi japonizante.                             













En sus lienzos  irradia el color puro. Articula formas y figuras y las sitúa en planos cercanos o en la lejanía con la utilización del color y la luz, lejos de la perspectiva tradicional.Comprime la composición y   practica la deformación expresiva y los audaces y cercanos contrastes cromáticos hacen  radiantes las  superficies que  la oposición de planos cromáticos dilatan. Sus formas no están nítidamente delimitadas y a pesar de ser claras y rotundo el color siempre hay en ellas algo fugaz e indefinido  que las  sumerge en  la  trama del fondo  hecha de acordes y disonancias de tonos cálidos o fríos.
   
 
Es un gran colorista dentro de una gama luminosa muy personal. Las escenas de la vida cotidianas  transfiguradas por el color y la luz adquieren una cualidad poética que  dota de magia lo rutinariamente banal. 

              


       
En el desnudo femenino -su mujer Marthe es la  modelo-, logra  obras maestras con encuadres originales y gran riqueza pictórica en escenas íntimas, de toilette ,como las que había iniciado Degas. 
Resultado de imagen para Pierre Bonnard autorretrato
Los autorretratos , -hay seis en la exposición- son imágenes  difíciles de olvidar.A partir del joven asombrado de los primeros años van adquiriendo una marcada calidad abstracta. En  los tardíos, de ascetísmo casi oriental, la pintura parece brotar del interior en pinceladas vigorosas de lujoso colorido, creando un contraste  entre  formas esenciales y riqueza cromática  de  modernidad ,-todavía hoy- sorprendente. 

     Retratos -y autorretrato- de algunos Nabis

Maurice DenisHomenaje a Cèzanne.1900,ól/lz 1,80 x 2,40.Museo.d'Orsay. [Faltaban seis años para que muriera Cézanne y se le hiciera  la gran restrospectiva que le consagraría como uno de los padres de la pintura contemporánea, pero ya se le consideraba un maestro].
En el caballete un bodegón de Cézanne, entre los cuadros del fondo un  Gauguin. Odilon Redon, el primero a la izda. y al que todos miran;Paul Sèrusier   frente a él. De izquierda a derecha Edouard Vuillard, con sombrero de copa el crítico André Mellerio, Vollard detrás del caballete, Maurice Denis, Paul Ranson, Ker-Xavier Roussel, Pierre Bonnard, con pipa y finalmente desde el fondo la esposa del pintor mira discreta al espectador .Es un retrato de parte los pintores nabis, los más importantes. El interesante cuadro, posiblemente la mejor obra de Denis,  tuvo poco éxito en París y Bruselas y Denis escribe en su diario con amargura,"este cuadro ante el que el público todavía está riendo", aunque André Gide, amigo de Denis, le adquirió y mantuvo con él hasta que en 1928 lo regaló al Museo.



27 julio, 2015

Adam Zagajewski, una larga entrevista y tres poemas.

                 
                                                        



    ENTREVISTA:



[—¿Le da miedo internet?—No, no. No me da miedo en absoluto. Trato de no prestar la menor atención a los numerosos comentarios que van debajo de los artículos, porque algunos son francamente primitivos y brutales. Esa es la parte de la web que me interesa nada. Pero creo que internet tiene maravillosos aspectos, como la Wikipedia. En Chicago, donde suelo enseñar, mis compañeros son grandes estudiosos que conocen todo. Pero incluso ellos cuando no saben algo acuden a Wikipedia, no a la Británica. Eso se acabó. Y es muy útil. Es cierto que muchas entradas están lejos de ser perfectas. Y al mismo tiempo hay tanta poesía en la web… Y por supuesto imágenes. Si te olvidas del aspecto de un templo griego vas a internet y lo tienes enseguida al alcance de la mano. Internet es un inmenso deposito de imágenes y de palabras. A mí gustan los ordenadores, uso mucho el ordenador, aunque espero no haberme convertido en un adicto. Pero no tengo nada contra él, es una gran adición, algo que suma.]
 Alfonso Armada, ABC, 26 julio 21015, la entrevista completa: 
"La poesía tiene un valor extra cuando la vida está en peligro"


                                 Klee, 1913




UNA MAÑANA EN VICENZA                  

                                                                                          In memoriam Josif Brodsky, Krsysztof Kiélowski




El sol era tan delicado, tan joven, que nos preocupaba,

un movimiento imprudente de la mano podía rayarlo,
incluso un grito (si alguien hubiera querido gritar) lo amenazaba;
sólo a las dispersas golondrinas de alas duras como el hierro fundido
les estaba permitido silbar fuerte, porque pasaban una breve infancia llena de angustia
en nidos de barro,
junto a sus hermanos, pequeños  y locos planetas,
negros como arándanos silvestres.

En una cafetería un garçon aún dormido (bajo sus ojos

afluían las últimas sombras de la noche) buscaba suelto
en un bolsillo sin fondo, el café olía a la solemnidad
de la tinta de imprenta, a dulzura y a Arabia. El azul
del cielo prometía un largo atardecer, un día interminable.
Te miraba como si te estuviera viendo por primera vez.
Y hasta parecía que las columnas de Palladio
hubiesen acabado de nacer, emergiendo de las olas
del alba, como Venus, tu compañera mayor.

Empezar de nuevo, contar las pérdidas, contar los muertos,

empezar un nuevo día, aunque vosotros ya no estéis, tú,
a quien enterramos dos veces y a quien lloramos dos veces
(viviste el doble de intenso que otros, en dos continentes, dos
lenguas, la realidad y la imaginación) y tú de marcados rasgos
y mirada que agrandaba  cosas y corazones (siempre demasiado
pequeños). Ya no estáis y así ahora llevaremos una doble vida,
a la vez en la luz y en la sombra, en el radiante sol del día
y en el frío de los pasillos pétreos, en el luto y en la alegría.



                                           
                                                 Kleeángel olvidadizo, 1939


EN SILESIA

Los bosques se alzan sobre las minas
y los exuberantes álamos (negros, no italianos)
que crecen en la orilla de un riachuelo muerto
son como pastores evangélicos
a la hora de una gran amenaza
(es decir: siempre).
Aquí la naturaleza es más solemne.



                                        Klee, 1920

DE LA MEMORIA

De la memoria emerge una calle estrecha
(que sea la laringe de este poema)
y un humo denso y gris de la coquería
que como un volcán echaba chispas
al cielo, pagando su deuda a las estrellas.

Mi calle: dos solteronas orgullosas
de labios finos (sobrevivieron a Siberia
y a Stalin); un actor joven, ávido de fama,
y el profesor G.,que en el alzamiento perdió
un brazo, una manga vacía como una vela.

Todavía no sé nada, nada ha pasado,
aparte de la guerra y el exterminio de los judíos.
En invierno una nieve gris descansa en los tejados
atenta como un indio y temiendo a la primavera.
Llegan las vacaciones, una naranja pelada.

Un capellán goloso se traga los Evangelios
en una roja iglesia neogótica, ¡oh corazón
de corazones! Cristo tiene una herida en el pecho.
Por suerte después de misa hay bollos de crema
y el suplicio del latín se desvanece.

En los cuarteles se entrenan nuevos
reclutas, mi amigo toca la trompeta
como Miles Davis, sólo que mejor. 
Las chicas salen a dar un paseo
con faldas anchas y almidonadas.

Esta horrible tierra, agrietada por ríos
planos y negros, llena de cicatrices
como la mejilla de un estudiante alemán,
callaba durante el día, pero por la noche
canturreaba canciones en dos lenguas.

Y nosotros también vivíamos entre dos dialectos, 
en la jerga estrecha de lo cotidiano, del odio,
y en el lenguaje de un gran sueño.
Al mediodía se abría poco a poco el ojo
de las nubes, el ojo de las lágrimas y de la luz.


Adam Zagajewski, Deseo, Acantilado, 



Links relacionados:
                                                   
Adam Zagajewski, Autobiografía mínima   
Adam Zagajewski: Visita a Caravaggio 
 Vermeer y Adam Zagajewski  

19 mayo, 2015

Juan Carlos ONETTI / una necrológica singular




En 1941 Juan Carlos Onetti que tenía 32 años  abandona  Marcha para trabajar  en la agencia Reuters. A pesar de su carácter retraído frecuenta el café Metro cercano a la agencia  y se integra en el mundo literario y periodístico de Montevideo. Poco después será trasladado a la sede de la agencia en Buenos Aires. 

El 13 de enero de ese año había muerto Joyce  en Zurich, en la neutral Suiza -una isla en medio del caos de  la Segunda Guerra Mundial. Pocos días después  Onetti le recuerda y defiende su obra  de forma temprana  -y beligerante- y  en pocas líneas  traza una semblanza poderosa -y a su manera cálida- del escritor irlandés. 

                               
                                  Sean Scully, Dublín 1945


       

James Joyce




Entre los miles y miles de hombres que mueren cada semana en Europa vamos a distinguir hoy el cadáver de uno que murió avejentado, flaco y ciego. Era en vida un irlandés llamado James Joyce y, habiendo contraído una exasperada hambre de divinidad, dio en la flor de buscar a Dios en el caos. Como sus brazos -ni siquiera los suyos- alcanzaban para abarcar un Caos con mayúscula, James Joyce realizó su búsqueda en el alma del hombre, efecto, espejo y causa del "gran torbellino del mundo."  

¿Qué hay de su hallazgo? Si el torbellino es el mismísimo Dios, aquel frenético irlandés se salió con la suya. En caso contrario, el Ulises es el más asombroso mundo que puede crear un hombre. El irlandés de nuestra historia terminó, pues, en el menos halagüeño de los casos, por encontrar, si no a Dios, a un Dios o Demiurgo que se llama James Joyce. Si su hambre quedó aplacada, no lo sabemos. Es posible que no, ya que continuaba escribiendo, amasando mundos sucesivos que aún no sabemos qué pueden contener para él o para nosotros.  

Claro está que cuando se incendia el mundo se apaga la luz de los pequeños mundos individuales que puede crear el hombre a su imagen y semejanza. La coincidencia de la muerte de Joyce con la fogata cada vez más ambiciosa que arde y consume a Europa, motivó que las notas necrológicas fueran escasas y breves. Y la gran mayoría -casi todas las que leímos no eran más que una impersonal glosa de las biografías que remiten a los diarios las agencias de telegramas- eran adversas al escritor. Nos hacían pensar en gentes que, luego de un rápido sombrerazo, tomaban asiento para hablar mal del difunto. Todas las notas pertenecían a escritores de izquierda, lo que es natural, ya que los escritores de derecha se han muerto mucho antes que Joyce.  

Los ataques no se dirigían contra el talento literario de Joyce. Basta leer Retrato del artista adolescente o las primeras páginas del Ulises -debe haber por allí una caminata de Stephen Dedalus en un paisaje de arenas y rocas- para saber de una vez por todas, que no hay escritor viviente capacitado para juzgar a Joyce como artista literario. 

Además, y este además lleva adentro todo lo que se va a ver, el aporte de Joyce a la literatura es, con el de Marcel Proust, el más grande que haya sido hecho por un solo escritor. Hablamos -ya lo sabían ustedes- del monólogo interior, elemento técnico del que es posible encontrar huelas notables en toda la literatura post-joyciana. (No importa ahora que Virginia Woolf reclame la paternidad, perdón, la maternidad, del famoso elemento. Acaso tenga razón, acaso haya realmente tenido que discutir con Joyce para obligarlo a aceptar el recurso. Pero, en arte, lo que vale no son ideas sino realizaciones. ) Literariamente, la importancia absoluta de un escritor no es mensurable sino de manera personal, por cada uno sin posibilidades de demostración, pero su importancia relativa puede medirse buscando respuesta a esta pregunta: "¿Es mucho, es poco o es nada lo que habría que suprimir de la literatura, aparte de las obras del examinado -naturalmente-, si lo suprimimos a él?". Es un procedimiento útil aunque desconsolador. También puede usarse para medir la importancia de los países. Pero es preferible no hacerlo.  

Quedamos en que las agresivas necrológicas hechas a Joyce no se referían para nada a su dominio del oficio. Se critica el que se haya dedicado a una tarea estéril, a un detallismo absurdo, a un análisis incansable y cansador de todo lo superfluo. Para decirlo en lenguaje que contribuya a dar clima joyciano a esta nota: se critica, y con harta razón, el unanimismo intelectual de Mr. Joyce. Con harta razón, porque Joyce, capacitado como el mejor para bucear en la vida, en el caos con grandes letras, se dedicó al alma de un hombre, exclusivamente al alma de un hombre. Bloom, Dedalus o Fulano de Tal. Error garrafal, error comparable, en gruesa síntesis, a la que cometería un hombre de ciencia que perdiera su tiempo en estudias el microscopio en lugar de emplearlo pata el examen de tejidos, bacterias o cristales. Porque el hombre, el alma, el cerebro y las vísceras del hombre no son sino una partícula de la vida. En arte, y en definitiva, el hombre es fundamentalmente el instrumento que tiene el hombre para saber de la vida. (Intuimos que esto resulta oscuro: pero estamos escribiendo con prisa y también intuimos que estamos en lo cierto.)  

El error de los impacientes enterradores de Joyce está en las consecuencia que quieren sacar de su caso. Recuerdan a Ortega y Gasset cuando afirma que la novela ha muerto y contestan :"Sí; pero la novela en la sociedad capitalista". Recordamos en este momento a André Gide y su divertida aventura comunista; recordamos que escribió en alguna de las páginas de su Diario que le era imposible seguir escribiendo novelas porque no encontraba tema en la sociedad francesa. Acaso lo haya encontrado recién, con la ocupación de Francia por los nazis.Y ahora , audazmente, entre esas figuras ilustres nos deslizamos nosotros para decir que lo único muerto es la novela hecha sobre el alma de un individuo. Lo que empezó con el genio de Dostoiewski -entre otras cosas- llegó al cenit con Marcel Proust y termina para siempre en este pandemónium de James Joyce sin posible más allá.  

Puede ser que la sociedad burguesa no tenga temas para los escritores burgueses. (No basta ser un inadaptado sexual para dejar de ser burgués; y sólo puede estar interesado en épater a la burguesía el que tenga fe en ella.) Pero en los Estados Unidos, meca del capitalismo, John Steinbeck encontró tema para Viñas de ira. Y en la lucha de España contra el capitalismo internacional (capitalismo fascista y capitalismo de "la no intervención"), André Malraux encontró tema para La esperanza, como lo encontrara antes en China para La condición humana. 

Hace rato que se viene hablando de la decadencia de la novela. Los temas están ya todos gastados y la novela está condenada a repetirse, dice el señor Ortega y Gasset. La novela ha muerto en la sociedad capitalista, dicen los críticos revolucionarios con exceso de celo y y escasez de alcances.Pero Periquito el Aguador, que se ve obligado a poner punto final a este comentario de comentarios, dice que lo que está muerto y ya huele mal es nada más que la novela "de" la sociedad capitalista; los temas gastados hasta la inutilidad son los temas que satisfacen a los burgueses.Lo inútil en arte es, pues, lo que proviene o se destina a las gentes inútiles. Respiremos tranquilos, ya que nada se ha perdido.

                                                                            7 de  febrero 1941 


Juan Carlos OnettiObras Completas III, Galaxia Gutenberg, 2009



15 marzo, 2015

Isidoro Blaisten /cuentos completos






FernandoR.Lafuente,ABCcultural 7feb.2015, comenta  lo que llama enigmas y asombros de la vida literaria; presencias y sobre todo olvidos para acabar centrándose en la figura poco difundida, al menos aquí, de Isidoro Blaisten:
"Leer a Blaisten es habitar el espacio de la gran narrativa argentina, el hilo invisible que une los nombres, tan dispares, de Borges, Arlt,Marechal,Cortázar, Manuel Puig, Antonio di Benedetto,Luisa Valenzuela, Juan José Saer, Haroldo Conti, Rodolfo Walsh, Daniel Moyano,Héctor Tizón, Abelardo Castillo o Ana María Suah. De entre todos ellos Blaisten ocupa un lugar primero. Nada menos". [...] "Isidoro Blaisten creó una literatura mayor, que exige al lector, ese que inventa cada escritor, un esfuerzo soberano hasta alcanzar el mayor de los premios, el profundo y sentido goce de estar ante una obra maestra. Y reconocerla." 
Gracias al artículo,  se descubre  a Blaisten y después de leer Al sur de Dublín o el inolvidable,Cerrado por melancolía,se siguen leyendo sus "cuentos completos"... 


                                                        
Dublín al sur          



"Las mujeres deseadas y los ideales ay, se alcanzan"
"Guirnalda con amores"
  A.BIOY CASARES.




GANÉ. GANÉ LA TOTALIDAD DEL pozo en el repechaje final. Todos los jueves, durante un año, había venido respondiendo sobre "Vida y obra de James Joyce". Gané y cumplí mi sueño dorado. Mi sueño dorado consistía en abandonar a mi familia, escaparme a Irlanda,  comprarme un castillo, leer el Ulises sentado junto al fuego, tener dos perros irlandeses que me lamiesen las botas mientras leía, emborracharme una vez por mes en la taberna, agarrarme a trompadas como hacía Hemingway cuando iba a beber con el maestro y cumplir mi programa anual de una adolescente por noche.
   Por eso el viernes 24 de setiembre de 1975,  mientras Maruja y la nena dormían profundamente descansando de la noche de gloria, salí de casa sin hacer ruido y llevando el Ulises bajo el brazo me fui a la agencia "Cambio-Mar"y cambié el cheque por libras esterlinas. Me acuerdo de que los empleados me reconocieron y hasta salió a recibirme el gerente. Me convidó con café y me felicitó.
   A las once de la mañana ya estaba en el avión en el vuelo 728 de British Caledonian, y fíjense qué analogía increíble: exactamente el número de páginas del Ulises
  No dejé ninguna carta de despedida. Solamente una esquela prendida con una alfiler de gancho en el vestido de fiesta que se había comprado Maruja especialmente para ese jueves. En la esquela había copiado un párrafo del maestro que decía así:
   "Eso puede ser también -dijo Esteban- .Hay una frase de Goethe que al señor Magee le gusta citar. "Ten cuidado con lo que deseas en tu juventud, porque lo conseguirás en la edad madura", Ulises, página 223."
                                                       
   Pero la gran noche en la relación espacio-tiempo fue la del jueves 23 de setiembre de 1975. El jueves 23 de setiembre de 1975 el estudio B del "Canal 15 de Buenos Aires, Televisión para todos" rebosaba de gente cuando Jota Jota Damico, todo emocionado me dijo :"Señor Esteban Dedales, por mil millones de pesos." Jota Jota hizo una larga pausa y en el estudio se hizo un silencio digno de un monólogo interior. "Por mil millones de pesos. Tiene usted sesenta segundos para meditar antes de contestar. Si su respuesta es correcta habrá ganado mil millones de pesos libres del impuesto a los réditos. De no ser así, esta suma pasará a integrar el pozo Oriol, la sonrisa sonriente de toda la gente"
   Jota Jota Damico estaba tan emocionado que no podía abrir el sobre de la pregunta. A Haydée, la secretaria del programa, una chica que era un amor, le temblaba la bandeja.
   Digo que Jota Jota estaba emocionadísimo y no era para menos. Calculen que yo , que no soy un tipo fácil para las lágrimas, sentí que se me nublaba la vista. Es que a través de un año de vernos todos los jueves Jota Jota y yo terminamos por hacernos amigos.  Y no eran sólo los vermouth de los sábados en Flores, en la Londres, no; Había como un fluir de la conciencia entre nosotros.
   Ahora que estoy aquí tan  lejos , en Irlanda, cumpliendo mi sueño dorado, siento que lo extraño, y se lo voy a decir en la carta.¡Qué tipo macanudo este Jota Jota Damico! Espero que con esta carta se decida por fin y se venga a comer el guiso irlandés de Patricia. Va a ser un gustazo volver a verlo.
                                                                 
                                                                       J. Salas Subirat, traductor
                                                                                              Santiago Rueda Editor.
                                                                                             Argentina, 1945 (1ºedición en  español) 


   Pero quiero volver a la noche memorable. Cuando Jota Jota sacó la pregunta del sobre la gente se quedó sin respiración. Producto de los nervios, Jota Jota tardaba en leerla.Yo vi que Maruja se estaba  por desmayar. Por fin, Jota Jota dijo: "Señor Esteban Dedales, por la suma de mil millones de pesos deberá respondernos lo siguiente: es sabido que la acción temporal del Ulises transcurre en un solo día en la vida de Leopoldo Bloom su protagonista. Ahora bien, Oriol le pregunta. Debe usted decirnos con absoluta precisión a qué día y año corresponde el ámbito temporal en que transcurre todo el Ulises."
   Otra vez el auditorio se quedó mudo. Pero la pregunta era fácil. Lo que pasaba era que al jurado ya no le quedaban más preguntas. "El ámbito temporal en que transcurre todo el Ulises es el 16 de junio de 1904." Me iba a explayar, pero no me dejaron. Mientras el escribano corría para entregarme el cheque, la gente estallaba en aplausos y gritos, se atropellaba por todo el estudio y las chicas del Banco empujaban para entregarme las flores. Recuerdo que en la desbandada se llevaron por delante dos cámaras y a una le destrozaron el visor. Me conmovió ver a Henríquez, el gerente, llevando a babuchas a Alejandrito. El chico estaba sobre los hombros del padre y con una mano se agarraba del caño del "boom" y con la otra agitaba el banderín con la foto de la casa Central. Los fotógrafos me pedían que abrazara a mi maestra de sexto grado y tuvieron que mandar toda una tanda de avisos fuera de programa para que el gerente de relaciones públicas de la firma auspiciadora, el doctor León Olguín, pudiera pronunciar unas breves palabras.
   Ahora, en la medianoche, sentado en esta mesa de nogal, calentando mis botas al fuego del carbón de Cardiff (del que soy accionista gracias a Patricia), mientras Patricia y la madre de Patricia y el padre de Patricia duermen plácidamente en el ala derecha, mientras le escribo a Jota Jota, solo en la sala de estar de mi castillo de Irlanda, medito. Medito y pienso que la culpa de todo la tuvo Maruja, por una asociación, pienso en la nena y la extraño mucho.


   Maruja. A veces la recuerdo haciendo pororó y pienso que realmente lo único de bueno que tenía esa mujer era el sentido de la organización. Excelente administradora, Maruja, eso sí, pero por lo demás me amargó la, vida. Y sin embargo, por otra curiosa analogía, la que me indujo, la que verdaderamente me impulsó fue ella.
   Con su eminente sentido práctico, un jueves que era feriado, hacia fines de 1974, mientras cenábamos mirando televisión me dijo:
   -Por qué no vas, Esteban. Con todo lo que vos sabés. Yo en tu lugar ya estaría allí.¡Pero mirá vos la cara de los que ganan.
   -Son feos- dijo Molly.
   Yo decía que no, que era tímido, que me iba a olvidar de todo apenas me enfocasen con la cámara, que eso de mostrarse así como un fenómeno de circo era cosa de exhibicionista, de tilingos de payasos, de pobrecitos sin dignidad y qué iban a pensar mis compañeros del Banco cuando me viesen.
   -Qué dignidad ni dignidad -dijo Maruja-. Hace ocho años que lo estás leyendo, desde que nació la nena; lo sabés de memoria. Lo que pasa en que no tenés agallas, sos un indeciso.
   -Dale papá, andá -dijo Molly.
   Una tarde a la salida del Banco, me decidí. era a mediados de diciembre. Me fui al canal, elegí el tema y me anoté.
   -Esteban Dedales, argentino, cuarenta y dos años, casado, una hija, subcontador del Banco Albanés, sucursal Almagro, vive en el barrio de Flores, responde sobre Vida y obra de James Joyce, dijo Jota Jota el primer jueves que enfrenté las cámaras.
   Ahora, después de dos años, al pensar en aquella noche, la verdad es que sonrío. Estaba tan nervioso que las rodillas se me movían solas. Las caras de los tres miembros del jurado, mrándome, de pronto me hicieron acordar de los tres profesores del Nacional Sarmiento la única vez que me tocó enfrentar una mesa examinadora, en cuarto año, cuando me llevé Literatura a marzo. Fíjense en la analogía: nada menos que Literatura. Para pensarlo ¿no?
   La primera pregunta era fácil: en qué año se publicó Dublineses, cuál fue su primera versión y las fechas de publicación posteriores. Respondí enseguida, adelantándome a las preguntas.
   A decir verdad, ahora que lo pienso, la  sensación que yo sentí esa noche no volví a sentarla nunca más. En ninguno de los cincuenta y dos programas. porque primero, antes de las tres preguntas, mientras Jota Jota desdoblaba el papel, sentí como un vacío en el estómago. Pero después, en el momento de responder yo, vi cómo el maestros levantaba los ojos desde la foto y me miraba. Fue únicamente ese jueves. Después no me miró más.
   La cuestión, que ese año se convirtió en el más famoso de mi vida. La gente me saludaba por la calle y hasta me pedía que le firmase autógrafos. Los vecinos le mandaban a Maruja chivitos, postres y saludos para mí. Me llamaban por teléfono el día de la audición sólo par decirme: "Ánimo, don Esteban".
   Me hicieron reportajes en TV Programa, en El Dial y La Antena y en Pregón Revista. Del Instituto Cultural Argentino Irlandés me llamaron para un vino de honor el 17 de marzo. Dejamos a Molly con don Leopoldo y fui con Maruja. Al entregarme el banderín, el Dr. Patricio O'Brien dijo que como agregado cultural, cualquiera fuera el resultado del certamen, mi intervención era ya un aporte para el acercamiento de nuestros pueblos. Me acuerdo de que cuando vi en el banderín que en el escudo de Irlanda había un arpa, sentí que se me sacudían hasta las fibras más íntimas de mi sensibilidad.
   Lo increíble fue que hasta mis primos, los de las legumbres "Dedales", que nunca se acordaron de mí, la llamaron a maruja por teléfono para decir:"¿Por qué no nos vemos nunca, primita, tiene que venir a casa, qué es eso de no conocernos?" En fin.
   No sé cómo hizo Don Leopoldo para encontrar a mi maestra de sexto grado, pero una noche la llevaron al programa. La verdad que yo no la reconocí, pero la vieja lloraba y yo le acaricié la cabeza. Maruja estaba radiante y cambió todos los muebles de la casa. Molly era la vedette del colegio y la directora escribió una cosa muy linda en el cuaderno de clase.
   Ni que decir lo que era el Banco.Henríquez, un hombre grande, todo un gerente, se iba a hinchar por mí a cada trasmisión y llevaba a Alejandrito, el pibe menor. Las empleadas y también las novias de los empleados se habían constituido en comité y se reunían todos los miércoles en el Trianón. Durante la semana se iban a la Biblioteca Nacional y hacían fichas en previsión d preguntas capciosas. Quisieron entrevistar a Borges, pero yo me negué. Tampoco las fichas me hicieron falta. Lo sabía todo.¡Y lo que eran los viernes en el Banco! Los viernes eran la apoteosis. Entraba yo y ya nadie trabajaba. Hasta los clientes se olvidaban de depositar y se metían atrás del mostrador para felicitarme y darme información. A todo el mundo se le había dado por Joyce. Henríquez, después de las cuatro, mandaba traer sanwiches y sidra helada del Trianón y todos brindábamos..
                                                         
                                               
                                                                
   La tensión era mayor a medida que avanzaba el programa. La suma del pozo era cada vez más grande y las preguntas cada vez más difíciles. Yo iba eliminado competidores, escalando el primer puesto en el repechaje final. Pero a menudo que se iba acercando la pregunta decisiva, la que me haría definitivamente rico, yo sentía que ya no vivía en Buenos aires. Vivía en Irlanda. Me imaginaba en mi castillo, sentado junto al fuego, comiendo guiso irlandés, leyendo el Ulises, con la más sensible de las 365 adolescentes tocando el arpa para mí, cantando viejas canciones celtas, o me veía atravesando a pie las calles de las tejedurías, los barrios neblinosos de Dublín, recorriendo una y otra vez, en largas caminatas (antes de montar en mi caballo blanco), los mismos lugares que en un solo día recorriera don Leopoldo Bloom.
   Vivía pensando en Irlanda, programando. Y ya en Irlanda yo sabría lo que tendría que hacer. ante todo pensaba darme una vuelta por los conglomerados de casuchas que rodean los centros urbanos y rescatar 365 adolescentes, no tuberculosas todavía, con condiciones para el arpa.
   Pensaba ponerlas en habitaciones especiales, en un ala soleada del castillo, de dos a dos , para que no se angustiasen. Con las madres no habría problemas, pagaría mis buenas guineas y listo. Sus hijas púberes pasarían a vivir conmigo una existencia digna. Nada de andar por el arroyo, ni de prostitución, ni de terminar en el burdel de Bella Cohen, como en el Ulises. En mi castillo iban a vivir una existencia libre de toda problemática. Una noche por año les tocaría dormir conmigo. Sobre esta falencia mía hablamos mucho con Jota Jota Damico. Él decía que era una forma de no crear vínculos. "Puede ser", le decía yo, "pero fíjate, Jota Jota, que dentro de todo tiene su lógica. Si la piba da, yo voy a recordar esa noche toda mi vida; si la piba no da, a la noche siguiente pruebo con otra y listo". "Sí", decía Jota Jota, "pero fijáte vos cómo parcializás: únicamente pensás en la noche. ¿Y el día? ¿El día no existe para vos?"
   En fin, mediodía de vermouth en la Londres, sábados que ya no volverán, conversaciones que ya no existen, ni siquiera vermouth hay por estos pagos, ni saben lo que es. Le voy a poner a Jota Jota que se traiga unas cuantas botellitas.
   Pero volviendo al tema, lo que más me seducía era la relación espacio-tiempo. porque tenía planificado cambiarles de nombre. Para npo confundir a cada una le pondría un nombre distinto de acuerdo con el santoral del almanaque. Si, por ejemplo, a alguna le tocaba San Eufrasio, la llamaría Eufrasia, con a. Si a otra le correspondía San Evaristo mártir, se llamaría Evarista, y así sucesivamente.
   Estos eran mis planes. Mientras tanto cada jueves iba acumulando puntos para el repechaje respondiendo "con una erudición aplastante", como dijeron en el reportaje que me hizo TV Programa, todas las preguntas que Jota Jota sacaba del sobre que yo elegía.
   En realidad, yo al Ulises nunca lo entendí del todo.Mejor dicho, todavía hay partes que no las entiendo; mejor dicho, casi no entendía nada. Pero me emperré. Porque la primera vez que tuve el libro en mis manos intuí que se trataba de algo muy importante, algo que iba a cambiar el rumbo de mi vida. Me emperré y mi intuición no me falló. Hacía ocho años que lo venía leyendo, desde que nació Molly, y cada vez iba sintiendo como si el maestro, ya ciego y perdida la fe, me mandase no obstante señales secretas de humo del espíritu para que no desfalleciera. Y a fuer que tuvo razón. Y cuando los mil millones empezaron a dibujarse nítidos en las últimas audiciones del cielo, sentí que el Ulises no había sido escrito en vano.
   Entonces comprendí por qué, durante ocho años, cada vez que Maruja me veía agarrar el Ulises o hacer un mero comentario me hablaba así: "Bestia. No te entra nada de lo que leés."
   -"Porque me sacan de mi ámbito", pensaba yo sin contestar, "porque no tengo un castillo en Irlanda , porque soy un alienado trabajando en el Banco, y porque en vos, Maruja, late una secreta envidia ante el espectáculo maravilloso de mi sublime terquedad".
   -Vos y el anteojudo ése me tiene hasta acá -me decía Maruja y ponía el índice en el cogote. Porque Maruja, muy a su pesar, vivía fascinada mirando a escondidas la foto de Joyce que yo había recortado de un número viejo de la Revista de Occidente que compré por casualidad en un quiosco "de viejo" del pasaje Obelisco Sur, que hice plastificar en "Peloso", cuando en "Peloso" se plastificaba, y que yo tenía guardada en la contratapa de Exiliados. Esa foto tan popular del maestro, donde está con una lupa y mirando para abajo.
   Yo no le contestaba nadan porque había entrado en una especie de monólogo interior. Una serie de coincidencias estaba marcando mi destino y yo no iba a renunciar a él. En primer lugar, obsérvese mi nombre: Esteban Dedales. De ahí a Esteban Dédalus ( uno de los principales protagonistas del Ulises) hay solo un paso. El abuelo de Maruja (que murió hace poco) se llamaba Leopoldo Bulnes, y el padre de Maruja, Leopoldo Bulnes hijo, muy parecido a Laopoldo Bloom. Maruja se llama Maruja y está en el Ulises. Cunado nació Molly (todo el monólogo interior del Ulises) le pusimos Molly sin discusión.
   Otra cosa: Juan Enrique Menton era un personaje del Ulises, y Henriquez, el gerente del banco se llama Juan Matías Henriquez. En lo que atañe a Jota Jota hay que creer o reventar: todo un capítulo íntegro del Ulises, la parte donde lo humillan y abominan al pobre Bloom, tiene un protagonista que se llama Jota Jota, y fíjense que el maestro escribe Jota Jota, tal cual lo escribo yo. En fin, debe haber muchísimas analogías más que hasta yo mismo ignoro. Todo esto: si lo habremos analizado profundamente con Jota Jota Damico en aquellos inolvidables mediodías en la Londres.
   ¿Por qué será que a la distancia uno valora más las cosas? Esta noche , acá en Irlanda escribiéndole a Jota Jota en mi castillo, que se llama"Dublín al sur" en homenaje a Buenos Aires, que nunca olvido, como no me olvido de la nena, que para esta época debe estar tan grande, pienso que Jota Jota tenía razón cuando me decía: "Mira, Esteban, la sensualidad es un producto de la ausencia."
   Y así no más es, porque yo devolví las púberes a sus madres respectivas y el 17 de marzo de este año, día de San Patricio mártir, santo patrono de Irlanda (no podía fallar), me casé.
                                                                   
   Me casé con Patricia Boyle O'Connor Fitzmaurice Farrell. Y aquí viene el más curioso de los índices de mi destino: como Patricia había nacido el día de sus santo, el 17 de marzo, fue la única de las púberes a la que no hubo que cambiarle el nombre.
   Además hay otra cosa: esa noche no la olvidaré  mientras viva. Y no porque encontrase una gran diferencia  que digamos entre Patricia y las 77 o 78 púberes con las que llegué a acostarme, y que, dicho sea de paso, las púberes no tuberculosas son lamentables. Bueno, por una serie de implicancias que Jota Jota me entendería muy bien, miran como ovejitas, no saben lo que les pasa, se acuerdan de la primera muñeca, algunas se ponen a llorar pensando en su noviecito de Belfast, en fin. También puede ser que yo tuviera mis ricos problemas de conciencia, lo reconozco. Y sobre todo, la foto del maestro mirándome con la lupa . Bueno, la cuestión es que entre Patricia o Telésfora, o entre Patricia y Pabla Navarra o Emeteria, por mencionar sólo algunas, no enconytré ninguna diferencia notable. No, ninguna diferencia y, ahora sí lo recuerdo (fíjense lo que es el inconsciente) , cada noche se me venía nomás la imagedn del maestro, que mucha liberalidad, mucho lenguaje, mucha crudeza pero bien que tenía su corazoncito de buen católico irlandés, y en mi familia, modestia aparte, algo de celta tenemos. Por eso, al dcecirf que con Patricia fue distinto me estoy refiriendo a aquel detalle que por sí solo es inolvidable y que la pinta a Patricia de cuerpo entero, y eso sin entrar a hablar de su sentido de organización, ni de la capacidad práctica que tiene ni de lo excelente administradora que es.
   Fíjense: el 17 de marzo estoy yo en la cama, consultando la agenda para verf que púber me toca, cuando veo a Patricia en camisón con las manos atrás como escondiendo algo.
   -Pasá nomás piba -le digo en gaélico. Un gaélico más o menos todavía, porque recién empezaba a estudiar con Keogh Kilkenny.
   Patricia, nada, se queda ahí, parada sobre la alfombra, sonriendo.
   -¿Qué pasa, piba? -le digo.
   Entonces Patricia va, saca las manos de atrás y me entrega el Ulises.
   Ahora bien, yo tengo acá, en un estante especial sobre la chimenea, creo que todas las versiones inglesas  que existen sobre el Ulises. Hasta la edición de la librería "Shakespeare y Cía." de París, tengo. Fue lo primero que hice ni bien bajé del avión en Londres, antes de poner el pie en Irlanda, antes de comprar "Dublín al sur",antes que nada. Comprarme todas las ediciones del Ulises, aún las incunables, las inhallables y los primeros ejemplares numerados para bibliófilos. Lo hice porque le sentía. Como una deuda de gratitud hacia el maestro. Pero cuando vi en las manos de Patricia mi Ulises, la tradución argentina de Salas Subirat, Santiago Rueda Editor, la única que existe en castellano, cuando vi en sus manos mi vieja, querida, ajada y subrayada traducción del Ulises que traje como único equipaje de mi Buenos Aires querido, que estoy mirando ahora sobre esta mesa, lloré. Yo, que no soy un tipo fácil para las lágrimas, lloré como una mujer.
   Pero eso no es todo,no. Porque a la mañana siguiente, ni bien bajo a la biblioteca donde estoy escribiendo ahora, me encuentro con otro detalle de Patricia, un detalle increíble que fue lo que me decidió a casarme con ella. Sobre la chimenea, al lado del retrato de Parnell que había apuesto Mrs. Conway, estaba una foto de Gardel.
   Miren, confieso que al ver la foto del morocho, en un castillo perdido entre los páramos de Irlanda, al lado del retrato de su héroe máximo, me conmovió hasta las fibras más íntimas de mi sensibilidad. No digo que lloré, no,pero casi se me cae de las manos el Ulises que traía para ponerlo de vuelta en el estante.
   "¿Pero cómo habrá hecho para conseguirla cuando acá ni vermouth hay?", me acuerdo que me quedé pensando todo anonadado, en un monólogo interior donde buscaba afanosamente en la relación espacio-tiempo si ése no sería el momento crucial de mi destino, cuando de pronto escuché a mis espaldas la voz de Patricia.
   Me di la vuelta y la abracé todo emocionado. Le quise hablar de la foto, de lo que significaba el morocho par mí, pero Patricia, que estaba con el plano del castillo en una mano, un recibo y lápiz y papel en la otra me dijo, en su dulce gaélico, ocho cosas:
   1. Devolveré esas pobres chicas a sus casas. Pobres madres, cuánto las estarán extrañando.
   2. Y, al final ¿qué? Lo único que traen son gastos.
   3. Mirá, Esteban. nunca falta un buey corneta. Por ahí la cosa a los muchachos del IRA no les gusta ni medio.
   4. En este castillo se gasta mucha luz.
   5. Mrs. Conway es una gasto inútil.
   6. Acá tenés el recibo. Antigüedad, vacaciones, salario familiar, aguinaldo. Fírmálo.
   7. Keogh Kilkenny como profesor de Welch es un plomazo.
   8. Estando yo, ¿para qué lo querés?
   La verdad que Mrs. Conway era una vieja inútil. Hacía un guiso irlandés que daba asco. Muy estúpida la pobre vieja, pero fue la única que pude encontrar en Irlanda con es apellido. En Dublín había unas viejitas macanudas, pero todas O'Connor, O'Rourke y O' Donnel y ninguna Conway. Y tenía que llamarse Conway, porque Conway se llamba la institutriz que tuvo el maestro cuando era pibe.
   Patricia echó también a Keogh Kilkenny, y esto me dio pena. Se parecia un poco a Jota Jota Damico y me enseñaba el irlandés prostibulario para que yo pudiese provocar a los habitués de la taberna en  mis peleas mensuales, y me traía las capas de Belfast y se ocupó de conseguirme el arpa, y me consiguó mi hermoso caballo blanco y los dos perros para que me lamiesen las botas, y si bien Mulligan y O'Rourke resultaron dos reverendos perros tarados, no fue por culpa de Keogh Kilkenny, a quien siempre voy a recordar como una bellísima persona. En fin.
   Patricia cocina como los ángeles, casi tan bien como Maruja. Pero a los dos meses de tomar las riendas del castillo terminó con mis peleas mensuales. Fue sin decir agua va. Me levantó los puentes levadizos y no me dejó entrar. Y todo por una capa rota. Porque si yo volvía de la taberna con un ojo en compota o un tajo en la cabeza, Patricia no decía nada. Pero se ponía hecha un basilisco cuando volvía con la capa hecha andrajos. Las capas que usaba yo eran una hermosura. Me estaba mirando con el catalejo desde la ventana del ático del castillo. Yo traía la capa hecha girones. Era la tercera capa que volvía destrozada porque le había gritado maricón en gaélico a Alf Lenehan, el capataz de la hilandería que era un urso como de dos metros. Fue una pelea de antología. Hubiera faltado Hemingway nomás. La cuestión que Patricia fue y me levantó los siete puentes levadizos y me dejó fuera hasta la mañana. Casi me quedo helado. me la pasé tiritando, mirándome las botas, mientras se disipaba la neblina y el pobre Beckett, muerto de hambre, daba vueltas y vueltas por el páramo buscando una miserable brizna de pastito para mordisquear.
   Hasta que al fin, como a eso de las 10, Patricia ya más calmada, nos dejó entrar. Me llevó a la biblioteca y sobre este mismo escritorio me demostró con lápiz y papel que el rubro "Peleas mensuales taberna" daba pérdidas. Excelente administradora, Patricia.
   Esa misma tarde Patricia vendió a Beckett. se lo vendió al teniente Nosey Flynn en el cuartel de fusileros irlandeses. Era un hermoso caballo blanco. Un pura sangre irlandés que entraba al galope a la taberna como si fuera humano. Yo le había puesto Beckett porque Beckett fue el secretario del maestro desde 1922 hasta 1929. El teniente Nosey Flynn, ¿qué nombre le habría puesto?
   Patricia también vendió el arpa. Puso un aviso en el Daily Worker de Dublín y al otro día vino un camión a buscarla. Como era tan grande tuvieron que sacarla por "Puente Alsina", el puente levadizo número 5. Extraña analogía del destino. aunque mirándolo bien , era mucha arpa para mí. Y después, que ninguna de las púberes tuvo suficiente sensibilidad como para tocarla.
   En noviembre, Patricia fue a lo del comisionista. Compró acciones del carbón de Cardiff y cambió los dos perros  por catorce bolsas de trigo candeal. En realidad, los perros me resultaron un fracaso. No había forma de que me lamiesen las botas. Con Keogh Kilkenny lo habíamos intentado todo: desde  usar pedazos del mismo cuero, de la misma partida que se hicieron para hacer las botas, y darles la comida ahí, hasta untar las botas con un alimento especial para dogos inapetentes que Keogh Kilkenny consiguió en el Ulster. Nada, no había forma. Keogh Kilkenny llegó a ponerles un instructor islandés, no irlandés: islandés, nacido y criado en Islandia, en Reykjavik, acostumbrado desde pibe a tratar con perros, pero no hubo caso.
   Lo peor es que el alimento para dogos inapetentes despedía un tufo insoportable y yo tenía un olor en las botas francamente apestoso. Mulligan y O'Rourke, los dos tarados, salían corriendo apenas me veían. Y no solamente los perros. Yo tenía la costumbre de entrar en la taberna a todo galope. Me gustaba. Me parecía romántico. Montado en Beckett salía por el puente levadizo número 7 que se llama "Almagro de mi vida, cuando yo te vuelva a ver" y atravesaba el páramo hasta la taberna a todo lo que daba Beckett cantando "mi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver". Yo me había hecho ilusiones de que los obreros textiles y los pobres borrachos me reconocían por las estrofas inmortales a setecientos metros de distancia, pero no, era por el olor.
   Patricia trajo al papá y a la mamá a vivir con nosotros. Están en el ala derecha, sobre la explanada que da a "Corrientes y Esmeralda".
   "Corrientes y Esmeralda" es el puente levadizo número 1. En total hay siete puentes levadizos en "Dublín al sur". Curioso número, como lo menciona Joyce. Eñ número uno que se llama "corrientes y Esmeralda"; el dos "San Juan y Boedo"; el tres, "Pepirí"; el cuatro "Cafferata"; el cinco, "Puente Alsina" (es el más grande); el seis, "Madreselvas en flor" (y en él curiosamente ha crecido un rododentro) y el séptimo "Almagro de mi vida".
    Nada más. Ahora en el silencio de esta noche, mientras le escribo a Jota Jota, oigo el crepitar del coque de Cardiff en el fuego y me recuerda a Maruja haciendo pororó.
   "Te vas a comer un guiso irlandés de locura", le voy aponer a Jota Jota. "Patricia cocina casi tan  bien como Maruja." También le voy a poner que se traiga unas cuantas botellitas de Gancia porque acá no hay. Sí, Termino esta carta y me pongo a leer al maestro.



            Fernando R. Lafuente, ABC cultural, 7  febrero 2015: Isidoro Blaisten, Joyce al Sur
            El País, 2004,El "Ulises" de Salas Subirat



Isidoro Blaisten, Dublín al sur y otros relatos, Ediciones lengua de trapo, Madrid,1996
Isidoro Blaisten, Cuentos completos,Emecé, Buenos Aires, 2004