19 mayo, 2015

Juan Carlos ONETTI / una necrológica singular




En 1941 Juan Carlos Onetti,  después de abandonar Marcha empieza a trabajar en la agencia Reuters de Montevideo.A pesar de su carácter retraído frecuenta el café Metro cercano a la agencia  y se integra en el mundo literario y periodístico montevideano. Poco después será trasladado a la sede de la agencia en Buenos Aires. 

El 13 de enero de ese año, había muerto Joyce  en Zurich, en la neutral Suiza -una isla en medio de la Segunda Guerra Mundial. Sólo unas semanas después Juan Carlos Onetti - que  tiene 32 años- escribe una nota sentida, certera -y beligerante para  la época-, y  con brillantez traza una semblanza  poderosa -y a su manera cálida- del escritor irlandés.

                               
                                  Sean Scully, Dublín 1945


       

James Joyce




Entre los miles y miles de hombres que mueren cada semana en Europa vamos a distinguir hoy el cadáver de uno que murió avejentado, flaco y ciego. Era en vida un irlandés llamado James Joyce y, habiendo contraído una exasperada hambre de divinidad, dio en la flor de buscar a Dios en el caos. Como sus brazos -ni siquiera los suyos- alcanzaban para abarcar un Caos con mayúscula, James Joyce realizó su búsqueda en el alma del hombre, efecto, espejo y causa del "gran torbellino del mundo."  

¿Qué hay de su hallazgo? Si el torbellino es el mismísimo Dios, aquel frenético irlandés se salió con la suya. En caso contrario, el Ulises es el más asombroso mundo que puede crear un hombre. El irlandés de nuestra historia terminó, pues, en el menos halagüeño de los casos, por encontrar, si no a Dios, a un Dios o Demiurgo que se llama James Joyce. Si su hambre quedó aplacada, no lo sabemos. Es posible que no, ya que continuaba escribiendo, amasando mundos sucesivos que aún no sabemos qué pueden contener para él o para nosotros.  

Claro está que cuando se incendia el mundo se apaga la luz de los pequeños mundos individuales que puede crear el hombre a su imagen y semejanza. La coincidencia de la muerte de Joyce con la fogata cada vez más ambiciosa que arde y consume a Europa, motivó que las notas necrológicas fueran escasas y breves. Y la gran mayoría -casi todas las que leímos no eran más que una impersonal glosa de las biografías que remiten a los diarios las agencias de telegramas- eran adversas al escritor. Nos hacían pensar en gentes que, luego de un rápido sombrerazo, tomaban asiento para hablar mal del difunto. Todas las notas pertenecían a escritores de izquierda, lo que es natural, ya que los escritores de derecha se han muerto mucho antes que Joyce.  

Los ataques no se dirigían contra el talento literario de Joyce. Basta leer Retrato del artista adolescente o las primeras páginas del Ulises -debe haber por allí una caminata de Stephen Dedalus en un paisaje de arenas y rocas- para saber de una vez por todas, que no hay escritor viviente capacitado para juzgar a Joyce como artista literario. 

Además, y este además lleva adentro todo lo que se va a ver, el aporte de Joyce a la literatura es, con el de Marcel Proust, el más grande que haya sido hecho por un solo escritor. Hablamos -ya lo sabían ustedes- del monólogo interior, elemento técnico del que es posible encontrar huelas notables en toda la literatura post-joyciana. (No importa ahora que Virginia Woolf reclame la paternidad, perdón, la maternidad, del famoso elemento. Acaso tenga razón, acaso haya realmente tenido que discutir con Joyce para obligarlo a aceptar el recurso. Pero, en arte, lo que vale no son ideas sino realizaciones. ) Literariamente, la importancia absoluta de un escritor no es mensurable sino de manera personal, por cada uno sin posibilidades de demostración, pero su importancia relativa puede medirse buscando respuesta a esta pregunta: "¿Es mucho, es poco o es nada lo que habría que suprimir de la literatura, aparte de las obras del examinado -naturalmente-, si lo suprimimos a él?". Es un procedimiento útil aunque desconsolador. También puede usarse para medir la importancia de los países. Pero es preferible no hacerlo.  

Quedamos en que las agresivas necrológicas hechas a Joyce no se referían para nada a su dominio del oficio. Se critica el que se haya dedicado a una tarea estéril, a un detallismo absurdo, a un análisis incansable y cansador de todo lo superfluo. Para decirlo en lenguaje que contribuya a dar clima joyciano a esta nota: se critica, y con harta razón, el unanimismo intelectual de Mr. Joyce. Con harta razón, porque Joyce, capacitado como el mejor para bucear en la vida, en el caos con grandes letras, se dedicó al alma de un hombre, exclusivamente al alma de un hombre. Bloom, Dedalus o Fulano de Tal. Error garrafal, error comparable, en gruesa síntesis, a la que cometería un hombre de ciencia que perdiera su tiempo en estudias el microscopio en lugar de emplearlo pata el examen de tejidos, bacterias o cristales. Porque el hombre, el alma, el cerebro y las vísceras del hombre no son sino una partícula de la vida. En arte, y en definitiva, el hombre es fundamentalmente el instrumento que tiene el hombre para saber de la vida. (Intuimos que esto resulta oscuro: pero estamos escribiendo con prisa y también intuimos que estamos en lo cierto.)  

El error de los impacientes enterradores de Joyce está en las consecuencia que quieren sacar de su caso. Recuerdan a Ortega y Gasset cuando afirma que la novela ha muerto y contestan :"Sí; pero la novela en la sociedad capitalista". Recordamos en este momento a André Gide y su divertida aventura comunista; recordamos que escribió en alguna de las páginas de su Diario que le era imposible seguir escribiendo novelas porque no encontraba tema en la sociedad francesa. Acaso lo haya encontrado recién, con la ocupación de Francia por los nazis.Y ahora , audazmente, entre esas figuras ilustres nos deslizamos nosotros para decir que lo único muerto es la novela hecha sobre el alma de un individuo. Lo que empezó con el genio de Dostoiewski -entre otras cosas- llegó al cenit con Marcel Proust y termina para siempre en este pandemónium de James Joyce sin posible más allá.  

Puede ser que la sociedad burguesa no tenga temas para los escritores burgueses. (No basta ser un inadaptado sexual para dejar de ser burgués; y sólo puede estar interesado en épater a la burguesía el que tenga fe en ella.) Pero en los Estados Unidos, meca del capitalismo, John Steinbeck encontró tema para Viñas de ira. Y en la lucha de España contra el capitalismo internacional (capitalismo fascista y capitalismo de "la no intervención"), André Malraux encontró tema para La esperanza, como lo encontrara antes en China para La condición humana. 

Hace rato que se viene hablando de la decadencia de la novela. Los temas están ya todos gastados y la novela está condenada a repetirse, dice el señor Ortega y Gasset. La novela ha muerto en la sociedad capitalista, dicen los críticos revolucionarios con exceso de celo y y escasez de alcances.Pero Periquito el Aguador, que se ve obligado a poner punto final a este comentario de comentarios, dice que lo que está muerto y ya huele mal es nada más que la novela "de" la sociedad capitalista; los temas gastados hasta la inutilidad son los temas que satisfacen a los burgueses.Lo inútil en arte es, pues, lo que proviene o se destina a las gentes inútiles. Respiremos tranquilos, ya que nada se ha perdido.

                                                                            7 de  febrero 1941 


Juan Carlos OnettiObras Completas III, Galaxia Gutenberg, 2009



15 marzo, 2015

Isidoro Blaisten /cuentos completos






FernandoR.Lafuente,ABCcultural 7feb.2015, comenta  lo que llama enigmas y asombros de la vida literaria; presencias y sobre todo olvidos para acabar centrándose en la figura poco difundida, al menos aquí, de Isidoro Blaisten:
"Leer a Blaisten es habitar el espacio de la gran narrativa argentina, el hilo invisible que une los nombres, tan dispares, de Borges, Arlt,Marechal,Cortázar, Manuel Puig, Antonio di Benedetto,Luisa Valenzuela, Juan José Saer, Haroldo Conti, Rodolfo Walsh, Daniel Moyano,Héctor Tizón, Abelardo Castillo o Ana María Suah. De entre todos ellos Blaisten ocupa un lugar primero. Nada menos". [...] "Isidoro Blaisten creó una literatura mayor, que exige al lector, ese que inventa cada escritor, un esfuerzo soberano hasta alcanzar el mayor de los premios, el profundo y sentido goce de estar ante una obra maestra. Y reconocerla." 
Gracias al artículo,  se descubre  a Blaisten y después de leer Al sur de Dublín o el inolvidable,Cerrado por melancolía,se siguen leyendo sus "cuentos completos"... 


                                                        
Dublín al sur          



"Las mujeres deseadas y los ideales ay, se alcanzan"
"Guirnalda con amores"
  A.BIOY CASARES.




GANÉ. GANÉ LA TOTALIDAD DEL pozo en el repechaje final. Todos los jueves, durante un año, había venido respondiendo sobre "Vida y obra de James Joyce". Gané y cumplí mi sueño dorado. Mi sueño dorado consistía en abandonar a mi familia, escaparme a Irlanda,  comprarme un castillo, leer el Ulises sentado junto al fuego, tener dos perros irlandeses que me lamiesen las botas mientras leía, emborracharme una vez por mes en la taberna, agarrarme a trompadas como hacía Hemingway cuando iba a beber con el maestro y cumplir mi programa anual de una adolescente por noche.
   Por eso el viernes 24 de setiembre de 1975,  mientras Maruja y la nena dormían profundamente descansando de la noche de gloria, salí de casa sin hacer ruido y llevando el Ulises bajo el brazo me fui a la agencia "Cambio-Mar"y cambié el cheque por libras esterlinas. Me acuerdo de que los empleados me reconocieron y hasta salió a recibirme el gerente. Me convidó con café y me felicitó.
   A las once de la mañana ya estaba en el avión en el vuelo 728 de British Caledonian, y fíjense qué analogía increíble: exactamente el número de páginas del Ulises
  No dejé ninguna carta de despedida. Solamente una esquela prendida con una alfiler de gancho en el vestido de fiesta que se había comprado Maruja especialmente para ese jueves. En la esquela había copiado un párrafo del maestro que decía así:
   "Eso puede ser también -dijo Esteban- .Hay una frase de Goethe que al señor Magee le gusta citar. "Ten cuidado con lo que deseas en tu juventud, porque lo conseguirás en la edad madura", Ulises, página 223."
                                                       
   Pero la gran noche en la relación espacio-tiempo fue la del jueves 23 de setiembre de 1975. El jueves 23 de setiembre de 1975 el estudio B del "Canal 15 de Buenos Aires, Televisión para todos" rebosaba de gente cuando Jota Jota Damico, todo emocionado me dijo :"Señor Esteban Dedales, por mil millones de pesos." Jota Jota hizo una larga pausa y en el estudio se hizo un silencio digno de un monólogo interior. "Por mil millones de pesos. Tiene usted sesenta segundos para meditar antes de contestar. Si su respuesta es correcta habrá ganado mil millones de pesos libres del impuesto a los réditos. De no ser así, esta suma pasará a integrar el pozo Oriol, la sonrisa sonriente de toda la gente"
   Jota Jota Damico estaba tan emocionado que no podía abrir el sobre de la pregunta. A Haydée, la secretaria del programa, una chica que era un amor, le temblaba la bandeja.
   Digo que Jota Jota estaba emocionadísimo y no era para menos. Calculen que yo , que no soy un tipo fácil para las lágrimas, sentí que se me nublaba la vista. Es que a través de un año de vernos todos los jueves Jota Jota y yo terminamos por hacernos amigos.  Y no eran sólo los vermouth de los sábados en Flores, en la Londres, no; Había como un fluir de la conciencia entre nosotros.
   Ahora que estoy aquí tan  lejos , en Irlanda, cumpliendo mi sueño dorado, siento que lo extraño, y se lo voy a decir en la carta.¡Qué tipo macanudo este Jota Jota Damico! Espero que con esta carta se decida por fin y se venga a comer el guiso irlandés de Patricia. Va a ser un gustazo volver a verlo.
                                                                 
                                                                       J. Salas Subirat, traductor
                                                                                              Santiago Rueda Editor.
                                                                                             Argentina, 1945 (1ºedición en  español) 


   Pero quiero volver a la noche memorable. Cuando Jota Jota sacó la pregunta del sobre la gente se quedó sin respiración. Producto de los nervios, Jota Jota tardaba en leerla.Yo vi que Maruja se estaba  por desmayar. Por fin, Jota Jota dijo: "Señor Esteban Dedales, por la suma de mil millones de pesos deberá respondernos lo siguiente: es sabido que la acción temporal del Ulises transcurre en un solo día en la vida de Leopoldo Bloom su protagonista. Ahora bien, Oriol le pregunta. Debe usted decirnos con absoluta precisión a qué día y año corresponde el ámbito temporal en que transcurre todo el Ulises."
   Otra vez el auditorio se quedó mudo. Pero la pregunta era fácil. Lo que pasaba era que al jurado ya no le quedaban más preguntas. "El ámbito temporal en que transcurre todo el Ulises es el 16 de junio de 1904." Me iba a explayar, pero no me dejaron. Mientras el escribano corría para entregarme el cheque, la gente estallaba en aplausos y gritos, se atropellaba por todo el estudio y las chicas del Banco empujaban para entregarme las flores. Recuerdo que en la desbandada se llevaron por delante dos cámaras y a una le destrozaron el visor. Me conmovió ver a Henríquez, el gerente, llevando a babuchas a Alejandrito. El chico estaba sobre los hombros del padre y con una mano se agarraba del caño del "boom" y con la otra agitaba el banderín con la foto de la casa Central. Los fotógrafos me pedían que abrazara a mi maestra de sexto grado y tuvieron que mandar toda una tanda de avisos fuera de programa para que el gerente de relaciones públicas de la firma auspiciadora, el doctor León Olguín, pudiera pronunciar unas breves palabras.
   Ahora, en la medianoche, sentado en esta mesa de nogal, calentando mis botas al fuego del carbón de Cardiff (del que soy accionista gracias a Patricia), mientras Patricia y la madre de Patricia y el padre de Patricia duermen plácidamente en el ala derecha, mientras le escribo a Jota Jota, solo en la sala de estar de mi castillo de Irlanda, medito. Medito y pienso que la culpa de todo la tuvo Maruja, por una asociación, pienso en la nena y la extraño mucho.


   Maruja. A veces la recuerdo haciendo pororó y pienso que realmente lo único de bueno que tenía esa mujer era el sentido de la organización. Excelente administradora, Maruja, eso sí, pero por lo demás me amargó la, vida. Y sin embargo, por otra curiosa analogía, la que me indujo, la que verdaderamente me impulsó fue ella.
   Con su eminente sentido práctico, un jueves que era feriado, hacia fines de 1974, mientras cenábamos mirando televisión me dijo:
   -Por qué no vas, Esteban. Con todo lo que vos sabés. Yo en tu lugar ya estaría allí.¡Pero mirá vos la cara de los que ganan.
   -Son feos- dijo Molly.
   Yo decía que no, que era tímido, que me iba a olvidar de todo apenas me enfocasen con la cámara, que eso de mostrarse así como un fenómeno de circo era cosa de exhibicionista, de tilingos de payasos, de pobrecitos sin dignidad y qué iban a pensar mis compañeros del Banco cuando me viesen.
   -Qué dignidad ni dignidad -dijo Maruja-. Hace ocho años que lo estás leyendo, desde que nació la nena; lo sabés de memoria. Lo que pasa en que no tenés agallas, sos un indeciso.
   -Dale papá, andá -dijo Molly.
   Una tarde a la salida del Banco, me decidí. era a mediados de diciembre. Me fui al canal, elegí el tema y me anoté.
   -Esteban Dedales, argentino, cuarenta y dos años, casado, una hija, subcontador del Banco Albanés, sucursal Almagro, vive en el barrio de Flores, responde sobre Vida y obra de James Joyce, dijo Jota Jota el primer jueves que enfrenté las cámaras.
   Ahora, después de dos años, al pensar en aquella noche, la verdad es que sonrío. Estaba tan nervioso que las rodillas se me movían solas. Las caras de los tres miembros del jurado, mrándome, de pronto me hicieron acordar de los tres profesores del Nacional Sarmiento la única vez que me tocó enfrentar una mesa examinadora, en cuarto año, cuando me llevé Literatura a marzo. Fíjense en la analogía: nada menos que Literatura. Para pensarlo ¿no?
   La primera pregunta era fácil: en qué año se publicó Dublineses, cuál fue su primera versión y las fechas de publicación posteriores. Respondí enseguida, adelantándome a las preguntas.
   A decir verdad, ahora que lo pienso, la  sensación que yo sentí esa noche no volví a sentarla nunca más. En ninguno de los cincuenta y dos programas. porque primero, antes de las tres preguntas, mientras Jota Jota desdoblaba el papel, sentí como un vacío en el estómago. Pero después, en el momento de responder yo, vi cómo el maestros levantaba los ojos desde la foto y me miraba. Fue únicamente ese jueves. Después no me miró más.
   La cuestión, que ese año se convirtió en el más famoso de mi vida. La gente me saludaba por la calle y hasta me pedía que le firmase autógrafos. Los vecinos le mandaban a Maruja chivitos, postres y saludos para mí. Me llamaban por teléfono el día de la audición sólo par decirme: "Ánimo, don Esteban".
   Me hicieron reportajes en TV Programa, en El Dial y La Antena y en Pregón Revista. Del Instituto Cultural Argentino Irlandés me llamaron para un vino de honor el 17 de marzo. Dejamos a Molly con don Leopoldo y fui con Maruja. Al entregarme el banderín, el Dr. Patricio O'Brien dijo que como agregado cultural, cualquiera fuera el resultado del certamen, mi intervención era ya un aporte para el acercamiento de nuestros pueblos. Me acuerdo de que cuando vi en el banderín que en el escudo de Irlanda había un arpa, sentí que se me sacudían hasta las fibras más íntimas de mi sensibilidad.
   Lo increíble fue que hasta mis primos, los de las legumbres "Dedales", que nunca se acordaron de mí, la llamaron a maruja por teléfono para decir:"¿Por qué no nos vemos nunca, primita, tiene que venir a casa, qué es eso de no conocernos?" En fin.
   No sé cómo hizo Don Leopoldo para encontrar a mi maestra de sexto grado, pero una noche la llevaron al programa. La verdad que yo no la reconocí, pero la vieja lloraba y yo le acaricié la cabeza. Maruja estaba radiante y cambió todos los muebles de la casa. Molly era la vedette del colegio y la directora escribió una cosa muy linda en el cuaderno de clase.
   Ni que decir lo que era el Banco.Henríquez, un hombre grande, todo un gerente, se iba a hinchar por mí a cada trasmisión y llevaba a Alejandrito, el pibe menor. Las empleadas y también las novias de los empleados se habían constituido en comité y se reunían todos los miércoles en el Trianón. Durante la semana se iban a la Biblioteca Nacional y hacían fichas en previsión d preguntas capciosas. Quisieron entrevistar a Borges, pero yo me negué. Tampoco las fichas me hicieron falta. Lo sabía todo.¡Y lo que eran los viernes en el Banco! Los viernes eran la apoteosis. Entraba yo y ya nadie trabajaba. Hasta los clientes se olvidaban de depositar y se metían atrás del mostrador para felicitarme y darme información. A todo el mundo se le había dado por Joyce. Henríquez, después de las cuatro, mandaba traer sanwiches y sidra helada del Trianón y todos brindábamos..
                                                         
                                               
                                                                
   La tensión era mayor a medida que avanzaba el programa. La suma del pozo era cada vez más grande y las preguntas cada vez más difíciles. Yo iba eliminado competidores, escalando el primer puesto en el repechaje final. Pero a menudo que se iba acercando la pregunta decisiva, la que me haría definitivamente rico, yo sentía que ya no vivía en Buenos aires. Vivía en Irlanda. Me imaginaba en mi castillo, sentado junto al fuego, comiendo guiso irlandés, leyendo el Ulises, con la más sensible de las 365 adolescentes tocando el arpa para mí, cantando viejas canciones celtas, o me veía atravesando a pie las calles de las tejedurías, los barrios neblinosos de Dublín, recorriendo una y otra vez, en largas caminatas (antes de montar en mi caballo blanco), los mismos lugares que en un solo día recorriera don Leopoldo Bloom.
   Vivía pensando en Irlanda, programando. Y ya en Irlanda yo sabría lo que tendría que hacer. ante todo pensaba darme una vuelta por los conglomerados de casuchas que rodean los centros urbanos y rescatar 365 adolescentes, no tuberculosas todavía, con condiciones para el arpa.
   Pensaba ponerlas en habitaciones especiales, en un ala soleada del castillo, de dos a dos , para que no se angustiasen. Con las madres no habría problemas, pagaría mis buenas guineas y listo. Sus hijas púberes pasarían a vivir conmigo una existencia digna. Nada de andar por el arroyo, ni de prostitución, ni de terminar en el burdel de Bella Cohen, como en el Ulises. En mi castillo iban a vivir una existencia libre de toda problemática. Una noche por año les tocaría dormir conmigo. Sobre esta falencia mía hablamos mucho con Jota Jota Damico. Él decía que era una forma de no crear vínculos. "Puede ser", le decía yo, "pero fíjate, Jota Jota, que dentro de todo tiene su lógica. Si la piba da, yo voy a recordar esa noche toda mi vida; si la piba no da, a la noche siguiente pruebo con otra y listo". "Sí", decía Jota Jota, "pero fijáte vos cómo parcializás: únicamente pensás en la noche. ¿Y el día? ¿El día no existe para vos?"
   En fin, mediodía de vermouth en la Londres, sábados que ya no volverán, conversaciones que ya no existen, ni siquiera vermouth hay por estos pagos, ni saben lo que es. Le voy a poner a Jota Jota que se traiga unas cuantas botellitas.
   Pero volviendo al tema, lo que más me seducía era la relación espacio-tiempo. porque tenía planificado cambiarles de nombre. Para npo confundir a cada una le pondría un nombre distinto de acuerdo con el santoral del almanaque. Si, por ejemplo, a alguna le tocaba San Eufrasio, la llamaría Eufrasia, con a. Si a otra le correspondía San Evaristo mártir, se llamaría Evarista, y así sucesivamente.
   Estos eran mis planes. Mientras tanto cada jueves iba acumulando puntos para el repechaje respondiendo "con una erudición aplastante", como dijeron en el reportaje que me hizo TV Programa, todas las preguntas que Jota Jota sacaba del sobre que yo elegía.
   En realidad, yo al Ulises nunca lo entendí del todo.Mejor dicho, todavía hay partes que no las entiendo; mejor dicho, casi no entendía nada. Pero me emperré. Porque la primera vez que tuve el libro en mis manos intuí que se trataba de algo muy importante, algo que iba a cambiar el rumbo de mi vida. Me emperré y mi intuición no me falló. Hacía ocho años que lo venía leyendo, desde que nació Molly, y cada vez iba sintiendo como si el maestro, ya ciego y perdida la fe, me mandase no obstante señales secretas de humo del espíritu para que no desfalleciera. Y a fuer que tuvo razón. Y cuando los mil millones empezaron a dibujarse nítidos en las últimas audiciones del cielo, sentí que el Ulises no había sido escrito en vano.
   Entonces comprendí por qué, durante ocho años, cada vez que Maruja me veía agarrar el Ulises o hacer un mero comentario me hablaba así: "Bestia. No te entra nada de lo que leés."
   -"Porque me sacan de mi ámbito", pensaba yo sin contestar, "porque no tengo un castillo en Irlanda , porque soy un alienado trabajando en el Banco, y porque en vos, Maruja, late una secreta envidia ante el espectáculo maravilloso de mi sublime terquedad".
   -Vos y el anteojudo ése me tiene hasta acá -me decía Maruja y ponía el índice en el cogote. Porque Maruja, muy a su pesar, vivía fascinada mirando a escondidas la foto de Joyce que yo había recortado de un número viejo de la Revista de Occidente que compré por casualidad en un quiosco "de viejo" del pasaje Obelisco Sur, que hice plastificar en "Peloso", cuando en "Peloso" se plastificaba, y que yo tenía guardada en la contratapa de Exiliados. Esa foto tan popular del maestro, donde está con una lupa y mirando para abajo.
   Yo no le contestaba nadan porque había entrado en una especie de monólogo interior. Una serie de coincidencias estaba marcando mi destino y yo no iba a renunciar a él. En primer lugar, obsérvese mi nombre: Esteban Dedales. De ahí a Esteban Dédalus ( uno de los principales protagonistas del Ulises) hay solo un paso. El abuelo de Maruja (que murió hace poco) se llamaba Leopoldo Bulnes, y el padre de Maruja, Leopoldo Bulnes hijo, muy parecido a Laopoldo Bloom. Maruja se llama Maruja y está en el Ulises. Cunado nació Molly (todo el monólogo interior del Ulises) le pusimos Molly sin discusión.
   Otra cosa: Juan Enrique Menton era un personaje del Ulises, y Henriquez, el gerente del banco se llama Juan Matías Henriquez. En lo que atañe a Jota Jota hay que creer o reventar: todo un capítulo íntegro del Ulises, la parte donde lo humillan y abominan al pobre Bloom, tiene un protagonista que se llama Jota Jota, y fíjense que el maestro escribe Jota Jota, tal cual lo escribo yo. En fin, debe haber muchísimas analogías más que hasta yo mismo ignoro. Todo esto: si lo habremos analizado profundamente con Jota Jota Damico en aquellos inolvidables mediodías en la Londres.
   ¿Por qué será que a la distancia uno valora más las cosas? Esta noche , acá en Irlanda escribiéndole a Jota Jota en mi castillo, que se llama"Dublín al sur" en homenaje a Buenos Aires, que nunca olvido, como no me olvido de la nena, que para esta época debe estar tan grande, pienso que Jota Jota tenía razón cuando me decía: "Mira, Esteban, la sensualidad es un producto de la ausencia."
   Y así no más es, porque yo devolví las púberes a sus madres respectivas y el 17 de marzo de este año, día de San Patricio mártir, santo patrono de Irlanda (no podía fallar), me casé.
                                                                   
   Me casé con Patricia Boyle O'Connor Fitzmaurice Farrell. Y aquí viene el más curioso de los índices de mi destino: como Patricia había nacido el día de sus santo, el 17 de marzo, fue la única de las púberes a la que no hubo que cambiarle el nombre.
   Además hay otra cosa: esa noche no la olvidaré  mientras viva. Y no porque encontrase una gran diferencia  que digamos entre Patricia y las 77 o 78 púberes con las que llegué a acostarme, y que, dicho sea de paso, las púberes no tuberculosas son lamentables. Bueno, por una serie de implicancias que Jota Jota me entendería muy bien, miran como ovejitas, no saben lo que les pasa, se acuerdan de la primera muñeca, algunas se ponen a llorar pensando en su noviecito de Belfast, en fin. También puede ser que yo tuviera mis ricos problemas de conciencia, lo reconozco. Y sobre todo, la foto del maestro mirándome con la lupa . Bueno, la cuestión es que entre Patricia o Telésfora, o entre Patricia y Pabla Navarra o Emeteria, por mencionar sólo algunas, no enconytré ninguna diferencia notable. No, ninguna diferencia y, ahora sí lo recuerdo (fíjense lo que es el inconsciente) , cada noche se me venía nomás la imagedn del maestro, que mucha liberalidad, mucho lenguaje, mucha crudeza pero bien que tenía su corazoncito de buen católico irlandés, y en mi familia, modestia aparte, algo de celta tenemos. Por eso, al dcecirf que con Patricia fue distinto me estoy refiriendo a aquel detalle que por sí solo es inolvidable y que la pinta a Patricia de cuerpo entero, y eso sin entrar a hablar de su sentido de organización, ni de la capacidad práctica que tiene ni de lo excelente administradora que es.
   Fíjense: el 17 de marzo estoy yo en la cama, consultando la agenda para verf que púber me toca, cuando veo a Patricia en camisón con las manos atrás como escondiendo algo.
   -Pasá nomás piba -le digo en gaélico. Un gaélico más o menos todavía, porque recién empezaba a estudiar con Keogh Kilkenny.
   Patricia, nada, se queda ahí, parada sobre la alfombra, sonriendo.
   -¿Qué pasa, piba? -le digo.
   Entonces Patricia va, saca las manos de atrás y me entrega el Ulises.
   Ahora bien, yo tengo acá, en un estante especial sobre la chimenea, creo que todas las versiones inglesas  que existen sobre el Ulises. Hasta la edición de la librería "Shakespeare y Cía." de París, tengo. Fue lo primero que hice ni bien bajé del avión en Londres, antes de poner el pie en Irlanda, antes de comprar "Dublín al sur",antes que nada. Comprarme todas las ediciones del Ulises, aún las incunables, las inhallables y los primeros ejemplares numerados para bibliófilos. Lo hice porque le sentía. Como una deuda de gratitud hacia el maestro. Pero cuando vi en las manos de Patricia mi Ulises, la tradución argentina de Salas Subirat, Santiago Rueda Editor, la única que existe en castellano, cuando vi en sus manos mi vieja, querida, ajada y subrayada traducción del Ulises que traje como único equipaje de mi Buenos Aires querido, que estoy mirando ahora sobre esta mesa, lloré. Yo, que no soy un tipo fácil para las lágrimas, lloré como una mujer.
   Pero eso no es todo,no. Porque a la mañana siguiente, ni bien bajo a la biblioteca donde estoy escribiendo ahora, me encuentro con otro detalle de Patricia, un detalle increíble que fue lo que me decidió a casarme con ella. Sobre la chimenea, al lado del retrato de Parnell que había apuesto Mrs. Conway, estaba una foto de Gardel.
   Miren, confieso que al ver la foto del morocho, en un castillo perdido entre los páramos de Irlanda, al lado del retrato de su héroe máximo, me conmovió hasta las fibras más íntimas de mi sensibilidad. No digo que lloré, no,pero casi se me cae de las manos el Ulises que traía para ponerlo de vuelta en el estante.
   "¿Pero cómo habrá hecho para conseguirla cuando acá ni vermouth hay?", me acuerdo que me quedé pensando todo anonadado, en un monólogo interior donde buscaba afanosamente en la relación espacio-tiempo si ése no sería el momento crucial de mi destino, cuando de pronto escuché a mis espaldas la voz de Patricia.
   Me di la vuelta y la abracé todo emocionado. Le quise hablar de la foto, de lo que significaba el morocho par mí, pero Patricia, que estaba con el plano del castillo en una mano, un recibo y lápiz y papel en la otra me dijo, en su dulce gaélico, ocho cosas:
   1. Devolveré esas pobres chicas a sus casas. Pobres madres, cuánto las estarán extrañando.
   2. Y, al final ¿qué? Lo único que traen son gastos.
   3. Mirá, Esteban. nunca falta un buey corneta. Por ahí la cosa a los muchachos del IRA no les gusta ni medio.
   4. En este castillo se gasta mucha luz.
   5. Mrs. Conway es una gasto inútil.
   6. Acá tenés el recibo. Antigüedad, vacaciones, salario familiar, aguinaldo. Fírmálo.
   7. Keogh Kilkenny como profesor de Welch es un plomazo.
   8. Estando yo, ¿para qué lo querés?
   La verdad que Mrs. Conway era una vieja inútil. Hacía un guiso irlandés que daba asco. Muy estúpida la pobre vieja, pero fue la única que pude encontrar en Irlanda con es apellido. En Dublín había unas viejitas macanudas, pero todas O'Connor, O'Rourke y O' Donnel y ninguna Conway. Y tenía que llamarse Conway, porque Conway se llamba la institutriz que tuvo el maestro cuando era pibe.
   Patricia echó también a Keogh Kilkenny, y esto me dio pena. Se parecia un poco a Jota Jota Damico y me enseñaba el irlandés prostibulario para que yo pudiese provocar a los habitués de la taberna en  mis peleas mensuales, y me traía las capas de Belfast y se ocupó de conseguirme el arpa, y me consiguó mi hermoso caballo blanco y los dos perros para que me lamiesen las botas, y si bien Mulligan y O'Rourke resultaron dos reverendos perros tarados, no fue por culpa de Keogh Kilkenny, a quien siempre voy a recordar como una bellísima persona. En fin.
   Patricia cocina como los ángeles, casi tan bien como Maruja. Pero a los dos meses de tomar las riendas del castillo terminó con mis peleas mensuales. Fue sin decir agua va. Me levantó los puentes levadizos y no me dejó entrar. Y todo por una capa rota. Porque si yo volvía de la taberna con un ojo en compota o un tajo en la cabeza, Patricia no decía nada. Pero se ponía hecha un basilisco cuando volvía con la capa hecha andrajos. Las capas que usaba yo eran una hermosura. Me estaba mirando con el catalejo desde la ventana del ático del castillo. Yo traía la capa hecha girones. Era la tercera capa que volvía destrozada porque le había gritado maricón en gaélico a Alf Lenehan, el capataz de la hilandería que era un urso como de dos metros. Fue una pelea de antología. Hubiera faltado Hemingway nomás. La cuestión que Patricia fue y me levantó los siete puentes levadizos y me dejó fuera hasta la mañana. Casi me quedo helado. me la pasé tiritando, mirándome las botas, mientras se disipaba la neblina y el pobre Beckett, muerto de hambre, daba vueltas y vueltas por el páramo buscando una miserable brizna de pastito para mordisquear.
   Hasta que al fin, como a eso de las 10, Patricia ya más calmada, nos dejó entrar. Me llevó a la biblioteca y sobre este mismo escritorio me demostró con lápiz y papel que el rubro "Peleas mensuales taberna" daba pérdidas. Excelente administradora, Patricia.
   Esa misma tarde Patricia vendió a Beckett. se lo vendió al teniente Nosey Flynn en el cuartel de fusileros irlandeses. Era un hermoso caballo blanco. Un pura sangre irlandés que entraba al galope a la taberna como si fuera humano. Yo le había puesto Beckett porque Beckett fue el secretario del maestro desde 1922 hasta 1929. El teniente Nosey Flynn, ¿qué nombre le habría puesto?
   Patricia también vendió el arpa. Puso un aviso en el Daily Worker de Dublín y al otro día vino un camión a buscarla. Como era tan grande tuvieron que sacarla por "Puente Alsina", el puente levadizo número 5. Extraña analogía del destino. aunque mirándolo bien , era mucha arpa para mí. Y después, que ninguna de las púberes tuvo suficiente sensibilidad como para tocarla.
   En noviembre, Patricia fue a lo del comisionista. Compró acciones del carbón de Cardiff y cambió los dos perros  por catorce bolsas de trigo candeal. En realidad, los perros me resultaron un fracaso. No había forma de que me lamiesen las botas. Con Keogh Kilkenny lo habíamos intentado todo: desde  usar pedazos del mismo cuero, de la misma partida que se hicieron para hacer las botas, y darles la comida ahí, hasta untar las botas con un alimento especial para dogos inapetentes que Keogh Kilkenny consiguió en el Ulster. Nada, no había forma. Keogh Kilkenny llegó a ponerles un instructor islandés, no irlandés: islandés, nacido y criado en Islandia, en Reykjavik, acostumbrado desde pibe a tratar con perros, pero no hubo caso.
   Lo peor es que el alimento para dogos inapetentes despedía un tufo insoportable y yo tenía un olor en las botas francamente apestoso. Mulligan y O'Rourke, los dos tarados, salían corriendo apenas me veían. Y no solamente los perros. Yo tenía la costumbre de entrar en la taberna a todo galope. Me gustaba. Me parecía romántico. Montado en Beckett salía por el puente levadizo número 7 que se llama "Almagro de mi vida, cuando yo te vuelva a ver" y atravesaba el páramo hasta la taberna a todo lo que daba Beckett cantando "mi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver". Yo me había hecho ilusiones de que los obreros textiles y los pobres borrachos me reconocían por las estrofas inmortales a setecientos metros de distancia, pero no, era por el olor.
   Patricia trajo al papá y a la mamá a vivir con nosotros. Están en el ala derecha, sobre la explanada que da a "Corrientes y Esmeralda".
   "Corrientes y Esmeralda" es el puente levadizo número 1. En total hay siete puentes levadizos en "Dublín al sur". Curioso número, como lo menciona Joyce. Eñ número uno que se llama "corrientes y Esmeralda"; el dos "San Juan y Boedo"; el tres, "Pepirí"; el cuatro "Cafferata"; el cinco, "Puente Alsina" (es el más grande); el seis, "Madreselvas en flor" (y en él curiosamente ha crecido un rododentro) y el séptimo "Almagro de mi vida".
    Nada más. Ahora en el silencio de esta noche, mientras le escribo a Jota Jota, oigo el crepitar del coque de Cardiff en el fuego y me recuerda a Maruja haciendo pororó.
   "Te vas a comer un guiso irlandés de locura", le voy aponer a Jota Jota. "Patricia cocina casi tan  bien como Maruja." También le voy a poner que se traiga unas cuantas botellitas de Gancia porque acá no hay. Sí, Termino esta carta y me pongo a leer al maestro.



            Fernando R. Lafuente, ABC cultural, 7  febrero 2015: Isidoro Blaisten, Joyce al Sur
            El País, 2004,El "Ulises" de Salas Subirat



Isidoro Blaisten, Dublín al sur y otros relatos, Ediciones lengua de trapo, Madrid,1996
Isidoro Blaisten, Cuentos completos,Emecé, Buenos Aires, 2004

12 enero, 2015

El "Sí" final de Molly




Para Peter Mendelsund diseñar la portada de un libro supone un reto: lograr a la vez un objeto impactante, enigmático  y moderno, sin producir imágenes  previas  que  condicionen las imágenes que el lector  va creando a medida que se  sumerge  en la lectura y para ello busca condensar una idea en una forma elocuente, y atractiva ...pero abstracta.

                                             Escaparate con portadas de  Mendelsund


En un  breve reportaje  de El País, - cosas que ve un cerebro al leer un libroMendelsund  explica aspectos de su  método de trabajo   y  de cómo planeó la portada que más le haya costado crear,la de  Ulysses de Joyce, libro que dice adora y que , según él " nunca había tenido una portada que hiciera justicia al genio de Joyce" .



El  diseñador  no tiene en cuenta la portada de la 1ª edición del Ulises, de la que Joyce se había ocupado personalmente y con  terca determinación para conseguir la  exactitud de  lo que buscaba simbolizar: el azul de la bandera griega y tal vez del mar de Ulises. La entusiasta librera y editora Sylvia Beach lo cuenta en Shakespeare & Cº:

" Uno de mis problemas fue el papel para las tapas del libro. El normal deseo de Joyce de vestir su libro con el bonito tono azul de la bandera griega fue la causa de una de nuestras mayores dificultades.¿Quién iba a pensar que no podríamos encontrar el bonito tono azul de la esta bandera ?Una y otra vez Darantiere vino a París y estuvimos haciendo pruebas mezclando diferentes azules, descubriendo que la nueva muestra no se parecía nada al azul de la bandera griega que ondeaba en Shakespeare and Company en honor de Ulises ."  

A Joyce para presentar su universo, le bastaron un color y  sobrias letras romanas, que refuerzan el sentido clásico, de un libro  rompedor, todavía. La portada del Ulysses del 2 de febrero de 1921,  resulta  intemporal y  contemporánea.


" ...y las muchachas españolas riendo con sus mantillas y sus peinetas y la subasta por la mañana los griegos y los judíos y los árabes y quién sabe Dios quién más  de todos los rincones de Europa y Duke street y el mercado de aves todas cloqueando delante de Larby Sharon y los pobres burros sueltos medio dormidos a la sombra en los es calones y las grandes ruedas de las carretas de bueyes el viejo castillo con miles de años y aquellos guapos moros todos de blanco y con turbantes como reyes invitándote a que te sentaras en sus pequeñas tiendas y Ronda con las  viejas ventanas de las posadas 2 ojos que miran una celosía oculta para que el amante bese la reja y los ventorrillos medio abiertos por la noche y las castañuelas y la noche que perdimos el barco en Algeciras y el sereno de un sitio para otro sereno con su farol y O aquel abismal torrente O y el mar el mar carmesí a veces como fuego y las puestas de sol gloriosas y las higueras en los jardines de la Alameda  y todas aquellas callejuelas extrañas y las casas de rosa y de azul y de amarillo y las rosaledas y los jazmines y los geranios y las chumberas y el Gibraltar de mi niñez cuando yo era una Flor de la montaña  cuando me ponía la rosa en el pelo como hacían las muchachas andaluzas o me pondré una roja sí y cómo me besaba junto a la muralla mora y yo pensaba bien lo mismo da él que otro y entonces le pedí con la mirada que me lo pidiera otra vez  y entonces me preguntó si quería decir sí sí mi flor de la montaña y al principio le estreché entre mis brazos  y le apreté contra mí para que sintiera mis pechos todo perfume  y su corazón parecía desbocado y  dije  quiero. ."       
Trieste-Zúrich-París/1914- 1921


Ulises es una lectura a la que  siempre se desea volver para encontrar una vez más la gran magia de Joyce.  De momento leer sólo algunas  páginas,  hasta la  908, la final. Hasta el último de Molly Bloom  que  ha inspirado el YES de Peter Mendelsund, al diseñar la singular portada de la versión inglesa,La noticia  del periódico ha servido  para abrir el libro otra vez y no es poco.






James Joyce, Ulises. Cátedra, 2005
Sylvia Beach, Shakespeare &Company, Ariel, 2008

21 octubre, 2014

JOSÉ GUERRERO pintor de "LA ESCUELA DE NUEVA YORK"







José Guerrero es uno de los grandes pintores españoles contemporáneos. El 27 de Octubre se cumple el centenario de su nacimiento en  Granada, y su ciudad, le dedica una gran retrospectiva: The Presence of Black. Las obras están repartidas entre  el Palacio de Carlos V de  La Alhambra y  el Centro José Guerrero.
                                                   José Guerrero en el taller.

                                   Dos hilanderas, 1948. El tipo de figuración antes del Expresionismo Abstracto

                           
Guerrero (1914-1991) estudió en la Escuela de Artes y Oficios de su ciudad y entre 1940-45 en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid,costeándose la estancia dando clases de dibujo y realizando carteles de cine. Obtuvo becas que le permitieron visitar Roma y París,donde conoció a los maestros de la vanguardia, Matisse, Picasso, Miró, Klee...y en 1949, recién casado con una periodista estadounidense se fue a Nueva York, la ciudad que iba sustituyendo a París como capital mundial del arte.                           


Hasta 1949 en sus -paisajes, naturalezas muertas, escenas-. se perciben influencias de Picasso y de la Escuela de París. Es pintura figurativa pero  con un énfasis en la construcción de las superficies, en el marcado  sentido del ritmo,la energía  del dibujo, y disposición de las masas de color  que permanecerán cuando se convierta en un pintor radicalmente abstracto en los años neoyorquinos. 

                      
En Nueva York  encuentra  la pintura de Pollock,Rothko, Motherwell,De Kooning,Kline... como un deslumbramiento y a partir de ella busca su camino. 


A la action painting o Expresionismo Abstracto neoyorquino incorpora constantes de la tradición española, dramatismo, austeridad,suntuosidad del negro...que hace que las telas, de Guerrero, -pura abstracción, solo color y formas sólidas pero indeterminadas-, alguna vez, recuerden al Goya de los cuadros de historia (Los fusilamientos de la Moncloa...) en su cromatismo y vigor.
                                         












En 1954 es elegido para participar en la exposición titulada Younger American Painters. A Selection, lo que indica que  se le consideraba integrado en el mundo artístico de la ciudad y lo confirma que  el Museo Guggenheim adquiera un cuadro, Three Blues, para su colección. Ese año había obtenido la nacionalidad estadounidense.
Entre 1950 y 1966 participa  en exposiciones colectivas e individuales. José Guerrero llegó a Nueva York con 35 años y volvió a España veinte años después y desde entonces hasta su muerte vivió entre España y EE.UU. 
La pintura de José Guerrero se impone por la monumentalidad de las formas en grandes formatos, la intensidad cromática y la impronta gestual con que los artistas del expresionismo abstracto pretenden incorporar a la pintura la huella del cuerpo y el automatismo psíquico heredado de los surrealistas. 
Los colores con pincelada precisa y constructiva son extendidos  en planos de color  cuidadosamente ensamblados con expresivos perfiles  de contacto cargados de enigmático lirismo.  
Otro gran pintor contemporáneo, Luis Gordillo, de estilo muy diferente, escribe  recuerdos de ambos y de un encuentro en la exposición que dedicó a Guerrero el Museo Reina Sofía en 1994: 
"Descubrí a un Guerrero distinto al que tenía en la cabeza, que era la de un pintor libre, gestual y espontáneo. Viendo su exposición me di cuenta de que era todo lo contrario: un artista muy controlado, frío incluso, que sabía lo que hacía en cada momento y que preparaba a conciencia los resultados de su pintura. Descubrí a un José Guerrero menos intuitivo y más racionalista y eso hizo aumentar mi interés por él".(El Cultural de El Mundo, oct 14)
Además de pintura en sentido más tradicional Guerrero realiza "frescos portátiles".  La temprana beca que le llevó a París estaba destinada a dominar la técnica del fresco, pero José Guerrero no utiliza la pared como soporte -que es lo habitual en el fresco- él realiza " frescos portátiles" de distintos tamaños, en los que explora las  posibilidades matéricas del collage, integrando en la pintura escultura e incluso aspectos  de la arquitectura (arenas, ladrillos, cemento...). En la exposición de Granada se exponen junto a lienzos y dibujos.



02 agosto, 2014

John FANTE & Charles BUKOWSKI "El Vino de la Eternidad"






La  biografía de  John Fante en Wikipedia recuerda cómo sus novelas pasaron bastante desapercibidas hasta que Bukowski las "rescató" invocando el nombre de Fante como una de sus influencias principales. Los versos conmovidos   de El vino de la eternidad  son testigo.

Es difícil saber cuál de las historias que componen El vino de la juventud, es la que lee Bukowski esa tarde. Pudiera ser Camino del Infierno o  cualquiera de las otras historias que componen el libro, o alguna de sus otras entrañables novelas. Pero la voz de John Fante sería la misma, sencilla, precisa, capaz de tender  el vasto puente  que lleva hasta las cosas puras y mágicas,que hieren y desgarran, según  Bukowski.  

 Una biografía :John FANTE, la gran tragicomedia americana





el vino de la eternidad


releo en la cama algo de
El vino de la juventud 
de Fante
en esta tarde 
mi enorme gato
CUBILETE
dormido a mi
lado.

la escritura de algunos
hombres
es como un vasto puente
que te lleva
hasta
las muchas cosas
que te hieren y desgarran.

las emociones
puras y mágicas de Fante
impregnan el claro
verso
sencillo.

que este hombre muriera de
una de las más lentas y
terribles muertes
que haya presenciado o
me hayan
contado...

los dioses no tienen
favoritos

dejo caer el libro
a un lado.

el libro a un lado,
el gato al
otro...

John, haberte conocido,
incluso de aquella manera
ha sido el acontecimiento de mi
vida. no puedo decir
que habría muerto por
ti, eso no lo habría llevado
muy bien.

pero me alegro de haberte visto
otra vez
esta 
tarde.

The wine of forever/ re-reading some of Fante's/ The wine of Youth/in bed/ this mind-afternoon/my big cat/ BEAKER/asleep beside/me//the writing of some/men/is like a vast bridge/ that carries you/ over/ the many things/ that claw and tear.//Fante's pure and magic/ emotions/ hand on the simple/ clean/line.//that this man died/ one of the slowest and/ most horrible deaths/ that I ever witnessed or/ heard/ about...//the gods play no/ favorites./I put the book down/ beside me.//book on one side,/cat on the other.../John, meeting you,/ even the way it/ was was the even of my/ life.I can't say/ I would have died for/ you, I couldn't have handled/ it that well.//but it was good to see you/again/this/ afternoon.



***Charles Bukowski, Los placeres del condenado, Visor, 2011
***Charles Bukowski, The pleasures of the damned, HarperCollins (original inglés)



,

                                            

                                                  CAMINO DEL INFIERNO


                                                                      I

   Cuando vas a confesar debes contarlo todo. Quien esconde un pecado se mete en problemas de inmediato, porque aunque engañes al cura, no es fácil engañar a Dios. En realidad, no puedes. Todos los viernes, en Santa Catalina, recibimos instrucciones en el confesionario. Nuestra maestra es la hermana Mary Joseph, que es la que nos habla de la omnisciencia de Dios, que significa que lo sabe todo. Lo ejemplifica con la historia del Muchacho que intentó esconder un pecado en el confesionario.

   La hermana Mary Joseph nos contó que este chico era un buen Muchacho. Estudiaba con ganas y sacaba buenas notas. Obedecía a su padre y a su madre y rezaba sus oraciones por la mañana y por la noche. No decía palabrotas y todos sus pensamientos eran puros. Todos los sábados se confesaba y todos los domingos por  la mañana iba a comulgar. Como puede verse, no había nada malo en un Muchacho como aquel.

   Pero era como todo. En cuanto un chico se porta bien, llega el Diablo, es decir, la Tentación. Incluso un buen Muchacho como aquél tenía un montón de tentaciones. La hermana Mary Joseph decía que un día este Muchacho iba paseando por la ciudad, engolfado en sus cosas, cuando llegó a un escaparate en el que se veían muchos bates y guantes de béisbol. El Muchacho era pobre.Tenía un guante de béisbol, pero no era muy bueno. En fin, el caso es que siempre había querido uno nuevo. En el escaparate vio la miel y de inmediato la deseó con todas sus fuerzas. Cuando quieres algo con todas tus fuerzas, sobre todo si es algo que no puedes tener, se llama tentación. Él quería ese guante, pero sabía que no podía comprarlo, así que debería haberse olvidado de él. Pero no. Se quedó delante del escaparate y , cómo no, el Diablo fue a verlo. Yo sé cómo se sentía aquel Muchacho, porque he oído al Diablo a menudo, y parece que siempre esté delante de los escaparates esperando que acuda algún chico, sobre todo un chico  deseoso de un guante nuevo, o de una pistola, o de cualquier cosa que cueste mucho dinero. 

   El Diablo le dijo al Muchacho:
   -Niño mío, no seas ingenuo. Quieres ese guante y cuesta cinco dólares. Tu padre no los conseguirá, eso son habas contadas. Así que  utiliza la cabeza. Entra en la tienda y coge el guante. Es un pecado, pero ¿y qué? Has sido un buen chico siempre, ¿y qué has  conseguido? ¡Nada! ¡Sé listo!
   El Muchacho miró el guante y se vio a sí mismo atrapando las pelotas de béisbol con una mano. Vio a los otros chicos de la ciudad apiñándose a su alrededor, acariciando su suave piel, haciéndole un montón de preguntas, suplicándole que jugara en sus equipos.
   Entonces aparecía el Ángel de la Guarda de el Muchacho. La hermana Mary Joseph decía que el Ángel de la Guarda consolaba al Muchacho y era muy paciente con él.
   -Mi dulce niño, recuerda que eres un buen chico, y Dios está muy contento de ti -argüía el Ángel-. Todos los guantes de béisbol de la tierra , y todos los guantes de béisbol, no valen lo que vale un segundo de gozo en el Paraíso. Si robas ese guante Dios se enfadará mucho. Te castigará, pues nada puede ocultarse a los ojos de Dios Nuestro Señor.

   De repente, la hermana Mary Joseph interrumpía el relato. Toda la clase escuchaba con la boca abierta. Las chicas estaban en un lado de la clase y los chicos en el otro. Nos moríamos de ganas de que continuase la historia. La hermana Mary Joseph cruzaba las manos y sonreía.
   -Y, ahora -decía-, ¿quién puede contarme lo que hizo el chico? ¿Fueron más convincentes las palabras de Satán o las del Ángel de la Guarda? ¿Robó el guante o siguió en estado de gracia al resistirse a la tentación? ¿Quién quiere dar una respuesta?
   Todas las manos de la clase se levantaron y agitaron como una bandera. A todos se nos dio la oportunidad de decir algo. Entonces ocurrió algo extraño. Todas las chicas dijeron que el Muchacho no robaba el guante y todos los chicos dijeron que lo robaba. Nos pusimos a discutir. La discusión iba subiendo de tono, pero los chicos llevaban las de ganar, porque imaginábamos que el Muchacho de la historia era como nosotros, y casi todos nosotros habíamos robado alguna cosa.
   Clyde Myers dijo:
   -¡Seguro que lo robó! Si no lo robó es que era un chico muy raro.
   -¡Vaya, vaya, Clyde Myers! -exclamó la hermana Mary Joseph.
   
   Entonces me llegó el turno. Mi familia era pobre, así que sabía lo que tenía que decir, porque yo he birlado muchas cosas en mi vida, cosas que cuestan dinero. Quiero decir que nunca tuve muchos caramelos porque eran muy caros, así que los mangaba en la tienda de Todo a Diez Centavos. Pero había otras muchas cosas que nunca se me había ocurrido robar, porque ya las teníamos en casa en abundancia. Por ejemplo espaguetis. Bueno, mi familia era pobre pero en casa siempre había kilos de espagutis, así que nunca se me ocurrió robar espaguetis. Pero si los espaguetis fueran tan buenos como los caramelos, y tan difíciles de conseguir, habría robado un montón.
   -Entró y robó el guante -dije- y eso es lo que hizo.
   Clyde Myers y yo éramos amigos. Su familia no era pobre, pero no le comprarían un guante de béisbol porque temían que se rompiera el cuello o algo parecido jugando al béisbol. Y lo que pasaba es que Clyde había robado un guante no uno nuevo en una tienda, sino uno viejo en el gimnasio.
   -No- objetó Clyde-. Si lo robó fue porque su familia no le dejaba tener un guante.

   Así que lo que ocurrió fue que los chicos se pusieron en el lugar del Muchacho y cada uno adujo una razón diferente para que el Muchacho robara el guante. Pero todas las razones eran muy buenas. Las chicas, en cambio, no tuvieron ninguna posibilidad. Ellas no querían que el muchacho de la historia fuera un ladrón, así que decían que no lo era y ya está. Pero la idea cayó en saco roto. A las chicas no les gustó la situación, porque sabían que iban perdiendo el debate. Casi llegó a convertirse en pelea. Entonces las chicas se enfurruñaron y se enfadaron. Al cabo del rato ya no quisieron levantar la mano. Fingían que ni siquiera estaban escuchando. 
   Y la hermana Mary Joseph continuó con la historia:   
   -Por desgracia -dijo-, los chicos tienen razón en este caso. El héroe de nuestra pequeña historia sucumbió a la tentación. Haciendo caso omiso de los consejos del Ángel de la Guarda, entró en la tienda y, cuando los ojos del propietario estaban mirando a otro lado, se dejó vencer por la tentación, desobedeciendo así lo que prescribe Dios en el octavo mandamiento. A pesar de la angustia y las protestas de su querido Ángel de la Guarda, a pesar de la tortura de su propia conciencia, sucumbió a su debilidad y, alentado por la mano de Lucifer, cometió un pecado mortal...                                                                

    Con todo aquello la hermana Mary Joseph quiso decir que el Muchacho entró en la tienda, vio que no había moros en la costa, se metió el guante debajo del jersey, pegado a la barriga, y salió corriendo. Al día siguiente apareció en la escuela con un bonito guante de béisbol sin estrenar. Tal como había imaginado, todos los chicos lo envidiaron. El problema empezó cuando le preguntaron de dónde había sacado un guante tan chulo. Les dijo que se lo había dado su padre. Ésa fue la Mentira Número Uno. Alguien le preguntó cuánto le había costado. El Muchacho dijo que no lo sabía. Ésa fue la Mentira Número Dos, pues el guante estaba valorado en cinco dólares. Inmediatamente siguió la Mentira Número Tres; el muchacho vio la oportunidad de poner a los demás verdes de envidia y contó a sus amigos que el guante era en realidad un regalo que había hecho Babe Ruth a su padre. Esto incitó a los chicos a preguntar al muchacho cómo era que su padre conocía a un jugador tan importante como Babe Ruth. El chico les ofreció las Mentiras Número Cuatro y Número Cinco al decirles que su padre y Babe  habían ido juntos a la escuela en San Francisco, donde habían jugado en el mismo equipo. La Mentira Número Seis fue aún peor. El muchacho contó a sus amigos que Babe Ruth consideraba a su padre lo bastante bueno para  jugar en las grandes ligas. La Mentira Número Siete fue terrible. El muchacho contó que, en realidad, su padre había sido un gran jugador de béisbol de liga mayor, con los Boston Red Sox.

   Al final de la semana, el Muchacho había contado tantas mentiras que sólo Dios, que lo sabe todo, conocía el número exacto. el muchacho había aprendido que el funesto camino que conducía a la fama y alas cosas de la carne pasaba por robar y por mentir para disfrazar el robo. Era como una bola de nieve que rodara colina abajo, que aumentaba de velocidad con cada vuelta. No había forma de  pararla. Estaba en el Camino del Infierno.
  



II

   Al llegar el sábado, el muchacho tuvo la oportunidad de confesarse, contar sus pecados y volver al Camino del Paraíso y la gracia santificadora. La hermana Mary Joseph se detuvo de nuevo. Todos los alumnos estaban preocupados por el Muchacho. Nos sentimos mejor cuando la hermana dijo que fue a confesarse ese sábado. Ah, pero ocurrió algo horrible. Había sido compañero de Lucifer demasiado tiempo. Cuando entró en el confesionario, un gran temor invadió al Muchacho. No fue capaz de contarle al cura que había robado un guante de béisbol. Estaba bajo la maldición del Diablo. Tosió, tartamudeó y finalmente se rindió. El cura no sabía que el Muchacho le estaba ocultando algo, así que le dio la absolución e hizo la señal de la cruz. El Muchacho salió de la iglesia bañado en sudor y Satanás reía como un desalmado, porque Satanás sabía que le había jugado una mala pasada al cura. 

   Pero no a Dios, porque eso es imposible. Durante toda la noche el Muchacho pensó en lo que había hecho. El gusano de la conciencia lo roía por dentro como una rata gorda, y no pudo pegar ojo. ante el se abrían las fauces del Infierno y a sus espaldas titilaban los candiles del camino que conducía a la Dicha Eterna. ¿Estaba condenado este Muchacho o no ? La hermana Mary Joseph se quitó las gafas y las limpió, y su rostro estaba impasible y algo triste. Por lo que sabíamos, algo horrible iba a suceder. Se puso las gafas y habló. Mal lo tenía el pobre Muchacho.

   Ocultar un pecado en el confesionario ya era malo de por sí, un pecado mortal, pero comulgar después era el peor pecado posible, un sacrilegio. El domingo por la mañana el Muchacho se levantó y con cara de sueño fue a misa con sus padres. Era una familia piadosa y humilde que siempre comulgaba el domingo por la mañana. Entonces llegó la gran prueba. ¿Se atrevería el Muchacho a decepcionar a sus padres y ser piedra de escándalo no comulgando? ¿O caería más profundamente en las garras de Lucifer? El Muchacho se encontraba en una tesitura difícil. Si no comulgaba, su familia sabría que algo iba mal, y después de la misa lo obligarían a cantar de plano. Eso significaría la pérdida del guante de béisbol de nuevo, además de la zurra que le daría su padre, que era un hombre piadoso que le tenía horror al demonio. Pero si mantenía la boca cerrada y comulgaba, engañaría a sus padres y seguiría y teniendo el guante. Ah, sí, pero ¿podría  engañar a Dios? He ahí la cuestión.

   Y entonces fue cuando el Muchacho cometió el gran error. Hasta entonces había engañado a sus amigos, al cura y a sus padres. Ebrio de poder y hechizado por Satán, desafío al Ser Supremo. Y allí, arrodillado al lado de sus humildes padres, tomó la decisión que resultaría un error fatal. Con pecado o sin pecado, con Dios o con el Diablo, quería aquel guante de béisbol. Decidió, que pasara lo que pasara, iría a comulgar.

   Concluida la consagración, anduvo por la nave central y se arrodilló en el comulgatorio. Al lado de sus humildes padres  esperó a recibir el Santísimo Sacramento. ¿Conocería el cura el negro horror del alma de aquel  Muchacho? ¿Ocurriría un milagro?  ¿Fulminaría Dios con Su ira a aquel pecador que se había vendido a Lucifer? Ninguno de la clase lo sabía. Era la historia de la  hermana  Mary Joseph y no podíamos adivinar el final. Pero la verdad es que la cosa pintaba mal para el Muchacho.

   El cura bajó del altar y dio la Sagrada Comunión a los miembros de su grey. La madre y el padre del Muchacho la recibieron, inclinando la cabeza, humilde y piadosamente. Entonces le llegó el turno al Muchacho. Levantó la cara y el cura puso la hostia en su lengua. No pasó nada, salvo que Lucifer rió por lo bajo, y el Muchacho inclinó la cabeza. Es decir, no pasó nada en aquel momento.

   Pero cuando volvió a su banco, el Muchacho experimentó una ligera transformación. Sintió una rigidez en los huesos, empezando por los pies. La rigidez avanza hacia arriba. Le llegó a las rodillas. Luego a la cintura. Poco a poco empezó a subirle por la espalda. Le llegó al cuello y siguió en busca de los ojos y las orejas. Y seguía avanzando. Finalmente lo cubrió entero. Dios había respondido al desafío de Lucifer. El Diablo dejó de burlarse y huyó. ¡Porque el Muchacho se había convertido en piedra!

   Cuando oímos aquello, también nosotros nos quedamos de piedra. Toda la clase se sumió en un silencio sepulcral. Hasta que nos dimos cuenta que la historia de la hermana Mary Joseph había terminado. Había erguido el busto y sonreía. 
   -Y la moraleja de la historia es ésta -dijo- . Hay que decir siempre la verdad, en el confesionario o fuera de él. Evitar la tentación. No pensar nunca en robar. No contar pequeñas mentiras ni grandes mentiras ni ninguna clase de mentiras. Sed sinceros hasta el final.
   La clase dio un suspiro de alivio. ¡Algunos de nosotros exclamamos uuuufff! Nos alegramos de que la historia hubiera terminado.                                                                  

                                                                               
                                                                   
                                                                                   
                                                                                   III
   


   Después de clase, Clyde Myers y yo íbamos por el centro de la ciudad. Íbamos haciendo el tonto, mirando los escaparates. El escaparate de la ferretería estaba abarrotado de equipos de béisbol: pelotas, bates y guantes.
   -Vamos a entrar -dijo Clyde-. Diremos que solo queremos mirar.
   Clyde se fue por un pasillo y yo me fui por el otro. Los dependientes no nos hicieron ningún caso. Había un cesto lleno de pelotas de béisbol. Podía haber cogido las que hubiera querido, pero no me apetecía. Nos cruzamos en la parte trasera de la tienda y Clyde recorrió mi pasillo y yo recorrí el suyo. Nos encontramos en la parte delantera y volvimos a la calle.
   -¿Has cogido algo?- preguntó Clyde.
   -No -respondí.
   -Yo tampoco.
   Nos quedamos un rato delante del escaparate, mirando los equipos de béisbol.
   -¿Crees que ese Muchacho se convirtió realmente en piedra? -preguntó Clyde.
   -Qué va -respondí-. No son más que tonterías.
   -Pues claro -dijo-,Un montón de bobadas.
   -Bueno -dije,  hasta luego.
   -Hasta luego -respondió-. Nos vemos mañana.



John FANTE, El vino de la juventud, Anagrama,2013
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