13 marzo, 2016

Natalia Guinzburg (1916-2016) y Emily Dickinson, Chéjov, Pasolini...









Natalia Levi (Palermo, 14 de julio de 1916- Roma, 1991)

Este año se celebra el centenario del nacimiento de Natalia Levi, que tomó el apellido de su marido Leone Guinzburg, intelectual comunista de origen ruso, detenido en la época fascista  y encarcelado. "Fue interrogado y golpeado por la policía alemana. Murió en la enfermería del Regina Coeli el 5 de febrero de 1944",cuenta la escritora en la breve Autobiografía en tercera persona que finaliza Ensayos.


Cuando tenía tres años la familia se trasladó de Palermo a Turin - siguiendo el destino universitario del padre profesor de medicina- .Allí  vivieron en peligro las tensiones fascistas agravadas por las leyes raciales de Musolini y la ocupación alemana de Italia en la segunda Guerra Mundial.  En 1983 Natalia Guinzburg asumió un escaño en el Parlamento como independiente del PCI. "Es miembro del Partido Comunista desde 1946 hasta 1952, convencida por su amigo Felice Balbo", dice de sí misma en la autobiografía citada. Tuvo hijos, se volvió a casar,trabajó muchos años en la Editorial Einaudi que había fundado Leone Guinzburg junto a  Pavese y Einaudi...fue amiga de Cesare Pavese, Ítalo Calvino, Giorgio Bassani, Pier Paolo Pasolini...
Novelista, ensayista, política..., actriz ocasional -dirigida por Pasolini representando  a María de Betania en  La Pasión según San Mateo. Entre  sus libros algunos especiales:


Antón Chejov, minuciosa biografía del  escritor ruso;  mínima en extensión pero en la que cabe todo -parecería milagroso, si no fuera una cuestión de talento-; obras,
estilo,sociedad...amistades, problemas personales ,familiares y sociales...trazado con exactitud y matices, en  apenas 84 páginas de pequeño formato


Léxico familiar,- premio Strega 1963-, memorias a partir de las expresiones coloquiales de cada miembro de la familia y su capacidad evocadora y al fondo el fascismo y 
antifascismo activos incidiendo en la vida de los protagonistas y su entorno. Padres y hermanos -y ella misma- vistos  desde perspectivas múltiples con perspicacia, comicidad,humor, ironía, sarcasmo, ternura...   y en la  que -como en todo lo que escribió-ofrece  una mirada distinta  para apreciar personas y situaciones ... ; y risas,  -muchas-,  y  sonrisas, a pesar de todo.


Giuseppe Levi (1872-1965), el padre de Natalia Guinzburg, anatomista e histólogo  de prestigio, grandullón, pelirrojo, todo un carácter, encabeza con sus sarcasmos expresivos el "léxico familiar". Profesor, colaborador y amigo de la premio nobel Rita Levi-Montalcini ésta se refiere a él con frecuencia en sus memorias, "Elogio de la imperfección", y en  el capítulo Despedida de un maestro y un país, que le dedica,  describe con afecto sus transitorios arrebatos de ira, su valentía política  durante el fascismo y su acusada personalidad científica.




Ensayos, editado por primera vez en español por Lumen,2009, al que pertenece el  texto sobre Emily Dickinson del post. Pero se podría haber elegido otro cualquiera de los 68  que forman el volumen.Cualquiera de ellos ofrece una visión memorable de algún aspecto de la vida en  prosa sencilla y límpida que deja trasparentar la necesidad de repensar todo y de no mistificar que debió ser un atractivo rasgo de su carácter. Las cuatro páginas de que consta "Autobiografía en tercera persona ", publicada en 1990 terminan así:

"Vive con su hija Susana, muy enferma desde los primeros meses de vida. La enfermedad de su hija le impide pensar en su propia muerte con tranquilidad. Todavía confía en la providencia, en el cariño de sus demás hijos, en los ángeles de la guarda." y precisa:"Cree en Dios, aunque de manera caótica, atormentada y discontinua".
.
 

Collage con  parte de los libros especiales y pasiones  extraordinarias de Natalia Ginzburg


Relacionado:Juan Tallón,  Editores en guerra



EL PUEBLO DE DICKINSON





Hace algún tiempo estuve en Amherst, el pueblo de Dickinson: un pueblo situado no muy lejos de Boston, en Massachusetts. Vi su casa. Vi también un vestido suyo en un armario, un vestido blanco marfil con bordados, que parecía un camisón, y una manta de anchas listas que se ponía sobre las rodillas cuando escribía. Pero entonces no conocía las poesías de Dickinson, ni sus cartas, y mi mirada era ociosa y despreocupada. Había leído algunos versos suyos, y tal vez alguna de sus cartas, pero no había entendido demasiado.No conservaba ni uno de sus versos en la memoria.

Amherst es un pueblo muy bonito, lleno de prados verdes, casitas pintadas de blanco diseminadas entre encinas,  entre hiedras, magnolias y rosas. Me pareció sin embargo que tenía, en su belleza, algo ñoño y pedante. Detrás de ese aspecto pedante y ñoño había un aburrimiento desolado y espectral. El pueblo debe haber adoptado su aspecto pedante tras la muerte de Dickinson , y a causa de ser la patria de una gran poeta. El espectro del aburrimiento debe de haber estado allí siempre. recuerdo haber pensado que Estados Unidos es sombrío y cruel en sus ciudades grandes, y donde no es sombrío y cruel, subyace un aburrimiento mortal.

Era verano, y había muchos mosquitos. Los mosquitos de Estados Unidos son distintos de los nuestros. No tienen ese zumbido ocioso y suave, sino que se abalanzan y atacan los rostros humanos en pleno día y en un silencio cínico. El silencio y la sombra del aburrimiento se extendían hasta más allá del horizonte sobre aquellos prados floridos y frescos. La cuestión es que visité Amherst pensando nimiedades sobre los mosquitos, sobre el calor de Estados Unidos, y no presté verdadera atención al lugar en que había nacido y muerto Emily Dickinson. Seguramente pensé también algunas nimiedades sobre Dickinson. Debí pensar que me resultaba antipática. Tenía sobre ella algunas nociones confusas y tenía en mente dos o tres cosas que me parecían irritantes: que amaba los pajarillos y las flores; que iba a esperar a los huéspedes con un vestido blanco (el del armario) y dos lirios en la mano; que salía poco de casa y que, a lo sumo, iba a visitar a su cuñada, que estaba a un paso; que le escribía cartas apasionadas a esta cuñada; que sus únicos interlocutores eran sus familiares, un tal señor Higinson a quien le mandaba sus versos y que le contestaba con pedantería, dos primas de Boston y alguna señora; que sus únicos amores, por otra parte nunca consumados, habían sido el juez Lord y el reverendo Wadsworth, o sea un anciano y un cura.


En estos días me he puesto a leer sus cartas y después, en mi pobre inglés, sus versos. Qué gran poeta era Emily Dickinson. Me ha sabido mal haber visitado su casa con tanta indiferencia. Debía de haber, colgado en su habitación, un retrato del juez Lord. Pero no reparé en él. Su casa y aquel pueblo verde cortés y melancólico fueron casi los únicos  lugares que vio durante su vida. Una vez fue a Washington y a Filadelfia (donde conoció al reverendo Wadsworth; lo amó; jamás se unieron; él le hizo alguna visita, dos o tres en el transcurso de veinte años) y realizó algunos breves viajes a Boston para curarse los ojos. Todo lo demás fue Amherst y solo Amherst. Algún incendio, bodas o funerales de amigos o familiares; intercambio de regalos (pollos asados, coronas de flores) entre ella y la cuñada; la muerte del padre ("su corazón era puro y terrible"), la larga enfermedad y la muerte de la madre; la muerte de un sobrino pequeño muy querido, hijo de la cuñada y el hermano; las raras visitas del reverendo Wadsworth ("su vida estaba llena de oscuros secretos") y la noticia de su muerte:


A todos los que perdemos algo nos despojan;

queda todavía un gajo sutil
que, como luna, alguna noche crepuscular
obedecerá al reclamo de las mareas.

Así que esta fue la vida de Dickinson, una vida parecida a la de tantas solteronas que envejecen en los pueblos; con las flores, el perro, el correo, la farmacia, el cementerio. Solo que ella era un genio. Hay infinitas solteronas que se pasan la vida escribiendo versos en las aldeas de campo, en soledad, con manías y extravagancias, y ninguna es una gran poeta; ella en cambio lo era. ¿Lo sabía? ¿No lo sabía? Escribió millares de poesías y nunca quiso editarlas, las cosía en cuadernillos con hilo blanco.


Esta es mi carta al mundo,

que nunca me escribió.

Era difícil que el mundo pudiera escribirle, puesto que estaba, y quería estar, sumergida en la oscuridad de una casa. Pero, en efecto, el mundo nuca le escribió, de ninguna manera porque, mientras estuvo viva, no le dio nada.Y por otra parte, su carta al mundo no pedía respuesta. A ella le horrorizaba la notoriedad (se habría sentido "como una rana") yse limitaba a enviar sus versos a un crítico literario, el señor Higginson debía ser una persona muy modesta. Ella sin duda se percató de ello, pero siguió sometiéndose a su juicio. Estuvo sola. Tuvo a su alrededor personas mediocres y de ideas limitadas. creo que ella las enriquecía con las generosas cualidades de su espíritu, y que solicitaba sus visitas, pero cuando iban a verla, a veces no tenía ganas de verlos y se limitaba a un breve saludo desde detrás de la puerta. Le escribió a una amiga suya, la señora Holland. "Después de que te marcharas, sobrevino el afecto. La cena del corazón está lista cuando el huésped se ha ido."No he encontrado ningún retrato de la señora Holland, en cambio he visto el retrato de otro amigo al que escribió un montón de cartas, el señor Bowles, rostro duro y fibroso de protestante, con barba de chivo.


¡Qué diferentes somos de Dickinson, en la actualidad! ¡No ha pasado ni siquiera un siglo desde su muerte y sin embargo somos tan distintos de ella! ¿Quién entre nosotros, siendo poeta, se plegaría a un destino oscuro de solterona de pueblo? Haría al menos algún intento de fuga. Ella nunca lo hizo. ¿Quién aceptaría hoy, para toda la vida, la cárcel familiar, la angustia de una vida tan tranquila y miserable? Nosotros vivimos quizá en las capitales y nos parecen provincias. Tenemos a nuestro alrededor un montón de gente y nos sentimos excluidos de la vida del universo. Estamos llenos de insatisfacción de la cabeza a los pies, siempre ansiosos,, nostálgicos, intolerantes. Nos parece pequeño el horizonte que nos aguarda, tenemos la perenne sensación de haber caído en un punto equivocado, y que la porción del horizonte que nos ha tocado es demasiado exigua. Albergamos el pensamiento secreto de que si nos hubiera tocado un espacio mayor del horizonte, y a nuestro alrededor un numero más grande de amigos e interlocutores, quizá habríamos podido tener un destino más elevado. No pensamos que los lazos familiares puedan enriquecernos el espíritu, nos ha tocado por casualidad y no creemos en la casualidad. La casualidad nos parece algo bastante vil y despreciable. Creemos tan solo en nuestras elecciones y nuestras elecciones son arrogantes, inquietas, caprichosas y agitadas. Estamos, no obstante, siempre con los prismáticos a punto, esperando que aparezca alguna. 


No escribimos cartas. Y de todos modos, jamás habríamos considerado digno de una carta a la señora Holland o al señor Higginson . Nunca habríamos enviados nuestros versos al señor Higginson. Habríamos pensado que era un idiota (y de hecho, quizá lo era). Nunca soñaremos con escribir versos toda la vida sin publicarlos. Estamos siempre ansiosos de editar cualquier cosa que escribimos. No por amor a la gloria, pero sí por la secreta esperanza de que alguien, nuestro interlocutor ideal, , recoja nuestra voz desde las profundidades del universo y nos responda.Y tal vez, si Dickinson pasara por nuestro lado, no sabríamos reconocerla.


¿Cómo reconocer el genio y la grandeza de una solterona vestida de blanco que va de paseo en compañía de un perro? Nos parece extravagante, y nosotros no amamos la extravagancia: amamos la locura. La locura no susurra, grita y viste colores brillantes y prendas excéntricas e inusitadas. Es cierto que ninguno de sus contemporáneos la reconoció. Pero sus contemporáneos no estaban allí con los prismático a punto, no tenían prismáticos. Deben de haber sentido, sin embargo, al pasar por su lado, un escalofrío profundo, porque la furia del mar embiste y convulsiona incluso los guijarros de los caminos y la hierba de los pantanos. quién sabe si nosotros seremos capaces de notar una sensación semejante. Quizá no. No la habríamos reconocido. Ni siquiera la habríamos visto. Insatisfechos, llenos de piedad por nosotros mismos, somos escépticos e  incrédulos ante todo lo que ocurre, en sucesos cotidianos y de provincias, cerca de nosotros. 


En sus versos jamás asoma la piedad por sí misma. Tampoco hay ecos de nostalgia o de melancolía, del deseo o las lágrimas por otra suerte. Nunca hay lágrimas. La suya es una afirmación de soledad voluntaria, inexorable y trágica.


Esta es mi carta al mundo 

que nunca me escribió.                         Enero de 1969




Relacionado: Juan Tallón, El País,28, abril, 16,Editores en guerra




Antón Chejov, Acantilado, 2006
Léxico Familiar, Círculo de Lectores, 2004
Ensayos, Lumen, 2009 



19 febrero, 2016

Leonardo SCIASCIA y BORGES. Homenaje borgiano





EL INEXISTENTE BORGES





"En cierto sentido -un sentido propiamente borgiano-Borges se lo ha buscado.Sus instancias al olvido, a la inexistencia, a la voluntad de ser olvidado, a no querer ser ya Borges, no podían, hasta cierto punto y con los aires que corren por el periodismo, sino generar la noticia de que Borges no existe. Así lo recoge Le Monde: "Según la revista argentina de derechas Cabildo, José Luis Borges no existe. En su último número la revista afirma que en realidad Borges ha sido creado enteramente por un grupo de escritores (Leopoldo Marechal, muerto, Adolfo Bioy Casares y Manuel Mujica Lainezque para dar vida a su personaje, han encontrado a un actor de segunda fila, Aquiles Scatamacchia. Y este actor, afirma el redactor de la revista, es el que encarna al inexistente Borges para la mass media. La impostura que habría sido descubierta por la Academia Real de Suecia encargada de la concesión del Nobel, ha impedido que el falso Borges fuera premiado, precisa la revista argentina, que hace un juego a lo Ajar sin saberlo. Pero ¿con qué finalidad?
La expresión "hacer un juego a lo Ajar" se refiere al caso, clamoroso en Francia, de Romain Gary, cuyo suicidio ha revelado una broma -que no lo era para Gary- dirigida a la intelligentsia francesa: sirviéndose de un joven pariente, Paul Paulowitch, y asignándole el seudónimo de Emile Ajar, Gary había publicado cuatro libros que nadie había reconocido como suyos y que habían tenido -como si fuera de un nuevo escritor, de una brillante revelación- un gran éxito.A continuación hay que advertir cómo, en el suelto de Le Monde, este ilustre diario colabora, sin quererlo, en la inexistencia de Borges rebautizándolo José, en vez de dejarle el genuino nombre de Jorge con el que (presumiblemente en la parroquia de San Benito de Palermo, de donde le viene el nombre de Palermo al barrio de Buenos Aires, siempre recordado y amado por Borges)  fue bautizado y con el que es conocido. Y prestando atención a este pequeño lapsus, la pregunta que se hace Le Monde -¿con qué finalidad la revista argentina ha inventado la inexistencia de Borges?- encuentra la respuesta que la propia revista no sabría dar (es evidente que sólo intenta crear un caso sensacionalista). Y es esta: la noticia de la inexistencia de Borges es una invención que está en el orden de las invenciones de Borges, fruto y perfeccionamiento del universo borgiano, del sistema. 
Y a cualquiera le puede sobrevenir la sospecha de que la invención de la inexistencia de Borges haya podido tener como autor al propio Borges: una especie de atajo inventado por él para conseguir anticipadamente la inexistencia. Si, en efecto, por un momento fingimos creer en la revelación de que Borges no existe y que sólo existe el actor Aquiles Scatamacchia (Aquiles Scatamacchia: ¡qué nombre de commedia dell'arte!) contratado por un grupo de escritores para representar el papel de un fantástico personaje llamado Borges, muchas de las cosas escritas y dichas por Borges adquieren sentido y valor de prueba. Y no sólo esto: de las cosas dichas se podría incluso extraer alguna frase y considerarla como "voz del pecho salida" a un Aquiles Scatamacchia en ocasiones cansado del papel de Borges al que ya está condenado. Es fácil siempre, sobre un cierto número de indicios, instruir proceso y sentencia: imaginémonos todo lo que Borges ha venido ofreciendo como prueba a favor de su propia existencia.
Hace muchos años definí a Borges como un teólogo ateo. Hay que añadir que es un teólogo que ha hacho confluir la teología en la estética, que en el problema estético ha absorbido y agotado el problema teológico, que ha convertido el "discurso sobre Dios" en un "discurso sobre la literatura". No es Dios quien ha creado el mundo, son los libros quienes lo crean. Y la creación es en acto:en magma, en caos. Todos los libros apuntan hacia "el" libro único, el absoluto. Mientras, los libros son como encrespados "accidentes" respecto a la "sustancia" en que confluirán y que será el libro ("substantia sive deus": spinozianamente); y hasta que no ocurra la confluencia, la fusión, cada libro será susceptible de variaciones, de cambios -es decir, de aparecer distinto a cada época, a cada generación de lectores, a cada uno de los lectores y a cada relectura por parte de un mismo lector.
Un libro no es más que la suma de puntos de vista sobre el libro, de las interpretaciones. La suma de los libros, que comprende esos puntos de vista y esas interpretaciones, será el libro. Y entonces ¿qué importa que un hombre con el nombre de Jorge Luis Borges haya escrito diez o veinte o ninguno, si por otra parte no se sabe verdaderamente qué ha escrito?Esperemos que igual ocurra con nosotros."



Leonardo Sciascia, Mata Hari en Palermo, Montesinos,1986

02 diciembre, 2015

Dorothy Parker un cuento para The New Yorker






The New Yorker apareció en 1925 y desde el principio colaboraron en la revista  escritores de vanguardia:Truman Capote,John Cheever,J.D.Sanlinger...y también Dorothy Parker(1893-1967).Incisiva,sarcástica,  afilada humorista y sólo,aparentemente, frívola, en "La cuna de la civilización" refleja la banalidad de las clases altas en los "felices veinte". 
Cuando se publica el cuento ese mundo de brillos y efervescencias  está a punto de caer por un pavoroso precipicio: el próximo 24 de octubre,-que luego se recordará como Jueves Negro -estallará la  Crisis del 29,y solo diez años más tarde en el lugar en que sucede la narración, -parte del escenario que había conquistado César para Roma dos mil años antes- transcurrirá la Segunda Guerra Mundial...


                   Image result for The new yorkerImage result for The new yorker



LA CUNA DE LA CIVILIZACIÓN
Los dos jóvenes neoyorquinos estaban sentados en la fresca terraza que se alzaba abruptamente sobre el Mediterráneo y contemplaban los profundos vasos de gin-fizz adornados con menta, al estilo de la Costa Azul.Tanto la chica como el joven llevaban idénticos atuendos; iban vestidos igual, pero no por ello podrían haberlos confundido. Se diría que se habían vestido para rendir homenaje a la región que visitaban aquel verano, sin olvidar ningún rincón: llevaban boina, jersey marinero a rayas, pantalones de algodón de anchas perneras y alpargatas de esparto. De la misma manera que un francés que veraneara en algún lugar de Estados Unidos podría lucir sombrero de fieltro de ala ancha, delantal de colono y botas altas de caucho.
Una bahía de aguas lisas y silenciosas se extendía entre sus espaldas y la isla blanca y verde donde había estado encerrado el Hombre de la Máscara de Hierro, con el rostro envuelto en terciopelo negro y el corazón enfermo lleno de esperanza. A su derecha, tras las alargadas rocas, se encontraba la ciudad fundada por los fenicios y, más allá, el fuerte de cuatro puntas sobre el cual, cuando Vauban lo planeó, afirmaron los sabios que terminaría para siempre con todas las guerras. El puerto acogedor al que había regresado Napoleón procedente de Elba hacía mella en la costa, a su izquierda. A lo lejos, en las montañas que se alzaban sobre sus ojos bajos, colgaba la pequeña ciudad vertical en cuyos muros había ardido el último fuego que transmitía a Italia la noticia de las conquistas de César en la Galia... 
-Vamos, pesada -dijo el joven-. Liquida esto y tomaremos otro. Garçon.Encore deux jeen feezes, tout de suite.
- Sí, señor -dijo el camarero. 
-Y mettez en ellos un peu más de gin esta vez, muchacho -dijo el joven-. Estupendo. Es una estupenda raza amarilla, esta de los franceses 
-Están locos -declaró la chica-. Tendrías que haber visto al pobre chiflado contra el que hemos chocado Bill y yo a las cuatro de la mañana al volver del Casino.Dios mío, si solo le hemos tocado un poco el parachoques y parecía que lo hubiéramos matado. No paraba de gritar cosas de esas de por qué los americanos venimos por aquí. Y Bill tan borracho que ni se aguantaba, le gritaba:"Eso, y si no hubiéramos venido, esto ahora sería Alemania".Nunca en mi vida me había reídos tanto.
-¿Fue bien en el Casino anoche?
-Oh no estuvo mal. Bill perdió ochenta y cinco mil francos. 
-¿Y cuánto es eso, contándolo en dinero? -preguntó él. 
-Dios sabe -contestó ella-. Me aburre hacer cuentas. No nos quedamos mucho rato. A las cuatro y media ya estaba en la cama. 
-Yo me he acostado a las siete -declaró él- . Y me he levantado a las once, todavía borracho. 
-¿Qué hiciste por la noche? -preguntó ella. 
-No me acuerdo muy bien. Iría por ahí.En un sitio dirigí una orquesta, supongo que sería en el Splendide. Sí,ahora me acuerdo. Y a Bob Weed se le metió en la cabeza que quería tocar el violín, y el violinista franchute que tienen en la orquesta no quería dejarle el suyo, y el cacharro se rompió en la pelea y el franchute se echó a llorar. De verdad, lloraba a moco tendido. Bob le dio quinientos francos. 
-Está loco -dijo ella-. Cien habrían sido más que suficiente. 
-Bueno, Bob estaba borracho.-Me encanta el Splendide -declaró ella-. Es igual que el Desert Club de Nueva York.
-Anoche había mucha gente -dijo él-.Lady Sylvia Goring daba una fiesta. 
-¿Estaba trompa? -preguntó ella. 
-Claro que sí -dijo él-. Como una cuba. Es una pájara atractiva. Me parece que tendría que ocuparme un poco de ella. 
-No tienes la menor oportunidad -dijo ella-. Solo le gustan los chóferes y los marineros. ¿Quién más estaba? 
-Oh, tout le monde.Todo el grupo. 
-Me habría gustado ir -dijo ella-.Pero Bill no podía. No se habría aguantado de pie ni delante del presidente de Francia, sea quien sea. 
 -Es ese Poincaré o como se llame, ¿no? O cualquier otro. 
-Bueno, me da lo mismo -dijo ella-. Tengo otras cosas en que pensar. Oh, mira, ¿ves esa chica de ahí?Señaló una mesa vecina donde estaban sentados otros cuatro herederos de la Historia, dos mujeres y dos hombres jóvenes, todos ellos con Nueva York en la voz, vestidos con jerséis marineros, boina y pantalones anchos.
-¿La que no lleva sujetador?-preguntó él. 
-No -dijo ella, la que tiene los pies sobre las piernas del hombre. Bueno, pues es la que dio aquella fiesta maravillosa la semana pasada, cundo tanta gente se emborrachó y todos se fueron a bañarse desnudos a las rocas, y enfocó sobre ellos grandes reflectores. ¿No es una idea divina? 
-Eso fue antes de que yo llegara de París -comentó él-. Estaba todavía intentando salir del bar del Ritz, la semana pasada. ¿Quién es el mariquita sobre el que tiene los pies? 
-Me parece que escribe o algo parecido -contestó ella- .Hay una cantidad tremenda de gente así por aquí. Alguien dijo que como-se-llame estaba también aquí el año pasado, ya lo sabes, ese que escribe obras de esas. Oh, ya sabes quién. Shaw. 
-Debía tener un aspecto impresionante nadando con la barba. 
-Oh, están todos locos -dijo ella-. Yo no estaba aquí el año pasado.Dicen que la gente está mucho mejor este verano. ¿Sabías que Peggy Joyce ha alquilado una villa? 
-La costa Azul los vuelve locos. Es un rincón estupendo. Me parece que me quedaré otra semana, si la vida aquí no me aburre.
-Yo me estoy cansando ya -dijo ella-. Estos franceses me ponen nerviosa. 
-¿Dónde has visto algún francés? -preguntó él. 
-Oh, no puedo evitar darme cuenta de que están por todas partes. Hacen que una se ponga nerviosa. Son tan tontos que me ponen enferma. Vaya, si en correos ni siquiera hablan inglés. 
-Cómo son -dijo él-. Eh, garçon, eh, tú: encore deux jeen feezes, y deprisita, s'il vous plaît.Ladeó la silla, se desperezó cómodamente y bostezó en un sonoro arpegio mientras movía la cabeza de de un lado a otro siguiendo un ritmo lento. El Mediterráneo atrajo su mirada. 
-Eh, mira esa maldita balsa de aceite -dijo él-.Qué azul. ¿Sabes cómo se llama a ese charco? "La cuna de la civilización": así lo llamaban. ¿Qué te parece? ¿Soy culto,eh? 
-Oh,eres sensacional en todos los sentidos -dijo ella.Miró por encima del hombro en dirección al mar-. Me parece que hoy no me apetece nadar. 
-¿Cómo? ¿No quieres nadar en la cuna de la civilización? 
-Oh, cállate -protestó ella- Ahora te pasarás un año entero diciéndolo. No, hoy no me bañaré. Hoy el agua está asquerosa. 
-En eso tienes razón -dijo él-, asquerosa.

                       The New Yorker, 21 de septiembre de 1929


Resultado de imagen para Dorothy Parker narrativa completaDorothy Parker, Narrativa completa, Debolsillo, 2004


06 octubre, 2015

Pierre Bonnard y los "Nabis"








La gran retrospectiva en Madrid de Pierre Bonnard (1867-1947)  recuerda la  calidad y cantidad de la pintura francesa.  Si se piensa , sólo entre los siglos XIX y XX  hubo en Francia tantos pintores de  inventiva y talento innovador  por metro cuadrado como en la Italia del Renacimiento y en una duración parecida. Como entonces el arte nuevo fue la consecuencia de las profundas transformaciones económicas, técnicas, sociales y políticas y de pensamiento que se sucedieron en la sociedad de la  época. El centro irradiador  fue París  como  lo había sido Roma y desde 1945 lo sería Nueva York.
[ Para comprender la importancia especial de la pintura francesa se podría trazar un gran arco de tiempo  que partiendo de J.-L. David -pintor de la Revolución y luego del Imperio Napoleónico, muerto en 1825- descendiera en el gran Matisse que muere en 1954. Y dentro de ese  arco, dejando muchos grandes fuera, incluso,- cabrían Ingres.., Delacroix..., Manet..., los pintores del Impresionismo, del Postimpresionismo, de Dadá,del Cubismo...entre otros... ¿Y Picasso? aunque Picasso es español, -como El Greco es cretense-, su gran talento necesitó para desarrollarse en la forma en que lo hizo ,el caldo creativo que bullía en París, nueva capital del arte para los jóvenes artistas.]
                                       
Cuando Pierre Bonnard, terminados sus  brillantes estudios de Derecho se decidió por la Pintura, aún estaban en activo los grandes impresionistas pero Cézanne aislado en Aix, insistía en su tozuda revolución, y Van Gogh ignorado aún sería pronto conocido y reconocido. El Posimpresionismo (que ya representaba las búsquedas de  Cézanne, Gauguin y Van Gogh)  abría otros caminos  paralelamente  al contemporáneo Simbolismo de sensibilidad espiritualista y mística.
Desde 1886  en torno a Gauguin en  Pont-Aven,Bretaña, se agrupaban algunos  jóvenes seducidos por  sus ideas plásticas. No rechazaban  el Impresionismo pero trataban de ir más allá en la impresión visual considerando el significado simbólico de que están cargados los objetos, las líneas y colores. Su objetivo era superar la limitación sensorial para llegar a la contemplación.
 Gauguin pensaba  que el sentido de cada color depende de la expansión que tiene  y de la relación que establece con los demás colores en la superficie pintada. Es el simbolismo de su atrayente y enigmática pintura  La Vision après le Sermon. La escena, que contemplan las mujeres bretonas y el cura del primer término, -la lucha de Jacob con el Ángel- transcurre en amplias extensiones  de color saturado, de factura lisa, sin escala,con sistemas de perspectiva yuxtapuestos...                                       

                             
                                           Gauguin, La Vision aprés le Sermon1888


Los Nabis (profetas en hebreo) nacieron como grupo en 1888. Postulaban abandonar  las bases tradicionales de la pintura: dibujo, modelado y claroscuro,  color naturalista, ilusión espacial... para llegar más allá de lo visible y representar verdades interiores. El grupo inicial lo formaban Bonnard, Vuillard , Maurice Denis, Sérusier y Maillol; las ideas de Gauguin  las sintetizó  Sérusier ,casi a su dictado, en el célebre  Talismán ( fondo de caja de tabaco cubierto con manchas de intensos colores puros contrastados.)    

El teórico del movimiento fue Maurice Denis que escribió y publicó en 1890: "un cuadro antes de ser un caballo de batalla, una mujer desnuda o una anécdota cualquiera, es esencialmente una superficie plana cubierta de colores conjuntados  en un cierto orden" . El cuadro deja de ser la "ventana" que ha sido desde el Renacimiento y se convierte en un objeto al margen de la imitación de la realidad visual. De este principio de autonomía de lo pintado partirán los fauves y los cubistas Los Nabis, fueron , con los Fauves de Matisse, la proa de vanguardia en el cambio de siglo.La primera exposición del grupo  se celebró en 1891

                           
                                                                                  P.Bonnard, La toilette du matin, 1914 (detalle)

Pierre Bonnard, -aunque siempre mantuvo su individualidad y no se dejó dominar por teorías o programas- fue  uno de los integrantes  del grupo. Pronto se alejó de de la influencia de Gauguin, y de las teorías de Denis y Sérusier. Con  él sobrevivió parte de la tradición impresionista  a la revuelta de los Fauves  y a la revolución del Cubismo y su obra le revela como un artista  inquieto y de talento preocupado por encontrar la relación profunda entre pintura y poesía. Muy pronto le habían apasionado el arte chino y japonés  y en su pintura influyeron exposiciones como la de grabados japoneses que se celebró en París en 1890,Sus amigos decían de él que era un nabi japonizante.                         














En sus lienzos  irradia el color puro. Articula formas y figuras y las sitúa en planos cercanos o en la lejanía con la utilización del color y la luz, lejos de la perspectiva tradicional.Comprime la composición y   practica la deformación expresiva y los audaces y cercanos contrastes cromáticos hacen  radiantes las  superficies que  la oposición de planos cromáticos dilatan. Sus formas no están nítidamente delimitadas y a pesar de ser claras y rotundo el color siempre hay en ellas algo fugaz e indefinido  que las  sumerge en  la  trama del fondo  hecha de acordes y disonancias de tonos cálidos o fríos.
   
Es un gran colorista dentro de una gama luminosa muy personal. Las escenas de la vida cotidianas  transfiguradas por el color y la luz adquieren una cualidad poética que  dota de magia lo rutinariamente banal. 
              
       En el desnudo femenino -su mujer Marthe es la  modelo-, logra  obras maestras con encuadres originales y gran riqueza pictórica en escenas íntimas, de toilette ,como las que había iniciado Degas. 
Resultado de imagen para Pierre Bonnard autorretrato
Los autorretratos , -hay seis en la exposición- son imágenes  difíciles de olvidar.A partir del joven asombrado de los primeros años van adquiriendo una marcada calidad abstracta. En  los tardíos, de ascetismo casi oriental, la pintura parece brotar del interior en pinceladas vigorosas de lujoso colorido, creando un contraste  entre  formas esenciales y riqueza cromática  de  modernidad ,-todavía hoy- sorprendente. 

     Retratos -y autorretrato- de algunos Nabis


Maurice DenisHomenaje a Cèzanne.1900,ól/lz 1,80 x 2,40.Museo.d'Orsay. [Faltaban seis años para que muriera Cézanne y se le hiciera  la gran retrospectiva que le consagraría como uno de los padres de la pintura contemporánea, pero ya se le consideraba un maestro].

En el caballete un bodegón de Cézanne, entre los cuadros del fondo un  Gauguin. Odilon Redon, el primero a la izda. y al que todos miran;Paul Sèrusier   frente a él. De izquierda a derecha Edouard Vuillard, con sombrero de copa el crítico André Mellerio, Vollard detrás del caballete, Maurice Denis, Paul Ranson, Ker-Xavier Roussel, Pierre Bonnard, con pipa y finalmente desde el fondo la esposa del pintor mira discreta al espectador .Es un retrato de parte los pintores nabis, los más importantes. El interesante cuadro, posiblemente la mejor obra de Denis,  tuvo poco éxito en París y Bruselas y Denis escribe en su diario con amargura,"este cuadro ante el que el público todavía está riendo", aunque André Gide, amigo de Denis, lo adquirió y mantuvo con él hasta que en 1928 lo regaló al Museo.

relacionado: 

Maurice Denis