02 octubre, 2019

O.Henry en los orígenes del relato norteamericano




O.Henry (1862-1910) es  uno de los padres del relato norteamericano (junto con E.A.Poe y Mark Twain, especialmente). Desde 1901 vivió en Nueva York y la ciudad y sus habitantes protagonizarían sus historias de esta etapa final y de madurez estilística. De su valoración en EE.UU. es significativo que el premio más importante  de relatos del país sea el  "O'Henry". Borges  le critica el empleo de una "fórmula" de finales sorprendentes, pero reconoce entre sus narraciones cortas  "más de una breve y patética obra maestra". 

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Nueva York hacia 1906 (ampliar), primitivos rascacielos,en la Isla de Ellis,  puentes  y barrios


UNA HISTORIA FINAL

Ya no nos lamentamos ni nos cubrimos la cabeza de ceniza cuando se menciona el fuego de Tofet. Hasta los predicadores han empezado a decirnos que Dios es radio o éter o algún compuesto científico y que lo peor que podemos esperar los malvados es una reacción química. Se trata de una hipótesis agradable; aunque subsista todavía parte del considerable y viejo terror de la ortodoxia
Sólo hay dos temas sobre los que podemos disertar dejando libre la imaginación y sin posibilidad de que nos contradigan. Podemos hablar de nuestros sueños; y podemos contar lo que hemos oído decir a un loro. Tanto Morfeo como el ave carecen de capacidad de testificar, y el que escucha no se atreve a contradecir tu recitado. Así que será la estructura sin base de una visión la que me aportará el tema -elegido, con mis disculpas y pesares-, en lugar del campo más limitado de la cháchara de Pretty y Polly.
Tuve un sueño que distaba mucho de la crítica excelsa y que se relaciona con la teoría del antiguo, respetado y lamentado tribunal.
Gabriel había tocado la trompeta y a los que íbamos a compadecer en juicio se nos convocó para interrogarnos. Me fije en un grupo de fiadores profesionales vestidos de negro solemne y con cuellos de los que se abonan atrás; pero parecía haber algún problema con sus títulos de bienes raíces; y no parecía que nos fuesen a sacar a ninguno.
Un poli volador (un policía ángel) se me acercó y me cogió del ala izquierda. Muy cerca de allí había un grupo de espíritus de muy próspero aspecto que iba a compadecer en juicio.
-¿Eres tú de ese grupo? -preguntó el policía.
-¿Quiénes son? -fue mi respuesta.
-Bueno -dijo él-, son...
Pero estas tonterías irrelevantes están ocupando el espacio que debe ocupar el relato.

Dulcie trabajaba en un gran almacén. Vendía brocados, o pimientos rellenos, o automóviles u otras baratijas de las que tienen en los grandes almacenes. De lo que ganaba, Dulcie recibía seis dólares a la semana. El resto se ponía en su haber y en el debe de otro en el libro mayor que llevaba D...Ah, la energía primordial, decís, Reverendo Doctor...Bueno, entonces en el libro mayor de Energía Primordial.

El primer año que trabajó en el almacén, Dulcie cobraba cinco dólares a la semana. Sería instructivo saber cómo vivía con esa cantidad. ¿No importa? Muy bien; probablemente os interesan las cantidades mayores. Seis dólares es una cantidad mayor. Os diré cómo vivía con seis dólares a la semana.
Una tarde a las seis, cuando Dulcie se clavaba el alfiler del sombrero a tres milímetros del bulbo raquídeo, le dijo a su compañera Sadie, la chica que siempre está dispuesta a escuchar tus problemas:
-Sabes, Sadie, he quedado para cenar esta noche con Porky.
-¡No me digas! -exclamó Sadie asombrada-. Vaya, ¿así que eres la afortunada? Porky es fenomenal; y siempre lleva a las chicas a sitios fenomenales. Una noche llevó a Blanche a la Hoffman House, donde tienen una música fenomenal y ves a un montón de gente fenomenal. Lo pasarás fenomenal Dulcie.
Dulcie corrió a casa. Le brillaban los ojos y sus mejillas mostraban ese suave tinte rosado del alborear de la vida, de la vida real.Era viernes y le quedaban cincuenta centavos de su salario de la última semana.
Las multitudes de la hora punta llenaban las calles. Las luces eléctricas de Broadway estaban encendidas -y atraían a las mariposas nocturnas de kilómetros, de leguas, de cientos de leguas de la oscuridad circundante a asistir a la escuela de la chamusquina-. Individuos de indumentaria perfecta y rostros como los cincelados en huesos de cerezas por los lobos de mar en las residencias de viejos marineros se volvían a mirar a Dulcie que pasaba corriendo a su lado, indiferente. Manhattan empezaba a abrir, como la pitahaya, sus blanquísimos pétalos de aroma intenso.

Dulcie se paró en una tienda de artículos baratos y compró con sus cincuenta centavos un cuello de encaje de imitación. Aquel dinero tenía que haberse gastado de otra forma: quince centavos en la cena, diez para el desayuno, diez para la comida. Tenía que añadir otra moneda de diez centavos a su pequeña provisión de ahorros; y otros cinco centavos eran para despilfarros en pastillas de regaliz, de esas que hacen que parece que tienes un flemón y que duran casi tanto como un dolor de muelas. El regaliz era un derroche -casi excesivo- , pero ¿qué es la vida sin placeres?

Dulcie vivía en una habitación amueblada. No es lo mismo una habitación amueblada que una pensión. La diferencia consiste en que en una habitación amueblada los demás no saben cuando pasas hambre.
Dulcie subió a su habitación: el cuarto trasero de la tercera planta de un bloque de piedra arenisca del West Side. Encendió el gas.Los científicos nos dicen que el diamante es la sustancia más dura conocida. Se equivocan. Las caseras conocen un compuesto mucho más duro. comparado con él, el diamante es como masilla. Lo meten en los orificios de los quemadores de gas; y ya puedes subirte a una silla y hurgar en él en vano hasta magullarte los dedos. Una horquilla de pelo no servirá de nada; por consiguiente, digamos que es inamovible.

Así que Dulcie encendió el gas. Examinaremos la habitación a su luz de un cuarto de bujía.
Cama turca, tocador,mesa, lavabo, silla -de todo eso era culpable la casera-. El resto era de Dulcie. En el tocador estaban sus tesoros: un jarrón de porcelana dorado que le había regalado Sadie, un calendario obsequio de una fábrica de encurtidos, un libro sobre la adivinación de los sueños, polvos de arroz en un platillo de cristal y un racimo de cerezas artificiales atadas con una cinta rosa.

Sobre el espejo rayado había retratos del general Kitchener, de William Muldoon, de la duquesa de Marlborough y de Bevenuto Cellini. En una pared había una escayola de un O'Callahan con yelmo romano. Al lado de él había una oleografía de un niño amarillo limón acometiendo a una mariposa inflamatoria. Este era el firma criterio artístico de Dulcie; pero nunca había sido discutido. Nunca habían perturbado su reposo murmuraciones sobre capas robadas; ningún crítico había enarcado las cejas al ver a su entomólogo infantil.

Porky iría a buscarla a las siete. Miremos con discreción hacia otro lado y cotillemos mientras ella se arregla a toda prisa.
Dulcie pagaba dos dólares a la semana por la habitación. El desayuno le costaba diez centavos los días laborables; preparaba café y un huevo en el quemador de gas mientras se vestía. Los domingos por la mañana disfrutaba de un banquete regio en el restaurante Billy: escalopes de ternera con buñuelos de piña por veinticinco centavos (más diez que daba de propina a la camarera). Nueva York ofrece muchas tentaciones de despilfarro. Almorzaba en el restaurante del almacén por sesenta centavos a la semana. Las cenas le costaban un dólar y cinco centavos. Los periódicos de la tarde -¡mostradme a un neoyorquino que se prive del diario!-suponían diez centavos; y los dos periódicos dominicales -uno por la sección de anuncios y el otro para leerlo- eran diez más. el total ascendía a 4,76 dólares. Y hay que comprar ropa y...

Lo dejo ahí. Oigo hablar de asombrosas gangas de telas y de los milagros que se hacen con hilo y aguja; pero lo dudo. En vano espero con la pluma dispuesta, pues habría que añadir a la vida de Dulcie algunas de las alegrías que corresponden a las mujeres en virtud de todas las normas no escritas, sagradas, naturales, inactivas de la justicia celestial. Había estado dos veces en Coney Island y había subido a los caballitos. Es desalentador contar tus placeres por veranos en lugar de contarlos por horas.

Porky solo requiere una palabra. Cuando las chicas le pusieron ese apodo se arrojó un estigma inmerecido sobre la noble familia porcina. Era gordo; tenía alma de rata, costumbres de vampiro y la magnanimidad de un gato. Usaba trajes muy caros; y era un experto en hambre. Miraba a una dependienta y sabía exactamente el tiempo transcurrido desde que la joven había comido algo más nutritivo que caramelos de malvavisco y té. Rondaba por los barrios comerciales y merodeaba por los grandes almacenes con sus invitaciones a cenar. Los hombres que pasean a los perros por las calles al extremo de una correa le miran por encima del hombro. Es un prototipo. No puedo extenderme más sobre el individuo; mi pluma no está hecha par él; no soy carpintero.

A las siete menos diez, Dulcie ya estaba arreglada. Se miró al espejo rayado. La imagen era plenamente satisfactoria. El vestido azul oscuro  que le quedaba perfecto, sin una arruga, el sombrero con su elegante pluma negra, los guantes solo un poco sucios -todo lo cual representaba privaciones, incluso alimentos- eran muy apropiados.
Dulcie se olvidó por un momento de todo menos de lo guapa que estaba y que de la vida iba a alzar una esquina de su misterioso velo para que ella pudiera contemplar sus maravillas. Ningún caballero le había pedido nunca que saliera con él. Ahora iba a entrar por un breve instante en el esplendor y el espectáculo sublime. 
Las chicas decían que Porky era un "derrochador".
Sería una cena de gala, con música y señoras elegantes, y manjares que a las chicas se les desencajaban las mandíbulas intentando describirlos. Seguro que volvería a invitarla.
Había un traje azul de seda artificial en un escaparate que ella conocía...,ahorrando veinte centavos a la semana en vez de diez, en...,veamos...¡Oh, serían años!Pero había una tienda de segunda mano en la Séptima Avenida donde...
Alguien llamó a la puerta. Dulcie la abrió. La casera la miró con una sonrisa espuria, olfateando posibles rastros de gas robados para cocinar.
-Un caballero pregunta por usted -le dijo-.el señor Wiggins.
Por ese epíteto era conocido Porky por los desdichados que tenían que tomarle en serio.

Dulcie volvió al tocador para recoger el pañuelo;y se detuvo allí y se mordió con fuerza el labio inferior. al mirarse en el espejo había visto el país de la hadas y a sí misma, una princesa, que acaba de despertar de un largo sueño. Había olvidado a alguien que la estaba mirando con ojos tristes, bellos, severos: el único que podía aprobar o condenar lo que ella hacía. Alto, delgado, apuesto, con una expresión de afligido reproche en el rostro bello y melancólico, el general Kitchrner clavó sus ojos fascinantes en ella desde la foto de marco dorado del tocador.
Dulcie se volvió como una muñeca automática hacia la casera.
-Dígale que no puedo salir -musitó con voz apagada-. Dígale que estoy enferma o lo que sea.Dígale que no voy a salir.

Una vez cerrada y trancada la puerta, Dulcie se echó en la cama aplastando la pluma negra del sombrero y lloró durante unos diez minutos. El general Kitchener era su único amigo. Era su ideal de caballero galante. Parecía tener una pena secreta y su maravilloso bigote era un sueño, y a Dulcie le asustaba un poco la expresión severa aunque tierna de sus ojos. solía tener pequeñas fantasías de que él visitaría la casa alguna vez y preguntaría por ella, la espada tintineando al chocar con las botas altas. Incluso se había asomado a la ventana un día que un niño golpeaba la farola con una cadena. Pero era un disparate. Ella sabía de sobra que el general Kitchener estaba en el Japón combatiendo con su ejército a los turcos salvajes; y que nunca saldría de su marco dorado por ella. Aunque una mirada suya hubiera derrotado a Porky aquella noche. Sí, por aquella noche.
Cunado acabó de llorar, Dulcie, se levantó, se quitó su mejor vestido y se puso la vieja bata azul. No tenía ganas de cenar. Cantó dos versos de "Sammy". Luego se concentró en una manchita roja que tenía en un lado de la nariz. Tras ocuparse de eso un rato, acercó una silla a la desvencijada mesa y se echó las cartas con una vieja baraja.
-¡Qué horror, que sinvergüenza! -dijo en voz alta-.¡Yo nunca le dirigí la palabra ni una mirada que le hiciera pensar eso!
A las nueve en punto Dulcie sacó una lata de galletas y un tarrito de mermelada de frambuesa del baúl y se preparó un banquete. Ofreció al general Kitchener una galleta untada de mermelada, pero él se limitó a mirarla como miraría la Esfinge a una mariposa, si hubiera mariposas en el desierto.
-No comas si no te apetece -dijo Dulcie-. Y no te des tantos aires ni pongas esa cara de reproche. No creo que fueras tan arrogante y tan altivo si tuvieses que arreglártelas con seis dólares a la semana.

No era buena señal que Dulcie fuese brusca con el general Kitchener. Y luego puso bocabajo a Benvenuto Cellini con un gesto severo. Claro que eso no era imperdonable, porque ella siempre había creído que era Enrique VIII, al que no aprobaba. A las nueve y media, Dulcie echó una última ojeada alas imágenes del tocador, apagó la luz y se metió en la cama. Es una cosa tremenda acostarse con una mirada de buenas noches al general Kitchener, a William Mulddon, a la duquesa de Marlborough y a Benvenuto Cellini.

Esta historia no va a ninguna parte. el resto llega más tarde: cuando Porky invita otra vez a Dulcie a cenar y ella se siente más sola y más triste de lo habitual y el general Kitchener está casualmente mirando a otra parte; y entonces...

Como dije antes, soñé que estaba esperando cerca de un grupo de ángeles de próspero aspecto y un policía me cogió del ala y me preguntó si era uno de ellos.
-¿Quiénes son? -pregunté.
-Bueno -dijo él-, son hombres que empleaban a trabajadoras y les pagaban cinco o seis dólares a la semana.¿Eres tú de ese grupo?
-Jamás de los jamases haría yo algo así -le contesté-. Yo solo soy el tipo que prendió fuego a un orfanato y mató a un ciego para robarle monedas. 

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O.Henry, Historias de Nueva York, Nordicalibros

24 julio, 2019

BUKOWSKI y la Biblioteca Pública de Los Ángeles.







                     
El 26 de abril de 1986  el     incendio que  arrasó la biblioteca de Los Ángeles destruyó medio millón de libros y dañó otros setecientos mil. El desastre se recuerda en un libro reciente  "La biblioteca en llamas".Pero la dimensión individual del acontecimiento,cómo afectó decisivamente a muchos, la refleja con emoción inimitable Bukowski en  'the burning of a dream'. Para él   las salas de la Biblioteca Pública de la L.A. fue más que una  Universidad
En el fluir  de los versos  el poeta deja constancia de  lo decisivo  que  para su trayectoria vital y literaria fue la Public Library de L.A, ahora incendiada: un espacio protector,"seguía siendo mi hogar". 
El largo poema es autobiografía, mapa literario y de formación,con filias y fobias incluidas,  y elegía, por otros medios, como es frecuente en Bukowski,  maestro en introducir entre versos  de  aspereza vital alguno de refinado  lirismo que alcanza directamente. No falta el humor, y el amor,  en  las confianzas  que se toma al nombrar a  Fyodor Dostoievski, Friedrich  Nietzsche, o Arthur Schopenhauer...




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the burning of a dream



the old L.A. Public Library burned
down
that library downtown
and with it went
a large part of my
youth.

la vieja Biblioteca Pública de L.A. se quemó
entera
aquella biblioteca del centro
y con ella desapareció
buena parte de mi
juventud



I sat on one of those stone
benches there with my friend
Baldy when he
asked,
"you gonna join the
Abraham Lincoln
Brigate?"

estaba allí sentado en uno de los bancos
de piedra con mi amigo
Baldy cuando me
preguntó,
"vas a unirte a la Brigada
Abraham Lincoln"?



"sure", I told
him.

"claro", le
dije



but realizing that I wasn't
an intellectual or a political
idealist
I backed off on that
one
later.
pero consciente de que no era
un intelectual ni un idealista
político
me eché atrás
poco
después.



I was a reader
then
going from room to
room: literature, philosophy,
religion, even medicine
and geology.
yo era un lector
entonces
que iba de sala en
sala:literatura, filosofía,
religión, hasta medicina
y geología.



early on
I decided to be a writer,
I thought it might be the easy
way
out
and the big boy novelists didn't look
too tough to
me.
I had more trouble with
Hegel and Kant.
desde muy pronto
había decidido ser escritor, 
pensaba que podía ser la mejor
vía
de escape
y los chicarrones novelistas no me parecían
tipos demasiado
duros.
tenía más dificultades con
Hegel y Kant.

the thing that bothered
me
about everybody
is that they took so long
to finally say
something lively and/
or
interesting.
I thought I had it
over everybody
them.
lo que me molestaba
a mí
de la gente
era que tardase tanto
en decir al fin
algo ameno y/
o
interesante.
creía estar por
encima de todo el mundo
entonces.


I was to discover two
things:
a) most publishers thought that anything
boring had something to do with things
profound.
b) that it would take decades of
living and writing
before I would be able to
put down
a sentence that was
anywhere near
what I wanted it to
be.
me quedaban por descubrir dos
cosas:
a) la mayoría de los editores pensaba que todo
lo aburrido tenía algo que ver con cosas 
profundas.
b) que me llevaría décadas de
vida y  literatura
ser capaz de
escribir
una frase que fuera
ni de cerca
como yo quería que 
fuese.


meanwhile
while other young men chased the
ladies
I chased the old
books.
I was a bibliophile, albeit a
disenchanted
one
and this
and the world
shaped me.
entretanto
mientras otros jóvenes perseguían
señoritas
yo perseguía viejos
libros.
era un bibliófilo, bien 
que
desencantado
y eso
y el mundo
me moldearon.


I lived in a plywood hut
behind a rooming house
for $3.50 a
week
feeling like a
Chatterton
stuffed inside of some
Thomas
Wolfe.
vivía en una caseta de contrachapado
detrás de una pensión
por 3,50$ a la
semana
sintiéndome un
Chatterton
embutido en algo de 
Thomas 
Wolfe.


my greatest problem was
stamps, envelopes, paper
and
wine,
with the world on the edge
of World War II.
I handn't yet been
confused by the
female, I was a virgin
and I wrote from 3 to
5 short stories a week
and they all came
back
from The New Yorker, Harper's,
The Atlantic Monthly.
I had read where
Ford Madox Ford used to paper
his bathroom with his
rejections slips
but I didn't have a 
bathroom with so I stuck them
into a drawer
and when it got so stuffed with them
I could barely
open it
I took all the rejects out
and threw them
away along with the
stories.
mis mayores preocupaciones eran
los sellos, los sobres, el papel
y
el vino,
con el mundo al borde
de la Segunda Guerra Mundial.
aún no me había turbado una
hembra, era virgen
y escribía de 3 a
5 relatos por semana
y todos me los 
devolvían
desde The New Yorker, Harper's,
The Athlantic Monthly.
había leído que
Ford Madox Ford solía empapelar
su cuarto de baño con las
cartas de rechazo
pero yo no tenía ni
cuarto de baño así que las metía 
en un cajón
y cuando se llenó tanto que
apenas si podía
abrirlo
saqué todas las cartas
y las tiré
a la basura junto con los
relatos.

still
the old L.A. Public Library remained
my home
and the home of many other
bums.
we discreetly used the
restrooms
and the only ones of
us
to be evicted were those
who fell asleep at the 
library
tables-nobody snores like a
bum
unless it's somebody you're merried
to.
con todo
la vieja Biblioteca Pública de L.A. seguía siendo
mi hogar
y el hogar de muchos otros
vagabundos.
usábamos con discreción los
baños
y los únicos a
los
que desalojaban era a 
quienes se quedaban dormidos en las
mesas de
la biblioteca -nadie ronca como un 
vagabundo
salvo la persona con quien te has
casado.


well, I wasn't quite a 
bum. I had a library card
and I checked books in and
out
large
stacks of them
always taking the
limit
allowed:
Aldous Huxley,D.H. Lawrence,
e.e. cummings, Conrad Aiken, Fyodor
Dos,Dos Passos, Turgenev., Gorky,
H.D., Freddie Nietzsche, Art
Schopenhauer,
Steinbeck,
Hemingway,
and so
forth...
bueno, yo no era exactamente un
vagabundo. yo tenía carné de la biblioteca
y sacaba libros y los
devolvía
enormes
pilas de libros
siempre hasta el límite
permitido:
Aldous Huxley, D.H.Lawrence,
e.e.cummings, Conrad Aiken, Fiodor
Dos, Dos Pasos, Turguenev, Gorki,
H.D.,Freddie Nietzsche, Art
Schopenhauer,
Steinbeck,
Hemingway,
y
demás...

I always expected the librarian
to say, "you have good taste, young
man..."
but the old fried and wasted
bitch didn't even know who she
was
let alone
me.
siempre esperaba que la bibliotecaria
me dijese, "tiene usted buen gusto,
joven..."
pero la vieja zorra quemada y
acabada no sabía ni quien era ella 
misma
con que figúrate 
yo.

but those shelves held
tremendous grace: they allowed
me to discover
the early Chinese poets
like Tu Fu and Li
Po
who could say more in one
line than most could say in 
thirty or
a humdred.
Sherwood Anderson must have
read these
too.
pero aquellos estantes eran
una tremenda bendición: me llevaron
a descubrir
a los poetas chinos antiguos
como Tu Fu y Li
Po
que conseguían decir más en un 
verso de lo que la mayoría decía en
treinta o
en cien.
Sherwood Anderson debe de
haberlos 
leído
también.

I also carried the Cantos
in and out
and Ezra helped me
stregthen my arms if not
my brain.
también sacaba los Cantos
una y otra vez
y Ezra me ayudó a
hacerme fuerte de brazos si no
de mente.

that wondrous place
the L.A. Public Library
it was a home for a person who had had
a
home of
hell
BROOKS TOO BROAD FOR LEAPING
FAR FROM THE MADDING CROWD
POINT COUNTER POINT
THE HEART IS A LONELY HUNTER
ese lugar maravilloso
la Biblioteca Pública de L.A.
fue un hogar para alguien que había tenido
un
hogar
infernal
ARROYOS DEMASIADO ANCHOS PARA SALTARLOS
LEJOS DEL MUNDANAL RUIDO
CONTRAPUNTO
EL CORAZÓN ES UN CAZADOR SOLTARIO 

James Thurber
John Fante
Rabelais
de Maupassant
James Thurber
John Fante
Rabelais
de Maupassant

some didn't work for
me Shakespeare, G.B.Shaw,
Tolstoy, Robert Frost, F.Scott
Fitzgerald
algunos no me decían
nada: Shakespeare, G.B. Shaw,
Tolstoi, Robert Frost, F. Scott
Fitzgerald

Upton Sinclair worked better for
me
that Sinclair Lewis
and I considered Gogol and
Dreiser complete
fools
Upton Sinclair me decía
más
que Sinclair Lewis
y consideraba a Gogol y
Dreiser dos completos 
imbéciles

but such judgments come more
from a man's
forced manner of living than from
his reason.
pero tales juuicios se debían más
a mi manera
forzada de vivir que a 
mi razón.

the old L.A. Public
most probably kept me from
becoming a 
suicide
a bank
robber
a
wife-
beater
a butcher or a 
motorcycle policeman
and even though some of these
might be fine
it is
thanks
to my luck
and my way
that this library was
there wen I was
there when I was
young and looking to
hold on to
something
when there seemed very
little
about.
la vieja Biblioteca Pública de L.A.
evitó a buen seguro que me
convirtiera en un 
suicida
un atracador
de bancos
un
maltratador
de mujeres
un carnicero o un
policía motorizado
y aunque algunos de estos
puedan ser estupendos
le
debo
a mi suerte
y mi carácter
el que esa biblioteca estuviese
ahí cuando era
joven y buscaba
algo
a lo que agarrarme
y parecía haber muy
poco
a mano.

and when I opened the
newspaper
and read of the fire
which
destroyed the 
library and most of
its contents
y cuando abrí el 
periódico
y leí lo del fuego
que
había destruido la
biblioteca y casi todo su contenido


I say to my
wife: "I used to spend my
time
there..."
le dije a mi
mujer: "yo me pasaba el
tiempo
allí..."


THE PRUSSIAN OFFICER
THE DARING YOUNG MAN ON THE FLYING
TRAPEZE
TO HAVE AND HAVE NOT

YOU CANT GO HOME AGAIN
EL OFICIAL PRUSIANO
EL JOVEN AUDAZ SOBRE EL TRAPECIO VOLANTE
TENER Y NO TENER

YA NO PUEDES VOLVER A CASA




Charles Bukowski, The pleasures of the Damned,edited by John Martin, Harper Collins,2008

-Versión española: Los placeres del condenado, Visor, 2011