27 septiembre, 2009

JAMES JOYCE...un escritor para niños...

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                                                                                  Harry Bliss, The New Yorker


Es difícil no rendirse ante esta viñeta de un humorista de talento ; particularmente para cualquiera que haya luchado con las páginas más arduas de Ulises y, -si no ha naufragado en medio de la odisea- haya llegado, finalmente, a las playas de su propia Ítaca con  admiración y gratitud a Joyce,que alguna vez sí escribió  para niños como esta carta-cuento dirigida a su nieto Stephen :



Viller s/Mer


Querido Stevie: Hace unos días te mandé un gatito lleno de caramelos, pero quizá no conozcas la historia del gato de Beaugency.


Beaugency es una ciudad muy pequeña que se encuentra a orillas del Loire, el más largo de los ríos de Francia. Es además un río muy ancho, al menos entre los franceses. En Beaugency es tan ancho que si quisieras cruzarlo de una orilla a la otra tendrías que andar al menos mil pasos


Hace mucho tiempo la gente de Beaugency, si quería cruzarlo, tenía que ir en barco, porque no había ningún puente. Y no podían hacer un puente ellos solos ni pagar a alguien para que se lo hiciera. ¿Qué podían hacer?


El demonio, que siempre lee los periódicos, se enteró de lo que les pasaba y se vistió y se fue a ver al alcalde de Beaugency, que era un señor que se llamaba Monsieur Alfred Byrne. A este alcalde también le gustaba mucho ponerse ropa elegante. Llevaba un traje escarlata y siempre se ponía una gran cadena de oro colgada del cuello, y no se la quitaba ni cuando se quedaba dormido con las rodillas apretadas junto a la barbilla, acurrucado en la cama.


El diablo habló al señor alcalde de lo que había leído en el periódico y le dijo que él podía construir un puente tan bueno como el mejor del mundo, y que además podía hacerlo en una sola noche. El alcalde le preguntó cuánto dinero quería cobrar por hacer el puente. No quiero dinero, dijo el demonio,todo lo que pido es que la primera persona que cruce el puente me pertenezca. De acuerdo, dijo el señor alcalde.
Llegó la noche y toda la gente de Beaugency se fue a casa a dormir. Salió el sol. Y cuando sacaron la cabeza por la ventana todos gritaron: Oh Loire, ¡qué puente tan bonito! Pues vieron que un magnífico puente cruzaba el río de orilla a orilla.

Toda la gente se fue a la entrada del puente y se pusieron a mirarlo, esperando que alguien se decidiera en ser el primero en cruzarlo. Pero nadie se atrevía por miedo al demonio.

Entonces se oyeron sonar unos clarines. Era la señal de que se acercaba el alcalde y todo el mundo tenía que callarse. Entonces apareció Monsieur Alfred Byrne con su traje escarlata y con el pesado collar de oro colgando del cuello. En una mano llevaba un cubo de agua y bajo el brazo -el otro brazo- un gato.

Cuando el diablo, que bailaba al otro lado del puente, le vio, dejó de bailar y se puso su cristal de espiar. La gente susurraba y el gato miraba al señor alcalde porque en Beaugency estaba permitido a los gatos mirar al alcalde. Cuando se cansó de mirar al alcalde (porque hasta un gato llega a cansarse de mirar a un alcalde) empezó a jugar con la cadena de oro del alcalde.

Cuando el alcalde llegó al puente la gente contuvo el aliento y dejó de hablar. El alcalde dejó al gato en el suelo ante el puente y, rápido como el pensamiento, ¡chaf!, le tiró el cubo de agua encima. El gato que ahora estaba entre el agua y el demonio se decidió también rápidamente y con las orejas gachas se puso a correr por el puente hacia el demonio.
El demonio estaba enfadado como un demonio.

Messieurs les Balgentiens, gritó desde el otro lado del puente, vous n'êtes pas des belles gens du tout! Vous n' êtes que des chats. Y le dijo al gato: Viens ici, mont petit chat! Tu as peur, mon petit chou-chat? Tu as froid, mon pau petit chou-chat? Viens ici, le diable t'emporte! On va se chauffer tous les deux.
Y se fue con el gato.

Y desde entonces a la gente de ese pueblo todo el mundo la llama "les chats de Beaugency".
Pero el puente sigue allí y hay niños jugando y corriendo por él.
Espero que te guste esta historia, 
                                                  Nonno



P.D. El demonio habla casi siempre un idioma especial que se llama barrigobarboteo, pero cuando está muy enfadado puede hablar en un mal francés muy bien hablado aunque algunos que le han oído expresarse así dicen que tiene un acento dublinés muy pronunciado.

Beaugency-sur-Loire
Puente real que el diablo, -alertado por la prensa-, tendió en una noche sobre el río de la ciudad francesa


Richard Ellmann.: James Joyce Editorial Anagrama, pp.772-3.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por el precioso cuento.Yo fui uno a los que les costó muchísimo finalizar la Odisea del Ulises,pero que cuando llegó al final quedó agradecido.

azul dijo...

Gracias por leer el cuento en el blog.
Ya viste que entablé tu misma lucha con el Ulises y al terminarlo,como te pasó a ti, comprobé que el esfuerzo valió la pena.Ahora de vez en cuando leo trozos sueltos, pero ya es un viejo amigo.