08 diciembre, 2017

Oratorio de Navidad 2017


Durante los veinticinco últimos años de su vida Joseph Brodsky (San Petersburgo/Leningrado,1940-NuevaYork,1996)   escribió  poemas  de Navidad relacionados con esos  días de  tradición cristiana. Están recogidos en Poemas de Navidad, Visor, y cada uno de ellos es un buen motivo para recordar al gran  poeta ruso.                            

                        San Petersburgo- Nueva York-Venecia, ciudades de Navidades de Brodsky








Orilla de kisel* congelada. Ciudad
que esconde en leche su reflejo. Suenan
los carillones. En el cuarto, luz.
A lo lejos, los ángeles arman alboroto,
como camareros saliendo en tropel de una cocina.
Te lo escribo desde el otro lado de la Tierra.
En el día del nacimiento de Cristo.
Los copos de nieve,arremolinados,
detrás de la ventana, resuenan con un "ay, lulí"**sincero:
la blancura se multiplica.
Pronto Él cumplirá dos mil años.
Quedan catorce. Hoy es miércoles;
mañana, jueves. Temo que este aniversario
habremos de celebrarlo sin añadir hielo,
liberando una futura arruga
de la mejilla soñolienta; dicho llanamente, junto a Él.
Y entonces nos veremos. Como la estrella desvela al campesino,
un piano despertado por un dedo,
pasa a través de la pared y enturbia mi oído.
Como si alguien estuviera aprendiendo a leer,sumando
sílabas.
O, mejor, como si estudiara astronomía, distinguiendo trazas
de nombres propios allá donde no estamos; allá
donde la suma depende de la resta./Diciembre de 1985


*Bebida rusa hecha con frutas cocidas, ligeramente gelatinosa
**Interjección de las canciones de cuna rusas.



  Joseph Brodsky, Poemas de Navidad, Visor.




01 noviembre, 2017

Antón Chéjov : El juez de instrucción


       E. MANET, h 1872,Retrato de Berthe Morisot (det.) 


EL JUEZ DE INSTRUCCIÓN


UN HERMOSO DÍA de primavera, a medio día, el médico del distrito y el juez de instrucción se dirigían en coche a hacer una autopsia. El juez, hombre de unos treinta y cinco años, contemplaba los caballos con aire meditabundo y decía:

-En la naturaleza hay muchas cosas enigmáticas y oscuras, pero también en la vida cotidiana, doctor, es frecuente enfrentarse con fenómenos completamente inexplicables. En lo que a mí respecta, conozco algunas muertes extrañas y misteriosas cuya causa sólo podrían explicar los espiritistas y los místicos, y ante las cuales un hombre de cabeza fría no podría hacer otra cosa que levantar los brazos al cielo, lleno de perplejidad. Por ejemplo conozco a una dama muy cultivada que predijo su propia muerte y murió sin causa aparente el día preciso que había fijado. Dijo que se moriría esa fecha y así fue.

-No hay efecto sin causa -comentó el médico-. si se produce una muerte, es porque ha habido una causa. Y en lo que respecta a las predicciones,no veo en ellas nada sorprendente. Todas nuestras damas y campesinas tienen el don de la profecía y del presentimiento.
-Puede ser, pero la mujer de la que le hablo, doctor, era muy especial. En su predicción y en su muerte no había nada que se pareciera a las profecías de las damas o las campesinas. Era una joven sana, de mente despejada, sin prejuicios. En su mirada límpida e inteligente se percibía siempre el brillo de la honradez. Tenía un rostro sincero, reflexivo, con un punto de ironía totalmente rusa en los labios y en los ojos. Sólo podía adscribírsele un rasgo propio de una dama o una campesina: la belleza. ¡Era grácil, armoniosa como ese abedul, con unos cabellos maravillosos! Para que se haga usted una idea más completa, le diré que era una persona despreocupada, llena de la alegría más contagiosa y con ese ingenio, esa ligereza y esa bonhomía que es patrimonio de las almas reflexivas, sencillas y joviales. ¿Cómo puede hablarse en su caso de misticismo, de espiritismo, del don de la premonición o de algo parecido? Ella se reía de todas esas cosas.

La carretela del médico se detuvo junto a un pozo. el juez y su compañero calmaron la sed, se desperezaron y esperaron a que el cochero terminara de abrevar a los caballos.
-Bueno, ¿y de qué murió esa dama? -preguntó el médico cuando la carretela se puso de nuevo en marcha.
-De un modo muy extraño. Un día el marido entró en la habitación y le comentó que sería una buena idea vender la vieja calesa en primavera y comprar un coche más nuevo y ligero, añadiendo que tampoco estaría mal cambiar el encuarte de la izquierda y colocar en el centro a Bobchinski (así se llamaba uno de los caballos). 
"La mujer le escuchó y dijo:
"-Haz lo que te parezca. A mí ya me da todo igual. en verano estaré en el cementerio.
"Naturalmente el marido se encogió de hombros y sonrió.
"No bromeo -apuntó la mujer-. Te anuncio con toda seriedad que voy a morirme.
"-¿Y será pronto?
"-Después del parto. Daré a luz y me moriré.
"El marido no concedió la menor importancia a esas palabras.No creía en los presentimientos: además, sabía perfectamente que las mujeres en estado se comportan de manera muy caprichosa y, en general, se entregan a pensamientos sombríos. Al día siguiente la mujer volvió a decirle que iba a morirse después del parto, y así un día tras otro; él se reía y la tildaba de simplona, de vidente y de histérica. La cercanía de la muerte se convirtió en una idée fixe de la mujer. Cuando el marido no la oía, iba a la cocina y hablaba allí de su muerte con el aya y la cocinera.
"-No me queda mucho tiempo de vida, aya mía. En cuanto dé a luz , moriré. No querría morir tan joven, pero no se puede hacer nada.
"Naturalmente el aya y la cocinera lloraban a lágrima viva. Cuando la mujer del pope o de algún hacendado venía a verla, ella se la llevaba a un rincón y se desahogaba contándole la inminencia de su muerte. Hablaba con total seriedad y acompañaba sus palabras de una sonrisa desagradable y a hasta de una expresión maligna, sin permitir que nadie la contradijera.  
                                 
Seguía la moda y vestía con elegancia, pero, ante la perspectiva de la muerte cercana, renunció a todo y se volvió desaliñada; ya no leía, ni se reía, ni soñaba en voz alta...Por si eso fuera poco, se dirigió al cementerio con su tía, eligió un emplazamiento para su tumba y nos cinco días antes del alumbramiento, hizo testamento.No pierda de vista, que en aquella época, ella gozaba de excelente salud y no había el menor síntoma de enfermedad o de cualquier otro peligro. Un parto es una experiencia difícil, a veces mortal, pero en el caso de la mujer que nos ocupa no se preveían complicaciones y no había nada que temer. Al final el marido acabó aburriéndose de toda aquella historia. Una vez, durante el almuerzo, se enfadó y le preguntó:
"-Escucha , Natasha, ¿cuándo vas a terminar con esas tonterías?
"-No son tonterías. Hablo en serio.
"-¡Bobadas! Te aconsejo que dejes de hacer el tonto para que luego no tangas que avergonzarte.
"Pero llegó el momento del parto. El marido trajo de la ciudad a la mejor comadrona. Era la primera vez que la mujer daba a luz, pero todo salió a la perfección. Una vez terminado el alumbramiento, la parturienta expresó su deseo de ver al recién nacido. Nada más contemplarlo dijo:
"-Bueno, ahora ya puedo morirme.
"Se despidió, cerró los ojos y al cabo de media hora entregó su alma a Dios. Hasta el último momento conservó la lucidez. Al menos cuando le ofrecieron leche en vez de agua, murmuró en voz baja:
"-¿Por qué me dais leche en lugar de agua?
"Esa es la historia. Murió como había predicho.

El juez de instrucción guardó silencio, suspiró y añadió:
-¿Puede explicarme de qué murió? Le doy mi palabra de que no se trata de una invención, sino de un hecho real.
Sin dejar de reflexionar el médico levantó la mirada al cielo.
-Habría que haber hacho la autopsia -dijo.
-¿Para qué?
-Para saber la causa de la muerte. La predicción no fue la causa de su fallecimiento. Lo más probable es que se envenenara.
El juez se volvió hacia el médico con gesto brusco y, entornando los ojos , preguntó:
-¿En qué se basa usted para decir eso?
-No es más que una suposición. ¿Se llevaba bien con el marido?
-Hum...No del todo. Los malentendidos comenzaron poco después de la boda. Se dio un cúmulo de circunstancias desdichadas. Un día la difunta sorprendió a su marido con otra mujer...Por lo demás, no tardó en perdonarlo.
-¿Y qué fue antes, la traición del marido o la aparición de la idea de la muerte?
El juez se quedó mirando fijamente al médico, como deseando adivinar por qué le había formulado tal pregunta.
-Permítame -respondió al cabo de un rato-.Permítame, déjeme recordar -el juez se quitó el sombrero y se secó la frente-. Sí, sí...empezó a hablar de la muerte poco después de ese incidente. Sí, si.
-Bueno, ya lo ve...Lo más probable es que en ese momento tomara la decisión de envenenarse, pero seguramente no quería acabar también con la criatura, de modo que decidió aplazar el suicidio hasta después del parto.
-No sé, no sé...Es imposible. Ella le perdonó enseguida.
- Si no tardó en perdonarle es que estaba tramando algo. Las esposas jóvenes no perdonan tan deprisa.
El juez esbozó una sonrisa forzada y, tratando de ocultar su turbación, por lo demás evidente, se puso a encender un cigarrillo.
No sé, no sé...-continuó-.Nunca se me había pasado por la cabeza esa posibilidad...Además...el hombre no era tan culpable como parece...La había engañado de una forma extraña, contra su voluntad:una noche volvió a casa algo achispado, tenía ganas de acariciar a alguien y su mujer estaba en estado...Entonces salió a su encuentro una dama que había llegado para pasar tres días con ellos, el diablo se la lleve; era una mujer insignificante, estúpida, fea. Ni siquiera se le puede dar a eso el nombre de infidelidad. La esposa lo entendió así y...no tardó en perdonarle; luego, ni siquiera hablaron del tema...
-La gente no se muere sin causa -dijo el médico.
-Así es, en efecto,pero de todos modos...no puedo permitir que se envenenara. Sin embargo, ¡es extraño que no se me haya pasado por la cabeza esa posibilidad...! ¡Y nadie pensó en ello! Todos estaban sorprendidos de que su predicción se hubiera cumplido...y no se tuvo en cuenta ninguna otra causa...Pero ¡es imposible que se envenenara! ¡No!

El juez se quedó pensativo. La idea de la extraña muerte de esa mujer no le abandonó ni siquiera durante la autopsia. Mientras escribía lo que le dictaba el médico, movía las cejas con aire sombrío y se secaba la frente.
-¿Acaso existen venenos que maten en un cuarto de hora, poco a poco, sin causar dolor? -preguntó al medico, mientras este abría el cráneo.
-Sí. La morfina por ejemplo.
-Hum...Es extraño...Recuerdo que tenía algún producto de ese tipo...¡Pero no puede ser!
Durante el camino de regreso el juez de instrucción parecía fatigado, se mordisqueaba con aire nervioso el bigote y hablaba con desgana.
-Vamos un rato a pie -le pidió al médico-. Estoy harto de ir sentado.
Al cabo de unos cien pasos al médico le pareció que su compañero tenía un aspecto tan cansado como si acabara de escalar una elevada cumbre. El juez se detuvo y, mirando al médico con ojos extraños, como de borracho, dijo:
-Dios mío, si su suposición fuese cierta, pero eso...¿es algo cruel, inhumano! ¡Envenenarse para castigar a otra persona! ¿Tan grande era la falta? ¡Ah, Dios mío! ¿Y por qué me ha regalado usted esa maldita idea doctor? -presa de la desesperación, el juez se cogió la cabeza con las manos y continuó-. Lo que le he contado se refería a mi propia esposa y a mí mismo. ¡Ah, Dios mío! Bueno, era culpable, la había ofendido, pero ¿ acaso es más fácil morir que perdonar? Es una lógica típicamente femenina, una lógica cruel, implacable. ¡Sí, ya era cruel en vida! ¡Ahora lo recuerdo! ¿Ahora lo entiendo todo!
                                 
Mientras hablaba, el juez tan pronto se encogía de hombros como se llevaba las manos a la cabeza; ora se sentaba en el coche, ora echaba a andar. La nueva idea que le había comunicado el médico parecía haberle aturdido, envenenado; estaba desconcertado, anulado física y moralmente; cuando llegaron a la ciudad, se despidió del médico y no quiso almorzar con él, aunque la víspera se lo había prometido./ 1887
                                                                                               



Antón Chéjov, Cuentos, Alba, 2004. (Victor Gallego Ballestero, Edición y traducción,)

17 septiembre, 2017

Kerry James Marshall pintura y más







Kerry James Marshall (Birmingham, Alabama, 1955) es un artista   en cierto sentido popular pero también respetado dentro del mundo del arte.En 2014 expuso en Madrid en el Museo Reina Sofía. El título de la muestra:  "Pintura y otras cosas" se podía entender en varios sentidos: distintos soportes, géneros,técnicas  etc, y también como alusión  a  una pintura que va más allá de la pintura,  reivindicativa, con  temas de política racial, emancipación social y representación cultural de los ciudadanos afroamericanos en Estados Unidos.                                       
                                                
                                     






                                 
                                                                                  











En una  entrevista reciente Marshall confesaba su fascinación desde la infancia por los museos y por  los grandes maestros, Picasso, Goya, Zurbarán, Velázquez, el Greco...,  estudiados y enseñados en sus clases como profesor de arte. Una formación rigurosa  que contribuye   a la  solidez plástica y la garra visual  que emerge de  su obra y llega al espectador.

Vivir tempranamente  los problemas  raciales  y la lucha por los derechos civiles ( la familia se había trasladado a Los Ángeles y Marshall tenía diez años cuando se produjeron los gravísimos disturbios de Watts) le sensibilizaron  sobre los problemas sociales de la comunidad afroamericana, y su persistencia le convirtieron en un  pintor realista  que busca otro canon de imágenes que junto al tradicional de preeminencia blanca contribuya  a generar nuevas referencias.

No es el primer artista afroamericano de talento que busca transformaciones sociales a través del arte:  Jacob Lawrence (Atlantic City, Nueva Jersey, 1917-Seattle,2000) en los años treinta y cuarenta realizó una obra poderosa con un claro compromiso social. Robert Hughes ,en Visiones de América, recuerda una serie de  60 pinturas, La migración del negro, en las que Lawrence, dejó constancia de un episodio  histórico de dimensiones épicas apenas estudiado: la migración de la población negra desde el sur rural al norte industrial  en las primeras décadas del siglo XX; un éxodo  poco conocido llevado a cabo por  más de un millón de personas . Para expresar lo que sentía  Lawrence no quiso utilizar las imágenes idealizadas, falsamente primitivas, que la cultura popular blanca utilizaba para representar el mundo de los negros; llevó a cabo  una reflexión radical sobre la negritud (blackness) hasta lograr  con recursos poco convencionales un  estilo   cargado de energía plástica. 

En la misma dirección también Kerry James Marshall   se centra en  la blackness, "lo negro", dice él,  para desarrollar una obra  de implicaciones culturales, estéticas y políticas que pretende alcanzar a la sociedad en que vive.


                                            

06 agosto, 2017

Lucia Berlin hechicera y mágica


       


LUCIA BERLIN transformó su experiencia en literatura, condensándola   en  76 relatos notables por su vigor narrativo,ingenio,fogonazos de lirismo y melancólico humor. 
Alfaguara-en Manual para mujeres de la limpieza- edita 43 de ellos  entre los que se encuentra Melina.


Melina


En Albuquerque, al caer la tarde, mi marido Rex iba a sus clases en la universidad o a su taller de escultura. Yo solía sacar al bebé, Ben, a dar largos paseos con el cochecito. En lo alto de la colina, en una calle frondosa con olmos a ambos lados, estaba la casa de Clyde Tingley. Siempre pasábamos por delante de aquella casa. Clyde Tingley era un millonario que donaba todo su dinero a los hospitales infantiles del estado. Me gustaba ir por allí porque siempre, no sólo en Navidad, había guirnaldas de luces en los aleros del porche y en los árboles. Las encendía justo al anochecer, cuando normalmente volvíamos del paseo. A veces lo veía en su silla de ruedas en el porche, un viejecito flacucho que nos saludaba de lejos. "Buenas", o "Qué preciosa noche", cuando pasábamos. Una vez , sin embargo, me gritó:
-¡Espere, espere! ¡Ese niño tiene un problema en los pies! Debe hacérselo mirar.
Eché un vistazo a los pies de Ben, que estaban perfectamente. 
-No, es porque ya está demasiado grande para la sillita. Encoge los pies torcidos para no arrastrarlos por el suelo.
Ben era tan listo...Ni siquiera hablaba todavía, pero pareció entender. Apoyó con firmeza los pies en el suelo, como para demostrarle al viejo que no había de qué preocuparse.
-Las madres nunca quieren reconocer que hay un problema. Hágame caso y llévelo al médico.
Justo en ese momento se acercaba un hombre vestido de negro por la calle. Ya entonces era raro ver alguien caminado, así que fue una sorpresa. Se agachó en la acera y sujetó los pies de Ben con ambas manos. Llevaba la correa de un saxofón colgada del cuello y Ben se la agarró.
-No, señor, los pies del chico son perfectamente normales -dijo.
-Bueno, me alegra oírlo -contestó Clyde Tingley desde arriba.
-Gracias de todos modos, le dije.
Me quedé hablando con el hombre de negro, y luego nos acompañó a casa. Eso ocurrió en 1956. Fue el primer bohemio que conocí. No había visto a nadie como él en Albuquerque. Judío, con acento de Brooklyn. Pelo largo y barba, gafas oscuras; pero no parecía siniestro. A Ben le cayó bien de entrada. Se llamaba Beau. Era poeta y músico, tocaba el saxo. Fue más tarde cuando averigüé que la correa del cuello era para el saxofón.

Nos hicimos amigos nada más conocernos. Beau jugó con Ben mientras yo preparaba té frío. Cuando acosté e Ben nos quedamos hablando en los escalones del porche hasta que Rex volvió a casa. Los dos hombres fueron correctos pero no se cayeron demasiado bien, saltaba a la vista. Rex estudiaba en la universidad.Éramos muy pobres en aquella época, pero Rex parecía más mayor, más confiado. Cierto aire de triunfo, quizá con un punto de soberbia. Beau actuaba como si nada le importara mucho, aunque yo ya me había dado cuenta de que no era verdad. Cuando se fue, Rex dijo que no le gustaba la idea de que me dedicara a traer a casa músicos descarriados.
Beau estaba volviendo en autostop a Nueva York, a la Gran Manzana,después de seis meses en San Francisco. Se alojaba en casa  de unos amigos, pero trabajaba todo el día, así que los cuatro días que se quedó allí vino a vernos a Ben y a mí.
Beau necesitaba hablar. Y para mí era estupendo escuchar a alguien, más allá de las cuatro palabras que decía Ben, así que me alegraba verlo. Además, hablaba de amor. Se había enamorado. A mí no me cabía duda de que Rex me quería, de que éramos felices y que viviríamos felices juntos, pero no estaba locamente enamorado de mí como Beau lo estaba de Melina.
En San Francisco,Beau había trabajado vendiendo bocadillos con un carrito de comidas, además de café, repostería y refrescos, que trajinaba de un lado a otro por las distintas plantas de un coloso de oficinas. Un día entró en el despacho de una compañía de seguros y vio a una mujer. Era Melina. Estaba archivando documentos, aunque no realmente, porque miraba por la ventana con una sonrisa soñadora. Tenía el pelo largo y rubio teñido, y llevaba un vestido negro. Era muy menuda y delgada. Pero fue su piel, dijo Beau. Más que una persona, Melina parecía una criatura de seda blanca, de vidrio opalino.  


Beau no supo que le sucedía.Dejó el carrito y a los clientes y cruzó una pequeña puerta hasta donde estaba ella. Le dijo que la amaba. Te deseo, le dijo.Conseguiré la llave del baño. Vamos.Sólo serán cinco minutos. Melina lo miró y dijo:ahora voy.
Entonces yo era muy joven. Me pareció la historia más romántica que había oído nunca.

Melina estaba casada y tenía una hijita de un año más o menos. La edad de Ben. Su marido era trompetista, y estuvo de gira los dos meses que Beau pasó con ella. Vivieron una aventura apasionada, y justo antes de que su marido volviera Melina le dijo a Beau: "Es hora de que sigas tu camino". Así que se marchó.
Beau dijo que era imposible no obedecerla, que no solo lo hechizaba a él o a su marido, sino a cualquier hombre que la conociera. No había lugar para los celos, dijo, porque parecía completamente natural que cualquier otro hombre la amara.
Por ejemplo...el bebé ni siquiera era de su marido. Durante un tiempo habían vivido en El Paso. Melina trabajó en Piggly Wiggly envasando carne y pollos y envolviéndolos en plástico. Detrás de una mampara transparente, con uno de esos ridículos gorros de papel. Y aún así, aquel torero mexicano que había entrado a comprar unos filetes la vio. Aporreó el mostrador y llamó al timbre, le insistió al carnicero que tenía que ver a la mujer que envasaba la carne. La obligó a marcharse del trabajo. Así es como te afectaba, dijo Beau. Necesitabas estar cerca de ella inmediatamente.

Unos meses más tarde Melina se dio cuenta de que estaba embarazada. Loca de alegría, se lo contó a su marido. Él se puso hecho una furia. No puede ser, dijo,me hice una vasectomía. ¿Qué? Melina se indignó. ¿Y te casaste conmigo sin decírmelo? Lo echó de casa a patadas, cambió las cerraduras. Él le mandó flores, le escribió cartas apasionadas. Durmió delante de la puerta hasta que al final lo perdonó.

Melina cosía la ropa de la familia. Había tapizado con tela todas las habitaciones del apartamento. En el suelo había colchones y almohadas, podías ir gateando como un bebé de carpa en carpa. a la luz de las velas día y noche nunca sabías qué hora era.
Beau me lo contó todo  sobre Melina. Que su infancia transcurrió en varias casas de acogida, que a los trece años se escapó. Fue bailarina en un bar de alterne (no estoy segura de lo que significa eso) y su marido la había rescatado de una situación muy fea. Es dura, dijo Beau, y malhablada, y sin embargo sus ojos, su tacto, son los de una criatura angelical. Ella fue el ángel que entró en  mi vida sin avisar y me condenó para siempre...Se ponía muy dramático, y a veces incluso lloraba desconsolado, pero a mí me encantaba que me hablara de ella, me habría gustado ser como ella. Dura, misteriosa, bella.

Me dio pena que Beau se marchara.También él fue como un ángel en  mi vida. Después de conocerlo me di cuenta de qué poco hablaba Rex conmigo o con Ben. Me sentí tan sola que incluso pensé en convertir nuestras habitaciones en carpas.

Unos años más tarde estaba casada con otro hombre, un pianista de jazz que se llamaba David. Era un buen hombre, pero también callado. No sé por qué me casé con esos tipos callados, cuando a mí lo que más me gusta en el mundo es hablar. Teníamos muchos amigos, eso sí. Los músicos que pasaban por la ciudad se quedaban en casa y mientras los hombres tocaban, las mujeres cocinábamos y charlábamos y nos tumbábamos en el césped a jugar con los niños.
Intentar que David me contara cómo era de pequeño, o me hablara de su primera novia, de cualquier cosa, era como arrancarle una muela. Sabía que había vivido con una mujer, una pintora muy guapa, durante cinco años, pero no quería hablarme de ella. Eh, le dije, yo te he contado mi vida, explícame algo sobre ti, dime cuándo te enamoraste por primera vez...Se echó a reír, pero al final me lo contó. Eso es fácil, me dijo.

Fue de una mujer que vivía con su mejor amigo, un contrabajista, Ernie Jones. En el valle del sur de la ciudad, junto al canal de riego. Una vez David había ido a ver a Ernie y, como no lo encontró en casa, bajó al canal.
Ella estaba tomando el sol,desnuda y blanca sobre la hierba verde. Para protegerse los ojos llevaba esas blondas de papel que ponen en los platitos de los helados.
-¿Y? ¿Ya está?- dije tratando de sonsacarle más.
-Bueno, sí.Ya está. Me enamoré.
-Pero ¿y ella cómo era?                                 
-No parecía de este mundo. Una vez Ernie y yo nos habíamos echado junto al canal, hablando, fumando hierba. Estábamos hechos polvo porque a ninguno de los dos nos salía trabajo.Vivíamos con lo que ganaba ella, haciendo de camarera. Un día trabajó en un banquete y se llevó todas las flores a casa. Había tantas como para llenar una habitación, pero lo que hizo fue cargarlas río arriba y echarlas al canal. Así que Ernie y yo estábamos allí, cabizbajos en la orilla mirando el agua turbia, y de pronto millones de flores pasaron flotando. Ella trajo comida y vino, incluso cubiertos y manteles que colocó en la hierba.
-Entonces. ¿hiciste el amor con ella?
-No. Ni siquiera llegué a hablar con ella nunca, al menos a solas.Simplemente la recuerdo ahí, estirada en el la hierba.
-Hum -dije, complacida por los detalles y la mirada bobalicona que puso. Me encantaba el romance en cualquiera de sus formas.
                                         
Nos mudamos a Santa Fe, donde David tocaba el piano en Claude's. Pasaron un montón de buenos músicos por allí esos años, y actuaban una o dos noches como invitados del trío de David. Una vez vino un trompetista realmente bueno, Paco Durán. A David le gustaba tocar con él, y me preguntó si me parecía bien que Paco y su mujer y su hijo se quedaran en casa una semana. Claro, dije, será estupendo.

Y lo fue. Paco era un músico fabuloso. David y él tocaban toda la noche en el club y también el día entero en casa. La mujer de Paco, Melina, era exótica y divertida. Hablaban y se comportaban como los músicos de jazz de Los Ángeles. A nuestra casa la llamaban "la choza", y decían "¿lo pillas?" o "fetén". Su hijita y Ben se lo pasaban en grande juntos, aunque estaban en esa edad en que lo tocan todo. Intentamos meterlos en un parquecito, pero ninguno de los dos consentía quedarse allí. A Melina se le ocurrió que lo mejor era dejarlos a su aire y meternos nosotras en el parquecito, con nuestro café y nuestros ceniceros a salvo. Así que eso hicimos, sentarnos dentro mientras los niños sacaban libros de las estanterías. Ella estaba hablándome de Las Vegas, pero hacía que sonara a otro planeta. Mientras la escuchaba me di cuenta, no solo al mirarla sino rodeada por el aura de su belleza, de que era la Melina de Beau. 

Curiosamente, sin embargo, no fui capaz de contárselo. No pude decirle:Eh, eres tan guapa y extravagante que tienes que ser la mujer por la que  Beau perdió la cabeza. Aun así pensé en Beau y lo añoré, deseé que las cosas le fueran bien.

Melina y yo preparábamos la cena y luego los hombres se iban a trabajar. Bañábamos a los niños y salíamos al porche de atrás, fumábamos y tomábamos café, hablábamos de zapatos. Hablábamos de todos los zapatos que habían marcado nuestra vida. Los primeros mocasines, los primeros tacones altos. Plataformas plateadas. Botas que habíamos tenido. Manoletinas perfectas. Sandalias hechas a mano. Huaraches. Tacones de aguja. Mientras hablábamos, nuestros pies delcalzos se retorcían en la hierba verde y húmeda junto al porche. Ella llevaba las uñas pintadas de negro.

Me preguntó cuál era mi signo del zodiaco. Normalmente el horóscopo me irritaba, pero dejé que me revelara todos los detalles de mi personalidad Escorpio y creí hasta la última palabra. Entonces le dije que sabía leer las líneas de la mano, un poco, y estudié las suyas. Había oscurecido, así que fui a buscar una lámpara de queroseno y la puse en los escalones entre las dos. Sostuve sus manos blancas a la luz de la lámpara y de la luna, y recordé lo que Beau había dicho de su piel. Era como tocar vidrio frío, plata.

Me sé el manual de quiromancia de Cheiro de memoria. He leído cientos de manos. Si digo esto es para que quede claro que realmente mencioné las cosas que veía en las líneas y los resaltos de sus manos. Pero más que nada le dije todo lo que Beau me había contado de ella.

Me da vergüenza reconocer por qué lo hice. Estaba celosa de ella. Era tan deslumbrante...No es que hiciera nada en especial, deslumbraba por ser como era. Yo sólo quería impresionarla.

Le  conté la historia de su vida. Le hablé de los terribles padres adoptivos, de cómo la protegió Paco. Dije cosas como :"Veo a un hombre. Un hombre atractivo. Peligro. Tú no estás en peligro, es él quien lo está. ¿Un piloto de carreras, un torero, quizá?".Joder, dijo ella, nadie sabía lo del torero.
Beau me había contado que una vez le acarició el pelo y le dijo: "Todo irá bien...", y ella se echó a llorar. Le dije que ella nunca lloraba, jamás, ni siquiera cuando estaba triste o furiosa, pero que si alguien la trataba con ternura y le acariciaba el pelo, y le decía que no se preocupara, quizá eso le haría llorar.

Prefiero no contar nada más. Me da vergüenza. sólo diré que mis palabras tuvieron exactamente el efecto deseado. Se quedo allí sentada, mirándose sus preciosas manos y susurró:"Eres una hechicera. Eres mágica".
Pasamos una semana maravillosa. Fuimos juntos a los bailes criollos y subimos hasta el parque nacional de Bandelier y el pueblo de Acoma. Nos sentamos en las cuevas rupestres de Sandía. Nos sumergimos en los baños termales cerca de Taos y fuimos al santuario de Chimayó. Un par de noches incluso pagamos a una niñera para que Melina y yo pudiéramos ir al club. La música fue formidable.
-Me lo he pasado estupendamente esta semana -le dije.
-Yo siempre me lo paso estupendamente -dijo ella, sin más.

La casa se quedó muy silenciosa cuando se marcharon. Me desperté, como de costumbre, cuando David volvió a casa. Estuve a punto de confesarle la farsa de la quiromancia, me alegro de no haberlo hecho.Estábamos tumbados en la cama a oscuras cuando me dijo:
-Era ella.
-¿Quién?
-Melina. Ella era la mujer desnuda de la hierba.

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16 julio, 2017

BUKOWSKI Bilingüe



En  2014  los libros más robados en EE.UU., fueron  los de  Charles Bukowski, tanto los libros en prosa como, más llamativo, sus libros de poesía. No se tienen datos posteriores.

"as long as there are/human beings about/there is never going to be/any peace/for any individual/upon this earth (or/anywhere else/they might/escape to.)" 
"mientras siga habiendo/seres humanos por ahí/no podrá jamás estar/ en paz/ningún individuo/sobre la tierra (ni/ en ningún otro sitio/ al que pudiera/escapar)".

                                                                       

millonaires

you
no faces
no faces
at all
laughing at nothing-
let me tell you
I have drunk in skid row rooms with
imbecile winos
whose cause was better
whose eyes still held some light
whose voices retained some sensibility,
and when the morning came
we were sick but nor ill,
poor but not deluded,
and we stretched in our beds and rose
in the late afternoons
like millionaires.
millonarios/vosotros/ los sin rostro/ sin rostro/ ninguno/ que os reís de nada-/ dejadme que os diga/ que he bebido en cuartuchos de arrabal con/ borrachines imbéciles/ cuya causa era mejor/cuyos ojos conservaban todavía algo de luz/ cuyas voces retenían cierta sensibilidad/ y cuando amanecía/ nos sentíamos mal pero no enfermos,/ pobres pero no engañados,/ y nos estirábamos en la cama y nos levantábamos a media tarde/ como millonarios. 


one for Sherwood Anderson

sometimes I forget about him and his peculiar
innocence, almost idiotic,awkward and mawkish,
he liked walking over bridges and through cornfields.
tonight I think about him, they way the lines were,
one felt space between his lines, air
and the told it so the lines, remained
carver there
something like van Gogh.
he took his time
looking about
sometimes running to save something
leaving everything to save something,
then at other times giving it all away.
he didn't understand Hemingway's neon tattoo,
found Faulkner much too clever.
he was a midwestern hick
he took his time
he was as far away from Fitzgerald as he was
from Paris.
he told stories and left the meaning open
and sometimes he told meaningless stories
because that was the way it was.
he told the same story again and again
and he never wrote a story that was unreadable.
and nobody ever talks about his life or
his death.
uno para Sherwood Anderson//a veces me olvido de él y su peculiar/ inocencia, casi idiota, torpe y empalagoso,/ le gustaba cruzar puentes y atravesar trigales,/ uno sentía espacio entre sus frases, aire/ y relataba de tal modo que las frases se quedaban/ grabadas/ algo así como van Gogh./se tomaba su tiempo/ para mirar lo que le rodeaba/ a veces corría a salvar algo,/ y otras veces lo regalaba todo./ no entendía el tatuaje de neón de Hemingway,/Faulkner le parecía demasiado listo./era un paleto del Medio Oeste/ se tomaba su tiempo./ estaba tan lejos de Fitzgerald como lo estaba/ de París./contaba historias y dejaba el significado abierto/ y a veces contaba historias insignificantes/ porque así es como era./ contó la misma historia una y otra vez/ y nunca escribió una historia intragable./ y nadie habla nunca de su vida ni de/ su muerte.
                 
there

the conterfielder
turns
rushes back
reaches up his glove
and
snares the
ball,
we are all him for
that moment, 
sucking the air
into our
gut.
as the crowd roars like
crazy
we rifle the ball back
through the
miraculous
air.
ahí//el centrocampista/ se gira/ vuelve a la carrera/ alza el guante/y/ atrapa la/ pelota,/todos somos él en/ ese momento,/ cogiendo aire/ hasta el/ estómago./mientras el público ruge como/ loco/ lanzamos la pelota otra vez/ por el/ aire/ milagroso.

a great writer

a great writer remains in bed
shades down
doesn't want to see anyone
doesn't want to write anymore
doesn't want to try anymore, 
the editors and publishers wonder:
some say he's insane
some say he's dead;
his wife now answers all the mail: 
"...he does not wish to..."
and some others evens walk up and down
outside his house,
look at the pulled-down
shades
some even go up and ring the
bell.
nobody answers.
the great writer does not want to be
disturbed. perhaps the great writer is not
in? perhaps the great writer has gone
away?

but they all want to know the truth,
to hear his voice, to be told some good
reason for it all.

if he has a reason
he does not, reveal it.
perhaps there isn't any
reason?

strange and disturbing arrangements are
made; his books and paintings are quietly
auctioned off;
no new work has appeared now for
years.

yet his public won't accept his
silence-
if he is dead
they want to know, if he is
insane they want to know, if he has a
reason, please tell us!

they walk past his house
write letters
ring the bell
they cannot understand and will not
accept
the way things are.

I rather like
it.
un gran escritor//un gran escritor se queda en la cama/ con las persianas bajadas/ no quiere ver a nadie/ no quiere escribir más/ no quiere intentarlo ya más;/ críticos y editores especulan: unos dicen que está loco/ otros dicen que está muerto;/ su mujer atiende ahora la correspondencia:/"...él no desea que..."/ y otros hasta se pasean por/ delante de su casa, / miran las persianas/ bajadas;/ los hay incluso que llegan a tocar el/ timbre./ nadie contesta./ el gran escritor no quiere lo/ molesten.¿será que el gran escritor no está/ en casa? ¿será que el gran escritor se ha/ marchado?//pero todos quieren saber la verdad,/ oír su voz, que les de una buena/ razón para todo esto.// si tiene alguna razón/ no la revela./¿será que no hay ninguna/ razón?//se hacen extrañas y turbadoras/ componendas; sus libros y cuadros salen a / discreta subasta;/ no ha aparecido obra nueva desde hace/ años.//más su público no acepta el/ silencio-/si está muerto/ quieren saberlo; si existe alguna/ razón, ¡que lo diga , por favor!//pasan por delante de su casa/ escriben cartas/ llaman al timbre/ no pueden entender y no van a/ aceptar/ las cosas como son.//yo lo disfruto/ bastante.


Charles Bukowski, The pleasures of the damned, poems 1951-1993,Harper Collins Publishers
(versión en español de Ciro Arbós, en la edición -no bilingüe- de Visor.)