19 febrero, 2016

Leonardo SCIASCIA y BORGES. Homenaje borgiano





EL INEXISTENTE BORGES





En cierto sentido -un sentido propiamente borgiano-Borges se lo ha buscado.Sus instancias al olvido, a la inexistencia, a la voluntad de ser olvidado, a no querer ser ya Borges, no podían, hasta cierto punto y con los aires que corren por el periodismo, sino generar la noticia de que Borges no existe. Así lo recoge Le Monde: "Según la revista argentina de derechas Cabildo, José Luis Borges no existe. En su último número la revista a firma que en realidad Borges ha sido creado enteramente por un grupo de escritores (Leopoldo Marechal, muerto, Adolfo Bioy Casares y Manuel Mujica Lainezque para dar vida a su personaje, han encontrado a un actor de segunda fila, Aquiles Scatamacchia. Y este actor, afirma el redactor de la revista, es el que encarna al inexistente Borges para la mass media. La impostura que habría sido descubierta por la Academia Real de Suecia encargada de la concesión del Nobel, ha impedido que el falso Borges fuera premiado, precisa la revista argentina, que hace un juego a lo Ajar sin saberlo. Pero ¿con qué finalidad?"

La expresión "hacer un juego a lo Ajar" se refiere al caso, clamoroso en Francia, de Romain Gary, cuyo suicidio ha revelado una broma -que no lo era para Gary- dirigida la la intelligentsia francesa: sirviéndose de un joven pariente, Paul Paulowitch, y asignándole el seudónimo de Emile Ajar, Gary había publicado cuatro libros que nadie había reconocido como suyos y que habían tenido -como si fuera de un nuevo escritor, de una brillante revelación- un gran éxito.A continuación hay que advertir cómo, en el suelto de Le Monde, este ilustre diario colabora, sin quererlo, en la inexistencia de Borges rebautizándolo José, en vez de dejarle el genuino nombre de Jorge con el que (presumiblemente en la parroquia de San Benito de Palermo, de donde le viene el nombre de Palermo al barrio de Buenos Aires, siempre recordado y amado por Borges)  fue bautizado y con el que es conocido. Y prestando atención a este pequeño lapsus, la pregunta que se hace Le Monde -¿con qué finalidad la revista argentina ha inventado ha inventado la inexistencia de Borges?- encuentra la respuesta que la propia revista no sabría dar (es evidente que sólo intenta crear un caso sensacionalista). Y es esta: la noticia de la inexistencia de Borges es una invención que está en el orden de las invenciones de Borges, fruto y perfeccionamiento del universo borgiano, del sistema. 

Y a cualquiera le puede sobrevenir la sospecha de que la invención de la inexistencia de Borges haya podido tener como autor al propio Borges: una especie de atajo inventado por él para conseguir anticipadamente la inexistencia. Si, en efecto, por un momento fingimos creer en la revelación de que Borges no existe y que sólo existe el actor Aquiles Scatamacchia (Aquiles Scatamacchia: ¡qué nombre de commedia dell'arte!) contratado por un grupo de escritores para representar el papel de un fantástico personaje llamado Borges, muchas de las cosas escritas y dichas por Borges adquieren sentido y valor de prueba. Y no sólo esto: de las cosas dichas se podría incluso extraer alguna frase y considerarla como "voz del pecho salida" a un Aquiles Scatamacchia en ocasiones cansado del papel de Borges al que ya está condenado. Es fácil siempre, sobre un cierto número de indicios, instruir proceso y sentencia: imaginémonos todo lo que Borges ha venido ofreciendo como prueba a favor de su propia existencia.

Hace muchos años definí a Borges como un teólogo ateo. Hay que añadir que es un teólogo que ha hacho confluir la teología en la estética, que en el problema estético ha absorbido y agotado el problema teológico, que ha convertido el "discurso sobre Dios" en un "discurso sobre la literatura". No es Dios quien ha creado el mundo, son los libros quienes lo crean. Y la creación es en acto:en magma, en caos. Todos los libros apuntan hacia "el" libro único, el absoluto. Mientras, los libros son como encrespados "accidentes" respecto a la "sustancia" en que con fluirán y que será el libro ("substantia sive deus": spinozianamente); y hasta que no ocurra la confluencia, la fusión, cada libro será susceptible de variaciones, de cambios -es decir, de aparecer distinto a cada época, a cada generación de lectores, a cada uno de los lectores y a cada relectura por parte de un mismo lector.

Un libro no es más que la suma de puntos de vista sobre el libro, de las interpretaciones. La suma de los libros, que comprende esos puntos de vista y esas interpretaciones, será el libro. Y entonces ¿qué importa que un hombre con el nombre de Jorge Luis Borges haya escrito diez o veinte o ninguno, si por otra parte no se sabe verdaderamente qué ha escrito?
Esperemos que igual ocurra con nosotros.



Leonardo Sciascia, Mata Hari en Palermo, Montesinos,1986