02 marzo, 2010

Valente, un poema a Silos & La cena de Emaús

.

El monasterio benedictino de Silos en la provincia de Burgos es románico, del siglo XII. Su interesante arquitectura es potenciada por la escultura del claustro, una de las más importantes del románico español.Los  capiteles de las columnas destacan por la  influencia oriental del diseño y la delicadeza de ejecución, pero son los relieves  de los ocho machones (las caras internas de los pilares que forman los ángulos) donde se alcanza una calidad insuperable en el  tratamiento de los temas y la  pureza  plástica de la ejecución.

José Ángel Valente en su poema define el lugar: la luz, el sol inmisericorde del verano y el hondo y escarpado desfiladero de la Yecla cortando vertiginosamente  las peñas en que se hunde el río. "El agrio son quebrado de los grajos"como música de fondo, completa y transmite la desolación de  paramera en que se encuentra el monasterio.

Entre los singulares relieves del claustro con escenas del Evangelio,   destaca por la ingenuidad y delicadeza con que está narrado y realizado el episodio evangélico de  Los discípulos de Emaús.


SILOS

Silos.
La luz.
La Yecla: el socavado
corazón de la piedra
o la ascensión del aire.

Arriba
el agrio son quebrado de los grajos.
Y en lo alto la tierra,
sola desde la altura,
capaz, enorme, terca, hasta lejos.

La extensión de la tierra.

La mano, la matriz, el silo, el hondo
clamor rojizo de la tierra oscura,
de la tierra solar.

Amenazada
raíz, jamás vencida,
bajo un sol de injusticia.

Pesa la luz. Gravita el eje ardiente
sobre el pecho del hombre,
sobre su sorda servidumbre
y el seco llanto de los siglos.
Silos.

José Ángel VALENTE



Camino de Emaús
- La historia está en el Evangelio de San Lucas: 24,13.Los discípulos una vez encontrado el sepulcro vacío van camino de Emaús, charlando apesadumbrados  y desconfiando de la resurrección de Cristo. Les alcanza otro caminante y hacen el camino juntos; al llegar al pueblo, el desconocido hace ademán de seguir, y los discípulos le ruegan se quede con ellos a cenar. En la cena cuando el desconocido parte el pan se dan cuenta de que es Él,Cristo resucitado que en seguida se desvanece ante sus atónitos ojos.

El escultor ha tomado un momento concreto, un instante menor , aquel en el que el desconocido continúa el camino y los discípulos tocándole en la espalda le invitan a quedarse; ha elegido un momento débil de la acción y al intensificarlo le ha cargado de una emoción especial. Cuando, en el siglo XVII, Caravaggio, Velázquez y Rembrandt retomen el tema no serán tan sutiles como el genial escultor anónimo de Silos: sus tres cuadros, inolvidables, representarán el momento culminante de la cena, aquel en que los discípulos se maravillan ante el prodigio al reconocer a Cristo.

Las figuras del relieve tienen unas proporciones alargadas que en pleno románico, y aunque se mantiene la perspectiva jerárquica en el mayor tamaño de Cristo, están menos adaptadas al marco de lo que había sido habitual;  estos detalles parecen indicar la cercanía del gótico. Es admirable  la concepción de la escena y la talla, del mármol, su casi transparencia, el misticismo que envuelve la imagen y su delicada belleza...; hay que retroceder hasta algunos  relieves griegos del periodo arcaico para encontrar una pureza semejante.

enlaces:
la-eva-de-gislebertus-de-autun