07 febrero, 2010

Nabokov: La Veneziana /vivir en un cuadro

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Es el fragmento de un relato de Vladimir Nabokov; un cuento perfecto por el tema, el ritmo, y la fluidez; por el bosquejo de personajes  y por la brillantez de ideas. Parte de un argumento bien tramado y sabiamente dosificado que atrapa al lector. Con  talento, Nabokov despliega imaginativas sugerencias para acercarse a la pintura y establecer con de ella un diálogo personal, aunque no exento de riesgos ...

Sebastiano del Piombo, (Sebastiano Luciani), Veneziana, 1512-13, 78 x 61 cm,Berlín (pulsar para aumentar todas las imágenes)

"La pintura era realmente soberbia. Luciani había retratado a la belleza veneciana de tres cuartos, de pie sobre un fondo negro y cálido. Un paño pintado de rosa ponía de relieve su cuello, sombreado y prominente, con pliegues extraordinariamente suaves debajo de la oreja, y la piel de lince gris que ribeteaba su esclavina de color rojo cereza parecía estar deslizándose del hombro izquierdo. Parecía estar a punto de ajustarse con los largos dedos de la mano derecha, extendidos de dos en dos, la piel que se le caía, pero se había quedado inmóvil, con sus ojos color de avellana, uniformemente oscuros, mirando algo, fija y lánguidamente, desde dentro del lienzo. Su mano izquierda, con finos plisados de batista blanca rodeándole la muñeca, sostenía una cesta de fruta amarilla; la estrecha parte superior de su tocado se destacaba por encima de su pelo color castaño oscuro. A la izquierda, interrumpía el fondo negro una larga abertura en ángulo recto que daba al aire del crepúsculo y al abismo, verde azulado de la tarde nubosa"...(...)
-"Espero que le haya gustado la joven veneciana de ese viejo calavera del Piombo- dijo McGore, lanzando a la oscuridad una bocanada de humo rosado.-Mucho -replicó Simpson, y añadió-: Pero por supuesto yo no entiendo mucho de pinturas.-A pesar de ello, le ha gustado -asintió McGore-. Estupendo. Ese es el primer paso para llegar a entender. En lo que a mí respecta, he de confesar que me he dedicado toda la vida a esto.-Da la impresión de ser una persona de carne y hueso -dijo Simpson pensativamente-. Basta para hacerle a uno creer esos cuentos misteriosos de retratos que cobran vida. Yo leí alguna vez que cierto rey, no recuerdo cuál, descendió de su lienzo y tan pronto como...-Eso son tonterías, por supuesto. Pero ocurre otro fenómeno a la inversa, por así decir.(...)

-Lo que ocurre es lo siguiente -continuó McGore pausadamente- .En lugar de invitar a una figura pintada a que salga de su marco, imaginémonos que alguien logra meterse en persona dentro del cuadro. Esto parece ridículo, ¿verdad? Y, sin embargo, yo lo he hecho muchas veces.He tenido la buena suerte de visitar todos los museos de arte de Europa, desde La Haya a San Petersburgo, desde Londres a Madrid. Cuando veía un cuadro que me gustaba de manera particular, me ponía directamente enfrente de él y concentraba todo el poder de mi voluntad en un solo pensamiento: meterme en el cuadro. Era una sensación misteriosa, no cabe duda. Me sentía como el apostol que está a punto de salir de su barca para atravesar la superficie del agua. Pero ¡qué indescriptible dicha me invadía después de hacerlo!Digamos que yo estaba frente a un lienzo de la Escuela Flamenca, con la Sagrada Familia en primer plano y el telón de fondo de un paisaje suave y límpido.
Hugo van der GOES. Tríptico Portinari, tabla central y detalle de la tabla lateral derecha.

Sabe usted el tipo de cuadro a que me refiero, con un sendero en zizag, como una blanca serpiente, y colinas verdes. Finalmente me decidía a sumergirme. Desataba las ataduras que me sujetaban a la realidad y entraba en la pintura. ¡Una sensación milagrosa! El frescor, el aire plácido impregnado de cera e incienso. Yo me convertía en un ser de carne y hueso en aquel cuadro y todo lo que me rodeaba cobraba vida. Las siluetas de los peregrinos del sendero empezaban a moverse. La Virgen María decía algo en lengua flamenca hablando con rapidez. El viento rizaba las flores acostumbradas. Las nubes se deslizaban...Pero el deleite no duró mucho. Empecé a sentir la sensación de que me iba congelando suavemente, formando una unidad con el lienzo,fundiéndome con una capa de óleo. Entonces cerré los ojos con fuerza, me impulsé con todas mis ganas y salté fuera del cuadro. Se oyó un suave plop, como cuando se saca el pie de un charco de barro. Entonces abrí los ojos y me encontré tendido en el suelo debajo de una pintura espléndida, pero sin vida.(...)
Rafael. Madonna de la diadema azul, 1510, ól/tabla, 68 x 44 cm. Louvre-

¿Se da usted cuenta -prosiguió, sacudiéndose de la ropa unas motas de ceniza- de que en sólo un instante más, el cuadro me habría succionado, metido dentro de él para siempre? Yo habría desaparecido en sus profundidades y vivido en su paisaje, o bien el terror me habría ido debilitando y, faltándome la fuerza suficiente para volver al mundo real o penetrar en una nueva dimensión, me habría convertido en una figura más del lienzo, como el anacronismo de que hablaba Frank. Sin embargo, a pesar del peligro he sucumbido a la tentación una y otra vez...¡Oh, amigo mío, me he enamorado de las Madonas! Recuerdo mi primer encaprichamiento...,una Madona con una corona azul celeste, obra del exquisito Rafael...Detrás e ella, a cierta distancia, dos hombres estaban de pie junto a una columna, charlando placidamente. Yo escuché su conversación sin que se dieran cuenta...Estaban hablando del valor de cierta daga..."


NABOKOV.V.:La Veneziana. Alianza Cien