14 abril, 2009

FRANCISCO BRINES a RAMÓN GAYA & VELÁZQUEZ

.


         Francisco Brines (Oliva, Valencia, 1932)
Los críticos coinciden en calificar de elegiaca su  poesía ,atravesada por el sentido de pérdida y centrada en el tiempo incansable en sus ritmos vitales, en ese hacerse y deshacerse continuo de las estaciones, de los años y de la vida. Lo expresa en poemas esenciales y hondos y en ellos cada término es una palabra viva.


Ramón Gaya (Murcia, 1910-Valencia,2005) En su larguísima vida cabe todo, la pintura, la escritura, su exilio tras la guerra civil, Francia, México, Italia...Siempre se mantuvo fiel a la figuración pero evolucionando por sustracción, quitando materia, como Miguel Ángel al bloque de mármol, hasta llegar a la esencia, a la sugerencia, como hizo Velázquez con el color;admira a los maestros antiguos (Rafel, Murillo...) pero por encima de todos a Velázquez y le rinde homenaje una y otra vez; con menos materia, con mayor levedad y ligereza y sin embargo con tanta  precisión expresiva...y a San Juan de la Cruz. Es un dibujante portentoso y un pintor refinadísimo lleno de mistério poético.




La tarde imaginada (A Ramón Gaya)


Si ahora pudiera ver las desnudas montañas de Oliva,
la exangüe luz cayendo entre sus piedras,
a sus pies los naranjos sombríos,
el aire azul en torno de la casa
y al frente el mar, muy pálido.
Estar mi cuerpo allí, sabiéndome aún vivo
y, por ello, feliz
o esperanza de serlo.

Escribo en esta tarde, con la luz de Madrid que cae en las
terrazas,
la tarde en que imagino que estoy allí, en la piedad de Elca,
o escribo para siempre desde la noche inmensa e impura
en que no me sé vivo.
Y desde ahí, tan árido,
porque mi mano, en el espectro del papel, enciende
vagamente palabras espectrales,
dar testimonio inútil
de que estuve en la vida afortunada
y tuve la experiencia de la felicidad.

Sólo porque en mis ojos las tardes, sucesivas, se acogieron,
como en las ramas paran los sucesivos pájaros,
puedo desde este hueco seco
hacer mover el aire en una tarde incierta,
ni siquiera extinguida, pues que fue imaginada,
y así resume todas las tardes de mi vida.

¿Y a mí, quien podría salvarme?
¿Tus ojos, que ahora crean mi tarde inexistente?
Lector, esfuérzate, y enciéndela:
está donde un olor de rosas te llega del camino.
Si existo es porque existes.

Tú repites mi vida, y no la reconozco.




francisco brines.: todos los rostros del pasado.Galaxia Gutenberg