03 abril, 2009

ANDRÉ MAUROIS / "Diario", 3 días de junio. Nueva York 1946...

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ANDRÉ MAUROIS, seudónimo de Émile Herzog, nació en Normandía en 1885 y murió en París en 1967. Su familia descendía de judíos alsacianos instalados en Normandía en una fecha tan significativa como 1871, la guerra franco-prusiana. Estudió en el Liceo de Ruán donde tuvo a Alain como profesor y posteriormente,  tras licenciarse en Letras, comenzó a trabajar en la fabrica de pañería familiar. 

Participó en la Primera Guerra Mundial y, antes de acabar ésta, en 1918 publicó Les silences du colonel Bramble,  el inicio de una  carrera literaria que  comprende novelas, obras históricas y biografías (Lord Byron, Turgueniev...).En 1940 huyendo de los nazis que ocupaban Francia, viajó a Estados Unidos. Allí permaneció hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. En esos años escribió este diario.

El Greco, h1590. ól/lz, 110 x 95 cm. Frick Collection.



Del 9 de marzo de 2009 es el post:
André Maurois, una página del "Diario" de 1946 en EE.UU., y una pregunta....

El texto de Maurois está lleno de emociones intensas  contenidas. Es domingo por la mañana y  se despide de los museos , tan visitados durante seis años ese mismo día de la semana, y en la Frick grababa en la retina , entre otros aspectos y obras, los "rojos" del Greco, los "amarillos" de Vermeer...  Son las últimas páginas del Diario, y en ellas palpita, aún, la realidad..La traducción ha quedado anticuada y la prosa pierde expresividad y brillo.

Las imágenes son las de la Frick Collection. De los 34 cuadros de Vermeer que quedan en el mundo, la Frick tiene tres, aunque con tonos amarillos sólo dos, los utilizados aquí.De la obra de el Greco, mucho más numerosa, hay dos "retratos", uno de un caballero contemporáneo (del Greco) y otro de San Jerónimo en tonos rojos.Los rojos que el Greco aprendió en Venecia,(en Creta no los utilizaba), su antinaturalismo los ha convertido en carmines,pero como cualquier cuadro del Greco ¡qué trozo de pintura!, puede que sean los rojos que admiran a Maurois.

Jan Vermeer.1658, ól/lz. Colletion Frick



10 DE JUNIO: Espero a Simone que debe llegar de París, a donde ha regresado hace siete meses y que acaba de preparar nuestra mudanza. En seis años, hemos acumulado aquí una aterradora cantidad de papeles, libros, revistas y también mil objetos que nos serán necesarios en Francia, para restaurar nuestra casa, maltratada por los alemanes. No puedo obtener de la compañía de aviación un dato preciso sobre la hora de llegada de mi mujer. "-Telefonee usted cada dos horas -me dicen".
Y paso una gran parte de la noche al aparato.

Jan Vermeer. h 1667. ól/lz. Collection Frick.

11 DE JUNIO: T.W.A.había terminado por decir:"A las siete, en Guardia Field".Naturalmente yo estaba allí desde las seis. Larga espera. Por fin el gran avión (un Constellation: Star of Cairo)se ha posado,y en seguida he divisado en uno de los tragaluces, a Simone. Dulzura del fin de una angustia. Pero no me han permitido hablarla. Los pasajeros descienden en un campo, todo rodeado de alambradas, y después siguen para entrar en la Aduana y en las oficinas de la Inmigración, un largo pasaje cubierto y cerrado por rejas. Sus familias les siguen desde el otro lado de las rejas y cambian señas con ellos. ¡Qué ternura en ciertas miradas! Hay allí una madre que vuelve a ver por primera vez a su hijo, que sale de un campo de concentración alemán y apenas puede andar. Como tantos, ha estado incomunicado hasta el momento en que ha sufrido el interrogatorio ritual.


Estamos acostumbrados a los milagros del avión, pero la rapidez de este viaje asombra, sin embargo. A bordo de la Désirade, Gerald había tardado más de tres semanas en atravesar el Atlántico. Simone desayunó ayer en París, cenó en Irlanda. Esta mañana le ha sido servido su "breakfast" en Terranova. Y hemos desayunado juntos en Nueva York. Si el Estado mundial es un fracaso, no será por dificultad en las comunicaciones.

Jan Vermeer (det.)

14 DE JUNIO: Después de tres días trabajando en la selección de papeles, en los embalajes, hablamos sin fin Simone y yo de lo que ha visto y oído. Dice que los sufrimientos de los franceses, y en particular de aquellos nuestros amigos y parientes judíos, han sido infinitamente más grandes que todo lo que se ha descrito aquí. En Nueva York se leían artículos, se veían films; se oían relatos, pero el contacto humano faltaba, y el efecto, dolorosamente acumulativo, de los terrores cotidianos.


"Cuando veía -me dice ella- familias que hemos conocido tan dichosas, todas enlutadas, algunas reducidas a un niño o a un viejo, me trastornaba...¿La vida material? Será difícil. Todo es caro y los impuestos agobiadores. Ciertamente no volveremos a encontrar entre nosotros el nivel de vida que hubiéramos podido conservar. Sin embargo me sentía muy feliz allá...No hay que lamentar tu larga ausencia: todo el mundo está de acuerdo en que si hubieses permanecido en Francia durante la ocupación, hubieras muerto hace mucho tiempo. Los alemanes fueron veinte veces a registrar la casa de mis padres en Perigord para ver si estabas oculto allí...Pero, prolongada, la ausencia es perjudicial. Se acaba por no comprender...En un mes en París, sabrás más que lo que de ello puedan decirte libros, periódicos y viajeros."




MAUROIS,A.: Diario. Colección Austral 1947




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